PUM!
viernes, 25 de junio de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Capítulo 21.
- Te has acabado la bolsa de patatas...
Suspiré y me hundí un poco más en mi asiento, mientras clavaba la vista en la pantalla de la televisión.
- Lo siento. - murmuré, no sin dejar ver mi decepcion. - ¿Quieres que vaya a por más?
Se encogió de hombros, por lo que yo, rápidamente, me levanté y me dirigí hacia su cocina, que ya conocía igual o mejor que la mía, y abrí un par de armarios hasta que encontré lo que buscaba. Alargué la mano hasta que logré bajar la bolsa plateada en la estantería más alta mientras pensaba. ¿Realmente Frank no se daba cuenta de mis verdaderas intenciones? Se me hacía prácticamente imposible de creer.
Volví con él. Se había recostado en el sofá, con los pies encima de la mesa, los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión de absoluta concentración mientras veía la película, de la cual no apartó la mirada hasta el momento en el que me senté dejándome caer a su lado pesadamente, y extendió la mano, reclamando la bolsa de patatas fritas que yo todavía sostenía. Aburrido, estiré el brazo para evitar que la alcanzara. Él se abalanzó sobre mí, para tratar de arrebatármelo.
En menos de una fracción de segundo, mi rostro y el de Frank quedaron separados únicamente por unos dos milímetros. Sus ojos, su mirada clavada en la mía, verde, fría. Noté como me miraba, casi asustado, mientras el tiempo pasaba. Uno, dos, tres segundos. Al cuarto, caí. Sin ni siquiera pensarlo un segundo, me encontré besando a Frank, aunque con una timidez bastante extraña en mí, que se convirtió en una mezcla de miedo y decepción cuando se separó de mí bruscamente.
- ¿Frank? - pregunté. Empezaba a enfadarme. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué se comportaba así?
- Gerard, de verdad... Lo siento. No puedo. No puedo...
- ¿No puedes?
- No... - La angustia se reflejaba claramente en su voz.
Me levanté brusca y agresivamente. Comencé a caminar por la habitación.
- ¿Se puede saber por qué? - escupí.
Lo único de lo que tenía ganas en aquel momento era de romper algo, o de dar puñetazos. Tan solo la visión de Frank con la cabeza entre los brazos, y éstos apoyados sobre sus rodillas, me frenó de hacer algo de lo que seguramente me hubiera arrepentido durante mucho tiempo. Volví a sentarme a su lado, le rodeé con un brazo y con la voz más suave y tranquilizadora que pude le volví a preguntar.
- Solo quiero saber qué pasa, Frank. ¿Puedes explicármelo?
- Alicia. - fue su única respuesta.
¿Alicia? Tras tanto tiempo juntos, ¿su problema era Alicia? Hice todo lo posible por apaciguar la ira que crecía dentro de mí.
- Lo siento... Gerard... Lo siento pero... - sollozó. - Ella es... mi mejor amiga. Ella es todo lo que tenía hasta ahora. La persona que se encuentra en todos mis recuerdos de los últimos años. Yo te... te quiero, aunque me cueste admitirlo. Pero de alguna forma siento que no puedo hacerle esto. No puedo traicionar a la persona a la que he querido tanto tiempo...
Silencio.
Era incapaz de pronunciar una palabra.
Silencio incómodo, áspero, frío, mezclado con toda mi tristeza y mi enfado.
Silencio únicamente roto por el portazo que dí tras de mí al salir de casa de Frank, sin pensarlo, sin decir nada, sin mirar atrás.
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sábado, 10 de abril de 2010
20 ?
GERARD
Había estado cientos de veces antes en casa de Frank, conocía a su madre de sobra, era capaz de ir con los ojos vendados a cualquier lugar sin equivocarme y sin embargo, aquella vez me pareció diferente, porque no me estaba presentando en casa de Frank como “su amigo”, no, ahora era…era Gerard.
Su madre no estaba, un punto a mi favor; siempre me había sentido incómodo con su presencia, era una mujer un tanto extraña, pero sobre todo me sentía triste al verla, al darme cuenta de lo mal que lo tenía que haber pasado Frank durante toda su vida. Y más melancolía no era lo que yo necesitaba en esos momentos. Así pues sin presencia alguna en la casa, cerró mi amigo la puerta y se hizo de nuevo el silencio.
Después de la frase que me había soltado en medio de la calle, ERES MI AMOR QUIMICO, no podía dejar de pensar en ella. En darle vueltas a la cabeza y en tratar de entender lo que había detrás de aquellas palabras en apariencia un tanto vacías de significado.
-¿Qué te apetecería cenar G.?-la voz acompasada de Frank me hizo salir de mis propios pensamientos.
-Ehhh…pues, lo que a ti te apetezca, lo que tengas por ahí…
-Entonces… ¿Quieres manteca de cacahuete o por el contrario quieres deleitarte con estas patatas de bolsa?
Se me escapó una pequeña risa; Frank sabía cocinar perfectamente, desde pequeño había tenido que hacerlo, y a diferencia de mi, llegaba a casa y no buscaba en la alacena algún tipo de alimento-no-cocinable. Se preparaba un buen plato de macarrones con alguna salsa que solo encuentras en un restaurante italiano y de la que el podía presumir de saber hacer.
-Me parece que me conformo con eso-y de un saltó que me salió de dentro caminé hacia el salón, en el que había dado por supuesto pasaríamos el resto de nuestra…”velada”.
Sin preguntar si quiera, encendí la tele.
-¡FRAAANK!-grité-¿QUE PELÍCULA TE APETECE VER?
Frank llegó corriendo con una bolsa de patatas que tiró directamente al sofá y se arrodilló a mi lado desordenando todas las cintas de video que se pusieron en su camino, hasta que con un brillo de reconocimiento en la mirada encontró lo que buscaba.
-¡La isla de los muertos!-exclamó enseñándome una portada de un color verdoso extraño- Plagas, ancianas, dioses, vampiros y demonios… ¿No es perfecta? Con un poco de suerte saldrán vísceras y todo.
Tenía tal expresión de anhelo que fui incapaz de decirle que no podía haber elegido una película peor, era como decirle a un niño que Santa Claus no existía y ver su cara convertirse en una mueca desilusionada, con Frank igual.
-Me parece bien-sonó falso, pero mi amigo era demasiado cabezón como para fijarse y con una sonrisa arrebatadora metió la cinta en el aparato de video y se tiró sobre el sofá.
Lo miré un instante y luego me senté a su lado.
Abracé un cojín de un color rosa terrorífico y me puse a prestar atención a la pantalla de la cual salían unas imágenes…
Cuando llevábamos cinco minutos de película se me escapó un resoplido, que Frank interpretó como “Gerard, perdona, ¿Quieres patatas?”
Le sonreí un tanto falsamente pero accedí.
Deseaba con toda mi alma que hubiera algún momento en la película que me diera pie a iniciar algo con Frank, pero a menos que fuera comerle la cabeza o destriparle, me pareció que esa noche no conseguiría nada más.
-Gerard-la voz de Frank volvió a asustarme-Oye...
Le miré a los ojos y sentí el deseo de acariciarle y decirle lo mucho que le quería.
-¿Qué pasa Frank?-en cada una de las palabras dejé ver mi emoción contenida.
Se hizo un pequeño silencio.
-Te has acabado la bolsa de patatas-concluyó acabando en una graciosa carcajada.
SweetApocalyptic(L)
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viernes, 9 de abril de 2010
Capítulo 19 - No podemos dejar que toques con nosotros.
Frank
El garaje de Gerard era un local tanto oscuro como frío y tétrico, que nunca parecía estar iluminado del todo por más ventanas que abrieras y bombillas que encendieras. Montañas de trastos viejos se agrupaban en las esquinas de la sala, lo que no hacía más que acentuar la sensación de estar en el escenario de un asesinato en cualquiera de las películas de terror de serie B que había malgastado horas de mi vida viendo. En el mismo momento que puse un pie allí no tardé un segundo en darme cuenta de que era el lugar más perfecto que podía imaginar para ser nuestro local de ensayo. No solo por que era la casa de mi amigo y podríamos usarla el tiempo que quisieramos sin pagar absolutamente nada, sino porque aquel ambiente tenebroso y siniestro me inspiraba extrañamente. Me sentía capaz de componer la mejor canción que nadie hubiera escuchado jamás en ese sitio. El propio Gerard parecía un vampiro en su guarida allí dentro, mientras hablaba conmigo con voz animada de los últimos progresos que había hecho, tanto con la voz como con la guitarra, instrumento que había empezado a enseñarle a tocar hacía un par de semanas tras muchas súplicas por su parte.
A falta de un lugar mejor y pensando que un poco de suciedad a mis pantalones vaqueros recién lavados no les vendría nada mal, me senté el suelo y con infinito cuidado saqué a Pansy de su funda para colocarla sobre mí. La mirada atenta de Gerard me pedía que tocara algo, así que sin ningún tipo de idea en la cabeza improvisé un par de acordes. Antes de que me diera cuenta había compuesto una melodía completa, y tras un par de minutos Gerard se decidió a entonar un par de notas sobre la canción. Escucharle cantando siempre me daba ganas de llorar, pero mucho más aquella vez. Su voz reflejaba demasiada preocupación, tanta que tuve que detenerme.
- Gerard... ¿se puede saber que te pasa?
Él miró al suelo y escondió el rostro tras el flequillo negro que le caía por la frente.
- Gerard. - le llamé por segunda vez.
- Frank... - musitó. - Tu y yo... ¿Qué somos tu y yo?
La pregunta me desconcertó tanto que no supe que contestar, y como respuesta solo logré colocar una mano bajo su barbilla y acercarme a él todo lo lenta y suavemente que pude para besarle, controlando la sensación de frenesí que me invadía cada vez que rozaba su piel. Me respondió demasiado enérgicamente, como si fuera aquel beso lo único que necesitaba para confirmar la evidencia; que yo le necesitaba tanto como él a mí. Y tras el beso y con su mano jugueteando con la hebilla de mi pantalón y mis labios resbalando con ansiedad por su cuello, comenzamos otra vez aquel juego secreto y prohibido cuya existencia solo él y yo conocíamos. Y como prácticamente cada vez que habíamos jugado hasta entonces, la partida se vió interrumpida súbitamente por el sonido de los nudillos de Ray aporreando la puerta del garaje, que me hizo separarme de Gerard como si su tacto me quemara. Ambos nos miramos desconcertados, como si no hubieramos sido conscientes de lo que estabamos haciendo hasta el mismo momento en el que dejamos de hacerlo. Tratando de normalizar el ritmo de mi respiración, vi a Gerard levantarse e ir a recibir a nuestro amigo. La pregunta comenzó a resonar en mi cabeza. ¿Qué eramos él y yo?
Ray entró en la habitación dubitativo y nervioso por lo que sabía que debía hacer allí. Hailey también estaba con él, colgada de su brazo izquierdo y llevando a la espalda su guitarra, y por su expresión juraría que era su presencia lo único que le impedía echarse a correr y salir de aquel sitio. Gerard me había dicho que tenía un gran pánico escénico, lo cual no ayudaba para nada en lo que venía a ser tocar en un grupo, pero no perdíamos nada por escucharle tocar un rato... A pesar de que me sentía infinitamente molesto por el hecho de que nos hubiera interrumpido hacía escasos segundos.
Gerard y yo cruzamos un par de miradas cómplices mientras me lamentaba mentalmente de que Ray no hubiera llegado tan solo unos diez minutos más tarde. Hailey debió leernos el pensamiento, porque tras mirarnos fijamente a ambos, no pudo contener una risa nerviosa, y yo sentí que como me sonrojaba estúpidamente, con lo que solo conseguí que ella riera aún más. Perfecto. Otra que nos había pillado. Suspiré.
- Bueno, Ray - comenzó Gerard. - Cuando quieras.
Pocas veces me había sentido tan mal conmigo mismo como la primera vez que vi a Ray tocar. Y esque verle deslizando los dedos rápidamente y con aquella precisión imposible sobre el mástil de su guitarra de color negro brillante, que era como una prolongación de su propio cuerpo, me hizo dudar de si de verdad yo poseía la habilidad con mi instrumento que creía tener y de la que incluso había llegado a alardear. Su interpretación no duró demasiado rato y en su rostro se leía el pánico y la inquietud. Cuando acabó, dejó caer los brazos a ambos lados de los costados, aliviado, y preguntó.
- Bueno... ¿Qué tal?
- Bien. - contestó rápidamente Gerard, con un brillo en los ojos. - Muy bien, y eso que yo no tengo ni idea. ¿Frank?
Con mi autoestima por los suelos, contesté.
- No podemos dejarte que toques con nosotros... - comencé, y el cambio en las expresiones de todos me hizo reír interiormente. Mientras la cara de Ray se congelaba, Gerard me fulminó con una de sus miradas que decían algo así como, "¿te has vuelto loco?" y su rostro mezclaba la sorpresa y el desconcierto. La mejor fue Hailey, que tras haber observado a su novio sentada al lado de Gerard, con un más que evidente brillo de orgullo en los ojos, ahora me dedicaba una mirada que parecía querer asesinarme. Decidí continuar rápido, antes de que resultara herido. - Quiero decir... Más bien deberías dejarnos tú a nosotros tocar contigo. Joder, Ray, eres impresionante. No había visto a nadie tocar tan bien en mi vida.
Todos sonreímos, a la vez. Me pareció un buen principio para nuestro pequeño grupo, que esperaba que pronto se convirtiera en algo grande, muy, muy grande.
Lo que quedaba de tarde transcurrió con normalidad, sin nada digno de mención. La guitarra de nuestro nuevo componente, que por completa unanimidad decidimos que fuera la principal, y la mía se unían perfectamente, y él también tenía un talento innato para componer. Así que dedicamos el resto del tiempo a lo que sería nuestra primera canción. A la hora de irnos, tras despedirse, vimos a Ray pasar un brazo por la cintura de Hailey mientras se alejaban juntos, y Gerard y yo nos quedamos en una incómoda soledad.
- Bueno, tú hoy cenas en mi casa, Gerard. - le invité.
- La verdad es que estoy solo esta noche... Pero igualmente... No es necesario.
- Has estado todo el día soportándome. Creo que te mereces una buena cena, ¿no?
- Como quieras...
Comenzamos a andar en dirección a mi casa en absoluto silencio, escuchando el eco de nuestras pasos en la larga y solitaria calle. No me veía capaz de soportar aquello mucho tiempo.
- Sabes, Gerard... Sobre la pregunta de antes... - dije, en voz apenas audible.
- ¿Cuál? - preguntó, a pesar de que sabía de sobra a lo que me refería.
- Ya sabes... Sobre... Qué somos tu y yo. Creo que he encontrado la respuesta.
- Sorpréndeme, Frank.
- Tu... Tu eres mi amor químico.
Gerard sonrió.
Yuutsu
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jueves, 25 de marzo de 2010
Capítulo 18 - ELLA.
GERARD.
Trataba de pasar desapercibida, su expresión decía a gritos; no me mires, no me mires, no soy demasiado buena, no valgo para nada, tal vez por eso escondía su rostro tras una mata de cabello castaño, me identifiqué con ella sin embargo.
A veces es más fácil creer que los demás no te ven para poder alejarte, evadirte y soñar de una manera que, con los pies en la tierra no podrías hacer, y esa chica lo parecía entender a la perfección: En sus ojos soñadores del color de la miel se veían sus sueños que trataban con increíble fuerza salir a la superficie a través de esa barrera de inseguridad que los eclipsaba tornándolos de un color más oscuro del que realmente eran.
Me miró, un instante solo para poder darme cuenta de la tristeza que sentía, pero al mismo tiempo una extrema felicidad que le impedía que las lágrimas brotasen y empapasen sus mejillas adorablemente enrojecidas.
Se pasó la mano por el pelo, una manía sin duda, y los rizos definidos y de un castaño oscuro cayeron sobre sus hombros como una cascada de tirabuzones, salpicados de brillo y delicadeza.
Vestía de colores oscuros, todo en ella era triste, neutro. Pero detrás de esa normalidad había una gran potencia y eso lo descubrí cuando empezó a hablar.
-H...Hola, me llamo Hailey-su voz sonó insegura al principio, pero luego y con la fuerza que pronunció su salvaje nombre nos dio a entender que no podíamos jugar con ella, que si queríamos practicar la ley del más fuerte ella nos aplastaría como a diminutos insectos.
-Hola, yo soy Gerard-mi voz sonó amigable y ella me sonrió, con una sonrisa que se alejaba de la felicidad y se acercaba al conocimiento.
Aquella chica y con solo mirarme había leído en lo más hondo de mi corazón.
-Frank-se señaló mi amigo, y algo en su expresión me hizo preguntarme que se le estaría pasando por la cabeza.
Volvió a sonreír con entusiasmo y luego se giró hacia Ray.
-¿Les has preguntado ya lo del grupo?
La cara de Ray se volvió de un rojo intenso.
-Hailey…-parecía bastante apurado, mirándonos de reojo temeroso de nuestra reacción.
Me pase la mano por el pelo y durante un momento mi campo de visión se sorprendió positivamente aumentado.
-Ray…-me miró todavía avergonzado- ¿Cuándo te viene bien hacer la prueba?
Mi nuevo amigo sonrió aliviado.
SweetApocalyptic(L)
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martes, 16 de marzo de 2010
Capítulo XVII - Ella es...mi novia.
Frank
Cuando volvimos a la sala de estar, tanto Gerard como yo tratamos de hacer ver que no había sucedido nada, aunque algo en las miradas extrañadas de nuestros dos amigos, en la sonrisa imborrable que se había alojado en mi rostro y en las mejillas todavía sonrojadas de Gerard me hizo pensar que no lo habíamos logrado del todo. La tarde acabó sin mayor incidente y cuando yo tomé el rumbo contrario a Gerard y Bob para acompañar a Alicia, este último nos comunicó que celebraba otra fiesta en su casa ese fin de semana. Mientras me preguntaba si realmente a sus padres no les importaba que su casa se llenara de gente, alcohol y drogas una media de una vez a la semana, le dije que no me lo perdería por nada del mundo y eché a andar calle abajo de la mano de una persona a la que sentía haber traicionado.
Los remordimientos convivieron con la sensación de inmensa felicidad durante el resto de la semana, que transcurrió tan rápido como aquella última tarde en mi casa. No volví a quedarme a solas con Gerard ni en el fondo quise hacerlo; pensé que sería lo mejor hasta que definitivamente supiera que hacer. A mí me bastaba con tenerlo a mi lado aunque fuese en la postura de amigo, y tan solo mirar a Alicia, la persona a la que más había necesitado en los últimos meses y que comenzaba a alejar de mí lentamente, me quitaba las ganas de querer ir más allá. Pensándolo mejor, tal vez decir que no quería hacerlo no era correcto; más bién lo deseaba con todas mis fuerzas, pero tenía demasiado miedo de las consecuencias que podría traer.
El Viernes después de las clases me encontré en casa de Bob, rodeado de botellas de alcohol mientras le ayudaba a preparar todo para la noche. Los dos estábamos solos cuando pronunció las palabras que hicieron que se me cayera el mundo encima:
- ¿Vas a contarme qué tienes con Gerard, Frank? - escupió la pregunta de repente, cuando menos me lo esperaba.
- N-nada, ¿qué voy a tener...? - tartamudeé.
- No soy estúpido...Y a lo mejor a Alicia y a los demás se la cuelas, pero a mí no. No hay más que veros...
- ¿No hay más que vernos para qué? - le pregunté medio gritando, sin controlar mi tono de voz. ¿De verdad lo sabía todo?
- Mira, Frank, haced lo que queráis, pero no podeis seguir mintiéndonos a todos durante mucho tiempo. Sabes que no diré nada, pero si los demás se enteran por su cuenta...No creo que vaya a ser bueno.
- Joder, Bob...¿Puedes imaginarte lo dificil que es la situación para mí?
No contestó, y aprovechó que la gente comenzaba a llegar para escabullirse y evitarme. Yo tuve que resignarme a apartar el tema de mi mente por al menos unas horas y mezclarme entre la gente.
Un rato después reconoci la verde mirada de Gerard entre el gentío. Él también pareció verme, y vino a saludar.
- He traído a un amigo... - me comentó, mientras se revolvía el pelo hacia atrás, una de sus manías. - Frank, te presento a Ray.
- El famoso Frank - sonrió él. - ¡Hola!
Miré de arriba a abajo a aquella persona que no conocía. No podía decirse que presumiera de una gran belleza; tenía el pelo rizado, muy rizado, y parecía incluso más delgado de lo que era sano. Pero había algo en sus ojos que transmitía confianza y seguridad, y eso me gustó.
Los tres nos acomodamos en un sofá ligeramente alejados de la gente, cogimos algo de beber y charlamos un largo rato. Al final, Ray acabó cayéndome bien; también tocaba la guitarra, y por los comentarios de Gerard, con bastante habilidad, compartíamos los mismos gustos musicales...En definitiva, teníamos bastantes cosas en común.
Transcurrida una hora más o menos una chica que tampoco conocía se acercó a donde nosotros estábamos. Ray parecía conocerla y la saludó.
- Ella... es mi novia. - nos informó.
Yuutsu
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viernes, 12 de marzo de 2010
Capítulo XVI - Ceguera
Frank.
ANTES DE QUE FUERA CAPAZ DE EVITARLO, NUESTROS LABIOS VOLVIERON A JUNTARSE.
Se sentía tal y como lo recordaba; suave, dulce, cariñoso, pero sobre todo era lo que yo llevaba buscando tiempo y no me había dado cuenta. Lo que había soñado tantas veces y luego había olvidado al levantarme, lo que inconscientemente había querido siempre.
LO QUE VERDADERAMENTE ANSIABA.
Sus labios sobre los míos se movían con lentitud, esa lentitud y tranquilidad no me tranquilizó ya que traté de tener a Gerard lo más cerca de mi que pudiera.
Acaricié su pelo, suave al tacto, tan fino que se me escapaba entre los dedos.
Necesité apoyarme en la mesa para evitar caerme y traté de hacer que se agachase, situación nueva para mí.
-Frank-me susurró en el oído, pero me dio igual cualquier cosa que tuviera que decirme, cualquier sonido que no fuera el murmullo del salón que nos garantizaba intimidad.
-Frank-volvió a repetir y colocó uno de sus dedos sobre mis labios-¿Estás seguro de lo que estás haciendo?
Me quedé atónito y entonces comprendí.
La razón de nuestra última pelea había sido por una situación parecida, lo habíamos arreglado y yo, estúpido de mí, estaba volviendo a caer en el mismo error.
Pero… ¿Y si tal vez no era un error? ¿Y si era lo que siempre había debido tener y yo mismo me había convencido de lo contrario?
Evoqué el rostro de Alicia, pero en esta ocasión y comparándolos a los dos, supe las respuestas a todas mis preguntas.
No tuve más que mirar los ojos de Gerard, su boca, su pelo, recordar las sensaciones que me producía su presencia, como para saber que… efectivamente y aunque no lo había querido admitir, estaba…
¿Necesitaba pronunciar la palabra en mi cabeza para cerciorarme de que era cierta?
Si.
Lo necesitaba.
Estaba enamorado de él.
Suspiré aliviado y Gerard debió de interpretar mal el gesto porque se apartó de mí.
-¡No!-se me escapó-Gerard, no sabes lo equivocado que estaba. Cuando te decía que quería estar a tu lado para siempre no sabía con certeza lo que significaban esas palabras, pero ahora si lo se.
“Me ha costado un poco pero así ha sido”.
-Me alegra que pienses eso Frank-su voz sonó contenta, como antes, como al principio.
COMO SIEMPRE.
-Entonces…
-Entonces, Frank, entonces…-miró al techo una vez y luego volvió a mirarme a los ojos-No se que cojones vamos a hacer para solucionar esto.
Una sonrisa un tanto extraña se dibujó en mis labios.
SweetApocalyptic(L)
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jueves, 11 de marzo de 2010
Capítulo XV: ¿Queréis algo de beber?
Frank.
- Y el último grupo... Bryar, Simmons, Iero y...Way.
Si apenas podía creer haberme reconciliado con Gerard de una forma tan extraña, que tan solo unos minutos después me hubieran emparejado con él, junto a mi novia y otro de mis mejores amigos, para hacer un aburrido y larguísimo trabajo de Historia sobre la Segunda Guerra Mundial que posiblemente acabaría resultando en un par de tardes divertidísimas junto a ellos, me hacía pensar que por un instante la suerte me había sonreído. Por eso, no entendí la expresión de Gerard cuando el señor Anderson anunció que seríamos compañeros. Yo no podía alegrarme más en este momento de haberlo solucionado todo, pero él no parecía sentir lo mismo.
Todas las clases de ese día pasaron volando, como un espejismo, y a la salida, todos decidimos quedar esa misma tarde, en mi casa, para comenzar el trabajo. No sabía por qué, pero nunca me había sentido tan entusiasmado por hacer deberes.
Convencí a Alicia para que se quedara a comer a mi casa, ya que no tenía ganas de estar solo, y creía deberle una explicación por mi comportamiento el día anterior. El tema de la pelea no tardó en salir, mientras yo cocinaba pasta para los dos:
- Frank...Sigo sin...explicarme por qué pegaste a Gerard. - musitó, como si tuviera miedo de que le pegara a ella también.
Solo tuve fuerzas para suspirar.
- No lo sé, Alicia, de verdad que no lo sé. Que utilizara a esa chica de esa forma, me superó...No lo esperaba de él...y... - obviamente no podía contarle los motivos reales, así que recé por que no preguntara más.
Ella se limitó a asentir y cambió de tema. Seguimos charlando un rato como si no hubiera ocurrido nada, pero yo sabía que no había creído una sola palabra de lo que acababa de decir.
Después de comer, subimos a mi habitación. Ella se entretuvo con mi colección de discos y observando a Pansy, mi guitarra, mientras yo me cambiaba de ropa, poniéndome más cómodo. La mirada de Alicia clavada en mi espalda cuando acababa de quitarme la camiseta me hizo incomodarme, raramente.
- No me mires. - ordené, con cierto tono de mofa. - Me pongo nervioso...
-¡Oh! - exclamó.- Ni que fuera la primera vez que te veo, ¿eh? Mira que eres raro...- se reía, con esa risa tan carácteristica suya.
A las seis de la tarde, Gerard y Bob llegaron a casa, juntos. En el mismo momento en el que me crucé con los ojos verdes de Gerard, un escalofrío me recorrió la espalda, y no pude evitar pensar que me resultaba más atractivo de lo que me gustaría en ese momento. El pelo despeinado, echado hacia atrás, la ropa completamente negra, a conjunto con las muñequeras y las deportivas, y esa mirada suya que decía: "No estoy bien, pero soy fuerte y no dejaré que te preocupes." Esto no hizo sino preocuparme más, y con un gesto de cabeza traté de interrogarle, pero me rehuyó y comenzó a hablar con Bob como si ni siquiera hubiera reparado en mi presencia.
Nos sentamos en la mesa del comedor, lo suficientemente grande para los cuatro y la tonelada de apuntes que tendríamos que usar para nuestra tarea. En frente de mí se sentó Alicia, a mi lado Gerard; Bob se asignó la esquina al lado de él.
Cuando comenzamos se hizo un incómodo silenció en la habitación, que traté de ahogar con algún que otro comentario ingenioso que hacía reír a Alicia y suspirar a Gerard. Yo tenía sentimientos contradictorios: por un lado, deseaba gritarle y preguntarle que qué le ocurría y por otro, me sorprendí a mí pensando que me moría de ganas por tocar aquella piel pálida y fina y sentir su respiración acelerada de nuevo.
Sin entender por qué, mi mano izquierda se deslizó bajo la mesa, en dirección a la pierna derecha de Gerard. La mantuve ahí, unos instantes; el solo contacto físico con él hacía que se me acelerara el pulso. Realmente esperaba que me rechazara, pero para mi sorpresa, respondió entrelazando sus dedos con los míos. En el momento que empezamos ya no supe parar, y tardé unos segundos en darme cuenta de que no estabamos solos. Alicia y Bob, aunque concentrados entre fechas y batallas, seguían con nosotros. Esto solo le daba más intriga a nuestro juego; y mientras yo palpaba bajo su camiseta, él me hacía derretirme con sus caricias...
Transcurridos unos minutos yo no aguantaba más.
- ¿No teneis sed? - pregunté, con voz entrecortada. - Voy a por algo de beber, ¿vale? ¿Alguien me acompaña?
No tuve que decirlo dos veces para que Gerard se levantara a la velocidad del rayo y se colocara junto a mí. Bob y Alicia solo asintieron. Estaban demasiado absortos en el estudio de un mapa, cabeza con cabeza, y no logré creerme del todo que no se hubieran percatado de nada de lo que acababa de suceder.
Caminamos hacia la cocina rápidamente, y en el mismo momento en el que las puertas se cerraron tras nosotros, mientras el sentimiento de culpa se me apoderaba, Gerard se abalanzó sobre mí.
Antes de que fuera capaz de evitarlo, nuestros labios volvieron a juntarse.
Yuutsu.
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domingo, 7 de marzo de 2010
Disculpas.
Gerard.
Ver a Eva y Frank juntos me sorprendió, no creía que llegaría tan lejos como para presentarse en nuestro instituto de buenas.
Sin embargo y por alguna extraña razón, me sentí bien, me alegré de que las personas a las que más quería en el mundo estuvieran juntas, hablando, tan tranquilamente. Cosa que yo no podía hacer con ÉL.
-Tengo que disculparme...-capté el final de la frase de Frank y no pude evitar dejar escapar una pregunta que sin duda alguna mi “amigo” consideró impertinente.
-¿Por qué tienes que disculparte?
Ambos se volvieron hacia mí.
Eva con una sonrisa pícara en la cara, fruto de que su plan malvado y perverso había funcionado.
Frank…Frank con esa expresión tan suya que siempre le ponía a los desconocidos. “¿Me estás hablando a mi?” Solía querer decir.
Porque si, porque en las últimas semanas Frank y yo nos habíamos convertido en dos extraños, dos extraños que no se conocían de nada.
Había creído saberlo todo sobre él, pero lamentablemente había estado muy lejos de comprenderle.
-Perdón…-murmuré al instante y bajo sus dos miradas empecé a caminar en dirección a clase.
Y ante mi sorpresa alguien me sujetó del brazo.
Era Eva, que tenía atrapado también a Frank.
-Por mis narices que vosotros hablais-gruñó-Quiero que cuando yo me vaya empecéis a aclarar esto, si o si.
Sonreí tímidamente, pero Frank suspiró cansinamente y echó a andar hacia el patio.
Eva me pellizcó y me empujó para que le siguiera, dudé, pero la mirada dura y fría de mi amiga me hizo decidirme.
Me giré una vez más para ver un reflejo rojizo desaparecer por la esquina.
Frank caminaba a paso rápido, tenía la vista fija en un punto y hasta que no encontró el lugar adecuado, lejos de las miradas de la gente no se volvió hacia mi, con un brillo extraño en sus ojos verdes.
-Adelante, empieza, te escucho.
Me sentí cohibido ante él. A pesar de tener una estatura bastante inferior que la mía, su determinación no tenía límites.
-Yo…-no sabía como empezar.
-Lo siento Frank, soy retrasado, te he jodido pero bien, me lié con la primera puta que paso por delante de mí porque quería meterle la lengua hasta el fondo a alguien, si, si me preguntas que si me la hubiera tirado… ¡Claro que lo hubiera hecho! Pero eso sí, lo siento mucho Frank, me arrepiento de veras-con cada palabra que pronunciaba me avergonzaba más de mi mismo y me impresionaba lo bien que me entendía Frank.
-¿Tengo que repetir todo eso?-pregunté tímidamente.
-No estaría mal, pero ya sabes lo que me aburre escuchar charlas tan largas… Siento haberme comportado como un idiota y haberte pegado.
-Lamento haber sido tan estúpido Frank.
Soltó una pequeña carcajada de las suyas e inesperadamente me dio un abrazo.
-Te quiero-pensé, pero en su lugar decidí decir otra cosa-Me alegro de que volvamos a ser amigos.
Ninguno de ellos vio la expresión de disgusto que implicaban esas palabras.
Sweetapocalyptic(L)
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miércoles, 3 de marzo de 2010
Capítulo XIII: ¡Lo sabía! Parte II
Eva
Las 7:15 sonaron en el despertador y el día se desperezaba tan frío como el anterior. Con esfuerzo conseguí despegar la cabeza de la almohada y despejarme un poco. Aunque recordar lo que debía hacer me animó a salir de entre las sábanas y bajar a desayunar con todo el ánimo posible. Realmente no tenía hambre, así que me limité a mordisquear dos tostadas cubiertas de mermelada. Me vestí lentamente, como cada día; con la misma lentitud que me peiné y planché el pelo. De encima de mi escritorio rescaté un papel pequeño, doblado varias veces, en el que había escrita una dirección con letra redondeada e irregular.
Me eché la mochila a la espalda; solo por disimular, obviamente, ya que no tenía ninguna intención de ir a clase. Comencé a caminar calle arriba, nada segura de lo que iba a hacer, pero completamente convencida de que debía hacerlo.
Reconocí el lugar al instante, por los cientos de veces que había cruzado por allí para ir a la cafetería de la acera de enfrente; mi eterno punto de encuentro con Gerard.
El instituto era más grande que el mío, pero sus paredes blancas lo hacían parecer más frío y menos acogedor. Los alumnos charlaban alegremente, esperando el comienzo de las clases. Me acerqué a un pequeño grupito en el que divisé un par de caras conocidas, y comencé mi misión.
-¡Amy! - saludé enérgicamente.
Ella me miró con sorpresa.
- ¿Qué haces aquí? Tenía entendido que tu vas al instituto que hay a unos...tres cuartos de hora de aquí - rió. - ¿Ahora también te saltas clases?
- Por una buena causa... - me excusé.
- Seguro.
- Oye, Amy...Sabes quien es un tal...¿Frank? Amigo de Gerard y demás gente. Necesito verle.
- ¿Frank? ¿Conoces a Frank?
- Una larga historia. - dije cortantemente, antes de que le diera tiempo a preguntar nada más.
- Está allí. - contestó, mientras señalaba con la cabeza un banco, ligeramente apartado de donde estaba el resto de gente, en el que se sentaba un chico no demasiado alto, encogido sobre sí mismo y con la cabeza entre las manos. Ataviado con una camisa de un pulcro color blanco, el escorpión tatuado en la parte anterior de su nuca resaltaba todavía más.
- Vale...Muchas gracias. Ya hablaremos y te explico, ¿vale?
Sin darle tiempo a contestar me dí la vuelta y anduve hacia donde estaba Frank. Mi paso era decidido, pero realmente, temblaba.
- ¿Frank? - musité.
Se dió la vuelta para mirarme, y lo primero en lo que me fijé fueron en aquellos dos ojos, enormes y brillantes. Tenía que reconocer que era bastante atractivo.
- Y tú eres... - preguntó.
- Eva. - me sorprendió su expresión al escuchar mi nombre, como si me reconociera.
- Oh, lo sabía. Tenías que ser la famosa Eva. - ¿famosa? - ¿Vienes a decirme que tú también te has liado con Gerard?
No supe que contestar. Me quedé inmóvil. Él respiró hondo y volvió a hablar.
- Perdona. No tenía que haber dicho eso. - me fijé en las profundas ojeras que anidaban bajo sus ojos, como si no hubiera dormido en toda la noche, y en su expresión de preocupación. - ¿Qué sucede?
- Yo... - vacilé. No encontraba las palabras. - Creo que tendrías que hablar lo que ha pasado. Con Gerard...
- ¿Para qué? Está claro que no vemos las cosas de la misma forma. Si es todo lo que tenías que decirme, puedes irte. - ¿Por qué se comportaba así conmigo?
Algo se encendió dentro de mí.
- No sé por qué Gerard se preocupa por tí. La verdad es que no te lo mereces. Te has enfadado por lo que hizo, ¿y no te paras a pensar lo que tú le haces a él cada día? Y para acabar de arreglarlo le pegas un puñetazo, después de haberle jurado que harías que no volvieran a meterse con él. ¿Sabes? Me das asco. Espero que se olvide pronto de tí. No sé ni por qué le importas. - Escupí las palabras con toda la rabia que pude, y después, me alejé de él todo lo rápido que pude, enfadada como no lo había estado en mucho tiempo.
- Espera. - gritó Frank, lo que hizo que me detuviera en seco. Él se acercó corriendo hacia mí. - Tienes...tienes razón. Joder, soy imbécil, tienes razón...Tengo que disculparme...
- ¿Por qué tienes que disculparte? - preguntó una voz extrañamente familiar a nuestra espalda.
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Capítulo XIII: ¡Lo sabía! Parte I.
Gerard
-¿De verdad que no sabes por qué te ha pegado?
Reflexioné unos segundos. ¿Debería decirle la verdad? Me sentiría estúpido si se lo contaba.
-No, Eva, de verdad que no lo sé.
-¿Y si ahora me dices la verdad? - insistió.
Dejé el teléfono inalámbrico sobre la cama, activé el altavoz y me tumbé sobre ella, mirando al techo. Repetí la misma pregunta: ¿Debería decirle la verdad? Me avergonzaba de ello, pero si no confiaba en Eva, ¿en quién iba a hacerlo?
-¿Gerard?
-Sí...Bueno...puede que haya algo...
-¡Lo sabía! - exclamó, y después suspiró.- Nunca me cuentas nada, ¿eh? Siempre tengo que sacarte las cosas. Anda, dime que has hecho...
Cogí aire y comencé.
- A ver...hay una chica...Cassie. Creo que la conoces, es amiga de Amy y estas chicas de mi instituto con las que te "relacionas" de vez en cuando.
- ¿Cassie? - inquirió. No, parecía que no la conocía.
- ¿No? Pelo largo, por debajo de los hombros y castaño, siempre desordenado, con el flequillo recto demasiado largo, tanto que le tapa los ojos, y la forma de vestir...indescriptible - reí. - Bueno, no importa.
No logré comprender por qué me había reido, cuando segundos antes la única cosa que me apetecía hacer era echar a llorar. Pero me era imposible permanecer serio, cuando hablaba con ella.
- ¿Tú, fijándote en la forma de vestir de alguien? Me sorprendes. - se unió a mis risas. - Sí, la recuerdo. Sigue, y no me asustes.
- No sé si deberías asustarte... - murmuré por lo bajo, y continué hablando rápidamente, antes de que preguntara. - Bueno, yo nunca había hablado con ella lo suficiente para conocerla...a fondo, ya sabes. Pero según dicen, tiene fama de que siempre consigue a quien se propone. Corrían rumores de que se me había propuesto a mí...y espero que puedas imaginarte el resto...
Ella callaba, y yo me angustiaba más a cada segundo que pasaba.
- Dime algo, por favor. - supliqué, con voz quebrada.
- ¿Cómo has podido hacer eso, Gerard? ¿Tienes idea de el daño que le has debido hacer a Frank? - me recriminó.
- Pero si yo...él dijo que no había significado nada y...joder, Eva, joder, yo solo pensaba que así me olvidaría de él. Y cuando le he visto, y he visto que lo sabía, y como me ha mirado, no te puedes imaginar lo que...y luego me ha pegado y se ha ido y...agh. - dije atropelladamente, sin saber por donde empezar la explicación.
- Cálmate. - se detuvo unos instantes antes de continuar, como si estuviera meditando seriamente si debía decirme lo estúpido que era o ayudarme a solucionarlo. - ¿Tú le quieres?
La eterna pregunta. ¿Le quería? Nunca lo había visto tan claro como en ese momento.
- ¿Aún lo dudas?
- Entonces habla con él. Y no es una sugerencia - me ordenó, aunque parecía más relajada.
- ¿Y qué le digo? "Lo siento, Frank, solo me he liado con ella porque, aunque eres mi mejor amigo y tienes novia, me he enamorado de tí como una quinceañera estúpida"
- Si le dices eso, te vuelve a pegar - rió de nuevo.
- Vale, hablaré con él... - cedí. - Pero ya me dirás tú que le voy a decir.
- Acabarás por no decirle nada, ya lo verás.
- No... - ¿o sí? Dubitativo, miré la hora en la pantalla de mi teléfono móvil. Eran las seis, y mi hermano llegaría de sus clases de bajo a las seis y cuarto, como todos los días.- Oye, Eva, te tengo que colgar, que Mikey llegará de un momento a otro y no quiero que me escuche...hablar de esto.
- Como quieras. Ya hablaremos, estúpido. - se despidió.
- Sabes que no sé que haría sin tí, ¿verdad?
- Claro que lo sé, pero me encanta que me lo digas. - podría imaginar a la perfección la sonrisa que estaría cruzando su rostro en aquel momento.
- En fin, ¡hasta luego!
Presioné el botón rojo en la parte izquierda del teléfono y, todavía tumbado sobre la cama, cerré los ojos.
¿Qué había hecho?
Yuutsu.
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lunes, 1 de marzo de 2010
Capítulo XII - Locura.
Frank
La mañana se despertó gélida como ninguna otra. Encontré mis viejos guantes a rayas negras y blancas descansando en el fondo de un cajón, medio olvidados, y decidí que sería mejor llevármelos. También rescaté un gorro con orejeras, a cuadros también blancos y negros, y un grueso suéter de color azul marino. Sabía de sobra que estas tres cosas juntas no combinaban en absoluto, pero siempre era mejor que morir congelado.
Maldecí haberme puesto las zapatillas más llenas de agujeros que tenía en el mismo momento que puse un pie en la calle.
"También tendré que comprarme unos vaqueros que no estén rasgados por todos lados" - pensaba, mientras caminaba todo lo rápido que podía hacia el instituto.
La entrada del colegio estaba cubierta por una capa de fino hielo que posiblemente al final del día habría desaparecido. Alicia y sus amigas, entre las que no divisé a Amy, charlaban alegremente apoyadas en una de las columnas de la entrada. Me acerqué hacia donde estaban. Alicia me vió y corrió hacia mí. Yo le respondí con un beso en la mejilla.
- Buenos días - sonrió ella, al tiempo que me lo devolvía. - Tengo frío...
La abracé y ella se refugió en mi pecho. Nos mantuvimos así unos instantes. A mí todavía me tranquilizaba su presencia.
-¡Hola! - saludó una vocecilla detrás de mí. Me giré para ver a Amy, que acababa de llegar, con las mejillas sonrosadas por el frío y las manos escondidas en el interior de los bolsillos de una cazadora azul demasiado grande para ella que no parecía abrigar en absoluto. Su forma de mirarme, tímida pero seria, me hizo gracia, y me sorprendí a mi mismo contestándole con una sonrisa. Alicia reaccionó con una mezcla de sorpresa y felicidad, ya que no sabía nada de lo sucedido la noche anterior con Amy, pero se alegraba de que pudiera soportar al menos a una de sus amigas.
- Tengo que ir a clase - comenté. Alicia juntó sus labios con los míos en una cálida y a la vez gélida despedida.
El calor del interior del edificio chocó contra mí cuando entré, llenándome de una sensación reconfortante. Duró poco; la escena que presencié después me paralizó.
En mitad del pasillo, y como si del lugar más romántico e íntimo del mundo se tratase, Gerard sostenía entre sus brazos aun chica de pelo largo, castaño y desordenado. La besaba como si no hubiera un mañana, pero algo en sus movimientos estaba lleno de desprecio y frivolidad. No; estaba seguro de que no la amaba, y eso fue lo que se me clavó como un puñal en lo más profundo de mi corazón. Quise romper a llorar, olvidar lo que acababa de ver y echar a correr. Tuve el valor suficiente para apartar los ojos de esa escena y dar el paso que me hizo salir del trance, girar a la derecha y en la más honda de las tristezas sentarme en mi pupitre, cruzar los brazos y, seguro de que nadie me veía, dejé escapar un par de lágrimas que podían expresar lo que sentía mejor que cualquier palabra.
Posiblemente tendría los ojos llorosos cuando el profesor entró en la clase y me preguntó qué me pasaba. Como era obvio, mentí, diciendo que nada, y no levanté la cabeza de los apuntes en toda la mañana.
El timbre fué la señal para levantarme, cabizbajo y arrastrando los pies, y dirigirme al pasillo. Me dejé caer en un banco entre Alicia y Bob, y más gente a la que no presté atención.Leí la preocupación en los ojos de Alicia cuando se giró para mirarme, y adiviné que se preguntaba que me ocurría. Sin embargo, se mantuvo callada. Ella sabía de sobra cuando no podía serme de ayuda, y sin duda esta era una de esas veces. Me gustaba esa comunicación sin palabras entre nosotros, y sentía que la traicionaba reaccionando de esa manera, pero no podía evitarlo.
El fruto de mis preocupaciones se acercó a donde estábamos con paso decidido y una sonrisa cruzando su rostro de oreja a oreja. Tanto Bob como Alicia y bueno, el resto de gente, no dudaron en felicitarle por su "hazaña".
- Sí, ha estado muy bien, sí. - contestaba Gerard. Su voz parecía más alegre que nunca, pero a mi me sonó llena de cinismo.
- ¿Tu no te alegras, Frank? - preguntó la voz de Jamia detrás de mi, como salida de la nada.
Y entonces...creo que fue entonces cuando me volví loco.
Me levanté bruscamente. Mi puño, fuertemente cerrado, voló en dirección a la mejilla derecha de Gerard. El golpe, lleno de rabia y frustración, le tiró al suelo. Ignorando las alarmadas voces de nuestros amigos, esbocé una sonrisa malvada, y al mirar hacia abajo me topé con aquellos ojos verdes y desconcertados. Solo entonces me dí la vuelta y eché a andar rápidamente con las manos en los bolsillos, lleno de rabia, más seguro que nunca de que cada día que pasaba me conocía menos.
Un pequeño niño de primero se cruzó en mi camino y lo aparté de un codazo. Cuando se dispuso a replicar le lancé una mirada cargada de odio y salí al exterior. Me tumbé en el suelo y dejé que el frío me congelara, de nuevo. Era la única forma de no sentir nada.
Yuutsu & Sweetapocalyptic.
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viernes, 12 de febrero de 2010
Capítulo XI: Ya hablaremos otro día.
Frank
Miré fijamente el vaso lleno de líquido transparente, como si pudiera ahogar mis miedos y preocupaciones dentro de él. Y cuanto más bebía, más confundido me sentía, pero continuaba haciéndolo, esperando que tarde o temprano, acabara por solucionar algo.
Todo me daba vueltas. Oía voces a mi alrededor, pero entender lo que decían me requería una gran concentración en el estado en el que me encontraba, y eso hacía que la cabeza me doliera insoportablemente, por lo que dejé de intentarlo. Decidí salir a tomar el aire. Por experiencia propia sabía que eso no ayudaba en absoluto, pero me sentía agobiado en el interior de el concurrido bar. Con dificultad, logré salir a la calle. Me senté en la acera, y miré hacia arriba. Las estrellas brillaban de la misma forma que la noche anterior. Eso solo hizo que me sintiera peor.
Alguien estaba sentado a mi lado. Reconocí a una de las - estúpidas - amigas de Alicia. Evidentemente habia bebido también, aunque se veía que estaba mucho más consciente que yo. Recordé su nombre: Amy. Si bien no era la más estúpida del grupo, tampoco me caía bien. Aunque jamás había hablado con ella directamente, así que pensé que no tenía sentido juzgarla tan pronto.
- ¿Te encuentras bien? - preguntó, para mi sorpresa.
- No sé si eres la más indicada para preguntar. - respondí cortantemente, a la vez que me giraba hacia a ella. Pensé que no debía haber contestado de esa forma.
Tan pronto como me paré a mirarla detenidamente, me arrepentí de que su presencia hubiera pasado inadvertida para mí durante tanto tiempo. Y lo que más me llamó la atención fue aquel deje de tristeza en su mirada aparentemente inocente y despierta.
Estaba seguro de que era el tipo de chica que se infravaloraba por completo, aunque no tuviera ningún motivo para hacerlo. Sus facciones tenían un deje infantil que la hacían, simplemente, adorable. Enmarcadas por una cascada de pelo claro, largo y brillante, con algún que otro reflejo pelirrojo, me pareció alguien capaz de partir a cualquiera en dos con tan sólo una mirada. Creo que realmente fue eso, sus ojos oscuros y su forma de mirar, lo que hicieron que me interesara tan profundamente por ella.
No sabía por qué, pero algo me hizo sentirme cómodo a su lado, y a falta de alguien mejor con quien hablar, pregunté.
- ¿Alguna vez te has enamorado de alguien y te has sentido como si en realidad, no estuviera bien?
La pregunta pareció pillarla por sorpresa, y reflexionó unos instantes, mirando al infinito.
- Sí. Definitivamente, sí.
- ¿Y qué se puede hacer?
- Nada. - afirmó rapidamente - Por lo general, nunca es malo enamorarse. Puede que te sientas así, pero en realidad, todo tiene su lado bueno. Solo es cuestión de buscarlo.
- Es que el lado malo es, con creces, mayor que el bueno.
- Entonces... - dudó - Basta con que trates de arreglarlo, ¿no?
Me extrañaba tanto estar manteniendo aquella conversación con aquella casi completa desconocida que no dije nada más. Reflexioné unos instantes hasta que volvió a hablar.
- Es tarde, me tengo que ir. - parecía que le entristecía dejarme.
- Sí, claro... - miré el reloj. Eran las doce. Tal vez yo también debía irme. - Bueno, ya hablaremos otro día, ¿vale?
Aquello que dije creo que me sorprendió tanto a mí como a ella.
- Vale. - asintió, nerviosamente. - Adiós.
Me despedí con un gesto de cabeza y deseé que se hubiera quedado un rato más. La vi alejarse y perderse en la oscuridad de la noche, que ahora parecía más solitaria, más vacía.
Yuutsu
Dedicado a Igua, sin la cual jamás habría escrito nada de esto y en la que está inspirada este capítulo.
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Capítulo X- Remordimientos.
FRANK
La mañana era fría, las nubes cubrían el cielo y eso le daba a la ciudad un aspecto aún más gris y triste que habitualmente, parecía que iba acorde con mi estado de ánimo.
La mochila a la espalda me pesaba mucho y me entraron ganas de tirarla a la carretera y que todo lo que había en ella y con eso mis propios pensamientos desapareciesen como si no hubiesen existido.
Mi vida era una mierda; el día anterior había podido llegar un paso más en la relación con mi novia, la mejor chica que podía haber imaginado nunca, guapa, lista, divertida…pero sobre todo mil veces mejor persona que yo, y no había sido capaz.
La había rechazado en el momento más íntimo que habíamos compartido en los años que llevábamos juntos, ¡La había rechazado! Pero lo peor de todo era la razón por la que lo había hecho, porque me sentía culpable, porque sentía que estaba traicionando a una persona y porque esa persona era…era sin duda mi mejor amigo.
Evoqué el rostro de Gerard una vez más, la cara tan redonda, los ojos verdes brillantes, llenos de sueños e ilusiones que yo ansiaba cumplir a su lado, su nariz pequeña y perfecta y la piel pálida, contrastando intensa y llamativamente con su pelo negro azabache siempre despeinado y descuidado.
-¡Joder! ¡Mierda, mierda mierda!-exclamé dándole una patada a una farola.
Me hice daño, eso por supuesto, pero descargué la rabia que sentía aunque ante los ojos de los demás debí parecer un loco perturbado, nada nuevo sin embargo.
Le eché una mirada cruel a un descuidado transeúnte que osó si quiera rozarme al pasar a mi lado y entonces me di cuenta de que mi mal humor aumentaba con el paso de los minutos.
Al entrar en el colegio caminé cabizbajo con la mirada fija en el suelo y solo oía lo que ocurría a mi alrededor como un murmullo ensordecido.
Abrí la taquilla para dejar los libros que no necesitaba y la cerré de un portazo para encontrarme de cara con Gerard.
Le miré y entonces algo se me revolvió en el estómago, sentí ganas de echar a correr y al mismo tiempo de lanzarme hacia el y no soltarle nunca.
-Buen…
No le dejé tiempo de hablar y pasé de largo en dirección a clase. Al instante me arrepentí.
Mi maldito orgullo y mi maldito carácter. Algún día cambiaría, pero tal vez ese día sería demasiado tarde.
Luego, solo dejé pasar el tiempo, un tiempo en el que mi cabeza estuvo completamente vacía de ideas, solo una palabra se repetía con intensidad.
GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD.
Más tarde apareció sin embargo otro pensamiento, más descabellado, más infantil y sobre todo más y más estúpido.
-Frank, te vienes de copas esta noche-había preguntado Bob.
NO LO DUDARÍA NI UN INSTANTE.
Sweetapocalyptic(L)
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jueves, 11 de febrero de 2010
Capítulo IX: Como dos mitades... Parte II
Gerard
Recogí mi móvil del suelo. No se había roto, por suerte. Necesitaba hablar con alguien, así que marqué de memoria el número de la única persona en la que creía poder confiar.
- ¿Gerard? - contestó una voz femenina, aguda y melódica. - Hacía milenios que no me llamabas...
- Hola, Eva. - saludé, tratando de parecer alegre. - Pensarás que solo te llamo cuando necesito algo, pero lo cierto es que acabo de caer en que hace muchísimo que no sé nada de tí y te echaba de menos. ¿Haces algo esta tarde? - Aquello era una mentira solo en parte. Si bien era cierto que necesitaba algo de ella, también tenía muchísimas ganas de verla.
Ella suspiró.
- Bueno...creo que podré hacerte un hueco. Ya sabes, en el sitio de siempre, la hora de siempre.
- Eh...sí, claro.
- ¿Si? Dime donde hemos quedado entonces.
- Esto...
- Idiota. - se rió. - En la cafetería de al lado de tu instituto. A las seis. ¿Vale?
- Claro. Gracias, Eva.
- No me las des. Preocúpate de no llegar tarde...Te conozco, ¿sabes?
- Me conoces demasiado bien. Allí te veo. ¡Hasta luego! - me despedí, y colgué. En la pantalla del teléfono apareció la hora. Todavía eran las doce. Tenía tiempo suficiente para arreglarme.
Encendí la luz de la habitación. Aunque mi habitación siempre parecía oscura. Era eso lo que me gustaba de ella.
Me miré en el espejo que recubría una de las paredes. Todavía llevaba puesta la ropa del día anterior. La camiseta presentaba varias manchas que no recordaba como me había hecho, y los pantalones se habían rajado por varios sitios distintos. Tras examinarlos desde varios ángulos, decidí que me gustaban más así. Todo en mí parecía decir a gritos que había bebido más de lo debido. Si a eso se le sumaba el pelo sucio y despeinado, de recién levantado, y los ojos enrojecidos de llorar, mi aspecto en conjunto era bastante patético. Definitivamente, lo que necesitaba era una ducha. Traté con todas mis fuerzas de no pensar en Frank, pero al arrastrarme hasta el baño y mirarme más de cerca en el espejo y ver aquella zona de mi cuello ligeramente amoratada, exactamente en el lugar en el que sus labios habían estado, el amargo recuerdo volvió a sacudirme. Lentamente me desvestí. Mi cuerpo desnudo tenía un aspecto enfermizo, cubierto de pequeñas moraduras y marcas de las recientes peleas, muchas de las cuales todavía me dolían. Entré en la ducha con los ojos cerrados y dejé que el agua fría resbalara por mi cuerpo.
~
"Mira que te lo ha advertido, y llegas tarde..." pensé, mientras corría a lo largo de la avenida del lugar en el que había quedado con ella.
Me esperaba sentada en una mesa en un rincón. Esa mesa era "nuestra mesa", la que siempre elegíamos tiempo atrás, cuando frecuentábamos ese lugar cada domingo por la tarde.
Eva era para mí una amiga muy especial. Nos conocíamos desde que nuestra edad podía contarse con los dedos de una mano, y conforme fuimos creciendo, también lo hizo nuestra amistad. No íbamos al mismo instituto, ni siquiera vivíamos demasiado cerca, pero a pesar de todo, siempre había sacado un hueco para estar con ella. En el último año, yo me había acercado más a mi grupo de amigos y nuestra amistad parecía haberse enfriado, pero en el fondo sabía que era una persona en la que siempre podría confiar.
La recordaba como una chica muy guapa. Su color de pelo natural era un castaño claro, pero tenía una aficción casi obsesiva a teñírselo de diversos colores, desde el negro al rojo anaranjado que lucía en aquel momento. Me gustó como combinaba con sus ojos azules.
- Lo siento... - me disculpé, jadeando.
- No tienes remedio...Hola, Gerard. - me sonrió. - Tiempo sin vernos, ¿eh?
Pedimos un batido de chocolate, que compartimos, y pasamos la mitad de la tarde hablando de temas sin importancia. Consiguió hacerme reir varias veces y que me olvidara de Frank, por unas horas. Casi había olvidado lo bien que me sentía a su lado.
- Veo que te has divertido últimamente, ¿eh? - bromeó, en alusión a la marca de mi cuello.
Mi expresión cambió completamente. La sonrisa se borró de mi rostro, y me limité a mirar al suelo.
- Ay...- murmuró. - Va, cuéntame que ha pasado.
- ¿Te he hablado alguna vez de mi amigo Frank? - murmuré.
- Gerard...
Aquello solo me hizo avergonzarme y sentirme todavía peor. Quise que me tragara la tierra. No sabía que estaría pensando Eva en ese momento. "Nada bueno, seguro..."
Y entonces, para mi sorpresa, ella simplemente me abrazó.
Yuutsu.
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Capítulo IX: Como dos mitades... Parte I
Gerard.
Is this the real life? Is this just fantasy?
El tono de llamada de mi móvil me despertó súbitamente. Remoloneé un momento antes de levantarme de la cama, apenas consciente y de mala gana, y agudicé el oído para tratar de averiguar donde se encontraba. No lo conseguí, así que comencé a rebuscar entre los millones de papeles con bocetos y alguna que otra canción que había compuesto que estaban esparcidos sobre mi escritorio, no sin tropezarme varias veces mientras caminaba hacia él. La escasa luz que entraba por mi pequeña ventana no era suficiente para iluminar completamente la habitación, y se mantenía en una semipenumbra en la que me era casi imposible ver con claridad dónde pisaba. "Como para encontrar algo", pensé, desesperanzado.
En ese momento Mikey irrumpió en mi habitación con mi teléfono, abierto, en la mano.
-¿Buscabas esto? - preguntó, con cierto aire cómico, al tiempo que me lo lanzaba. - Es Frank. - susurró estas dos palabras.
-¿Frank? - contesté.
Me pregunté el motivo de su llamada. Repentinamente, todos los recuerdos de la noche anterior me vinieron a la cabeza. La mayoría eran solo vagas imágenes discontinuas, pero uno de ellos prevalecía sobre los demás. Aquel beso que para mí, lo había significado todo.
- Hola, Gerard. Tenemos que hablar.
No supe si entender estas palabras como algo bueno o algo malo. Todo en mí quería interpretarlas como algo positivo, pero algo me decía que tal vez no fuera así. No supe si contestar o dejar que hablara. Él decidió por mí.
- Ayer en la fiesta pasó algo, bueno…yo solamente quería decirte… - parecía dudar. Yo quise decirle todo lo que había significado para mí. Además de el beso más especial que nadie me había dado jamás, por primera vez, había sentido que no estaba solo. De alguna forma Frank estaba conmigo. Y parecíamos encajar de una manera tan perfecta, como si fueramos dos mitades de un todo, hechos el uno para el otro.
Me asustó el sorprenderme a mi mismo pensando de esta manera. Él era mi mejor amigo, tenía novia, que para colmo era la mejor amiga de mi hermano, y...había algo que me hacía pensar que aquello no estaba bien. Cualquiera habría pensado que no estaba bien. Sentí una punzada de remordimiento, pero lo ignoré y quise explicarle a Frank todo lo que pensaba sobre ello.
- Sí, el beso. - Comencé. - Te entiendo, para mí, no sé…Frank, para mí… - estaba nervioso, y no me salían las palabras.
- No significó nada, lo sé - dijo, antes de que pudiera expresarme - Y por eso es por lo que nadie tiene que saber nada. ¿No?
Aquellas palabras me golpearon con tal fuerza que creí que me tirarían al suelo. De verdad para él no había sido nada. Durante unos segundos le odié y me negué a contestarle. Y me sentí estúpido por haber pensado que correspondería mis sentimientos. Después pensé en gritarle todo lo que sentía, en presentarme en su casa y volver a besarle, sin más, y finalmente y en contra de mi voluntad, opté por llorar.
- No, claro que no, Frank, no se lo diré a nadie. - Contesté con voz entrecortada, y tratando de disimular que aquello que acababa de decirme me había destrozado.
-¡Gracias, Gerard!¡Muchas gracias! - exclamó. El tono de alivio en su voz todavía me dolió más.
-De nada… Adiós Frank. - Me despedí, mientras trataba de limpiarme las lágrimas que rodaban por mis mejillas con una mano temblorosa.
- Adiós, Gerard. - lancé el móvil contra la pared, chocó con ella y cayó al suelo. Posiblemente se habría roto. No me importaba. Con una mezcla de rabia, impotencia, dolor y la más amarga confusión me dejé caer sobre la cama pesadamente. Hundí la cabeza en la almohada mientras daba puñetazos en el colchón con los puños apretados tan fuertemente que dolía.
- Estúpido insensible. - Murmuré. - Estúpido, estúpido, estúpido... Y lo peor... Lo peor es que aunque quiera, no te puedo odiar.
Yuutsu.
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Capítulo VIII- Suave.
FRANK
Suave, dulce, húmedo, pero sobre todo perfecto…
Aquella mañana me desperté tarde, estaba agotado de la noche anterior, pero sobre todo estaba confuso.
No había podido pegar ojo apenas, tenía demasiadas cosas en las que pensar y ninguna de ellas me reconfortaba.
Era una estupidez, un maldito juego, no había nada detrás del beso que habíamos compartido, Gerard era mi mejor amigo y punto. Una chorrada, solo eso.
Pero…aún así, había sido estúpido por mi parte comportarme así, me había faltado tiempo para engañar a Alicia en el momento en el que me había desecho de ella… ¡No! No era engañarla porque no había pasado nada…
Me incorporé sobre la cama y entorné los ojos, todavía tenía sueño pero no pensaba volver a intentarlo.
Al levantarme le di una patada a las zapatillas, más sucias aún que el día anterior. Bajé al salón como un muerto, más lejos de allí de lo que cabía imaginar.
Mi madre no estaba, no tenía ni idea de a donde había ido, pero tampoco me importaba; desde que había aprendido a prepararme la comida solo ella me ignoraba.
A veces me creía que era una ventaja, pero…luego me daba cuenta del error cuando añoraba que me hubiera contado cuentos, que me hubiera ayudado a estudiar o que ahora se preocupase de con quien iba o con quien dejaba de ir.
Encendí el televisor y alcancé la bola de palomitas, echaban un programa de videos musicales y con un golpe brusco y malhumorado lo apagué tirando el mando sobre la mesa.
Me recosté sobre el sofá y alcancé el teléfono, dudé un segundo y luego marqué el número de mi mejor amigo.
-¿Si?-la voz al otro lado del teléfono era un tanto enfermiza.
-Mike, soy Frank-suspiré- ¿Puedo hablar con Gerard?
-Claro-escuché como gritaba el nombre de su hermano e iba en busca de este.
No tardó ni un minuto en contestar.
-¿Frank?
-Hola Gerard-le saludé-Tenemos que hablar.
Se hizo el silencio al otro lado de la línea.
-Ayer en la fiesta-comencé-pasó algo, bueno…yo solamente quería decirte…
-Sí, el beso-afirmó, como si no le costase decirlo- te entiendo, para mí, no sé…Frank, para mí…
-No significó nada lo sé-le interrumpí-Y por eso es por lo que nadie tiene que saber nada ¿No?
Volvió a hacerse el silencio.
-No claro que no Frank, no se lo diré a nadie.
-¡Gracias Gerard!-exclamé aliviado-¡Muchas gracias!
-De nada…Adiós Frank.
-Adiós Gerard.
Colgué el teléfono, inesperadamente aliviado.
Sin apagar la televisión subí al piso de arriba bastante más animado y quitándome la ropa por el camino me metí en la ducha, dejando que el agua me relajase los músculos y me tranquilizara un poco.
Al salir me puse la toalla y me tumbé en la cama.
Al fin, el sueño llegó.
*
Al despertarme alguien me había tapado con una manta. Sonreí, al menos se ocupaba de que no me diera una hipotermia.
Miré el reloj de la mesilla comprobando que había dormido nada menos que veinticuatro horas completitas.
Al día siguiente no tendría problema en madrugar, desde luego.
Me sobresalté al notar la vibración del móvil en el bolsillo.
Alicia.
-¡Fraaaank!-su voz sonaba extremadamente aguda al otro lado del aparato-¿Se te había tragado la tierra o que?
-No no, estaba durmiendo-sonreí.
-Bien bien, bueno, me dices que te parece si quedamos esta tarde tu y yo-no me preguntaba, estaba confirmándolo. Esa tarde íbamos a quedar.
-Me parece perfecto-asentí- ¿A que hora te viene bien?
-Me paso por tu casa a las cuatro y media.
-Perfecto, te quiero Alicia.
-Yo más.
Me apresuré a cambiarme de ropa, vistiéndome con una camiseta negra de manga corta y unos pantalones vaqueros, estos no tan destrozados como los otros y unas zapatillas la mitad de sucias que las que había llevado la noche de la fiesta.
Apenas me había dado tiempo de arreglarme el pelo y cambiarme que el timbre de la puerta sonó con urgencia.
Bajé a abrir rápidamente, Alicia llevaba unos pantalones vaqueros ajustados a las piernas y unas zapatillas de color negro que contrastaban con la sudadera blanca dos tallas más grandes de la que le correspondía que llevaba puesta.
-Buenas-la saludé con una sonrisa.
Me miró con ojitos y me dio un suave beso en los labios, luego pasó al salón con paso decidido.
Cerré la puerta con cuidado y fui tras ella.
Estaba sentada con las piernas cruzadas.
-Dime Frank, no te vi en la fiesta del otro día.
-Si que me viste-repliqué.
-Oh no no no no, no te vi.
-Alicia cielo estabas borracha como no te puedes imaginar y estuve contigo.
Mi mentira sonó más realista al haber una parte de verdad.
-Si tú lo dices…-en el fondo sabía que ella quería tener la razón, pero para evitar sacar el tema me senté a su lado y la besé en los labios con ternura.
Me pasó los brazos por el cuello y me recosté sobre ella. El sabor de su boca en la mía me volvió loco y ansié tenerla más cerca.
Cruzó sus piernas alrededor de mi cintura y me mordió en el labio suavemente haciendo que se me escapase un pequeño gruñido desde el interior de mi garganta.
Fue entonces cuando ella introdujo la lengua en mi boca y me aparté bruscamente.
-¿Qué pasa?-preguntó alarmada.
-Nada…
Por un momento el sabor de la boca de Alicia no había sido el que yo esperaba, echaba de menos otro sabor y no era algo que me tranquilizase.
Para evitar que se preocupara volví a echarme sobre ella y seguí donde lo habíamos dejado, no sin seguir pensando en la sensación que acababa de tener.
Alicia me acarició el pecho con ternura y introdujo la mano debajo de mi camiseta, la sentí fría y me estremecí, eso pareció gustarle y siguió jugueteando conmigo un rato hasta que su mano se deslizó un poco más abajo.
Empezó a desabrocharme el pantalón y deslizó sus dedos hacia mi entrepierna.
-Alicia-la llamé pero ella pareció hacer caso omiso y siguió en lo que se proponía-Alicia.
-¡Joder Alicia!-le sujeté de las muñecas y me aparté de ella-Para por favor.
Esto último lo añadí para no sonar tan brusco y la miré entristecido.
-¿Pero que te pasa Frank?-me miró preocupada.
No contesté, no tenía ni idea.
sweetapocalyptic(L)
Y este capítulo se lo dedico a la señorita Cuquedudeldú que aparecerá tarde o temprano entre estas líneas.
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sábado, 6 de febrero de 2010
Capítulo VII: Césped.
Gerard.
Supongo que alguien como yo definitivamente no encaja en ninguna parte. Y por eso, entre aquella multitud de gente, despreocupada, feliz, me sentía completamente fuera de lugar. La gente sonreía, me hablaba, y yo no era capaz de responderles. Mi mirada nerviosa recorrió la habitación en busca de Frank. Hacía tiempo que me había dado cuenta que era la única persona con la que me apetecía hablar. Sin hacer ningún esfuerzo por ocultar mi decepción al no encontrarle, arrastré los pies hacia la puerta. Decidí que no quería quedarme ni un segundo más allí dentro.
Las voces y el ruido del interior de la casa se apagaban conforme me alejaba de ella, hasta convertirse en un tenue pero molesto murmullo a mi espalda. No me preocupé tampoco de si alguien me estaría mirando o de lo que la gente pensaría cuando me viera allí cuando me tumbé cuan largo era sobre el húmedo césped del jardín. Las estrellas brillaban en el cielo oscuro, sobre mi cabeza. Me quedé unos instantes contemplando la belleza de aquello, esos miles de puntos brillantes que adornaban el firmamento.
- ¿No te sientes pequeño e insignificante bajo tantas estrellas? - murmuró una voz aguda que pude identificar a la perfección. Frank se había tumbado a mi lado a tan solo un par centímetros de mí. Se había retirado el flequillo de la cara, y miraba hacia el cielo con atención.
- Siempre me siento insignificante. Pero mirar a las estrellas, realmente me tranquiliza. Las hay grandes, pequeñas, unas siguen ahí y otras podrían haberse apagado hace millones de años. Y sin embargo, las vemos a brillar a todas en un perfecto equilibrio. Eso me hace pensar que, tal vez llegue el día en el que yo también encuentre mi propio equilibrio. A lo mejor un día, todos mis problemas se acabarán. Lo que no puedo dejar de preguntarme es qué puedo hacer para que llegue ese día...
- ¿Sabes? Se dice que todas las estrellas tienen otra estrella exactamente igual a ellas, una estrella gemela. Tal vez lo único que necesitas es el apoyo de esa estrella gemela, Gerard. En cualquier caso, sabes que siempre estaré aquí, para ayudarte.
El cielo había perdido todo su interés para mí. Ahora nos mirabamos a los ojos.
No estoy seguro de como ocurrió. Incluso me costó creer que estuviera sucediendo. Solo sé que comenzamos a acercarnos, un poco, y un poco más, hasta que mis labios rozaron los suyos y nos besamos de la forma más lenta y dulce que jamás habría podido imaginar. Y sin pensar en nadie más ni en las consecuencias que aquello podría traerme, me perdí en aquel beso que lo significó todo. Y mientras trataba de controlar el desbocado latido de mi corazón y escuchaba nuestras aceleradas y acompasadas respiraciones, sonreí, pensando que a lo mejor, sin apenas buscarla, había encontrado a mi estrella gemela.
Yuutsu.
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viernes, 5 de febrero de 2010
Capítulo VI- Eres tonto.
FRANK.
Dejé la guitarra sobre la cama aún deshecha, se produjo el típico sonido vibrante al recibir el golpe.
Alcancé unos vaqueros que colgaban del respaldo de mi silla, luego abrí las puertas del armario y elegí una camiseta de manga corta.
Me giré para observar mi reflejo en el espejo. Todavía llevaba el pijama puesto, una mala costumbre que había adquirido en los últimos meses, me miré e inconscientemente me atribuí un aspecto enfermizo y carente de personalidad.
Rápidamente me deshice de la ropa, ¿Siempre había estado tan delgado? ¿Por qué mi piel estaba tan blanca últimamente?
Suspiré y me puse los vaqueros, extremadamente rotos, fruto del mal uso que habían llevado; la camiseta, de color malva, mi favorito, adornada con algunas rayas negras sin sentido.
Me calcé las zapatillas, también destrozadas y con un pequeño peine que reposaba sobre la mesilla me arreglé el flequillo. Observé mi rostro de cerca y suspiré una vez más.
¡Pero por qué me resultaba tan desagradable! Esos ojos, que a pesar de ser verdes como los de Gerard, carecían por completo de su misma luminosidad, esa nariz pequeña y respingona…Me tapé un poco más la cara con el flequillo.
“-Así está mejor-pensé mientras cogía la cartera y las llaves y salía de la habitación.”
Al pasar por el salón, mi madre me miró de manera ausente.
-Volveré tarde mamá-susurré, a pesar de saber que no me haría caso, nunca lo hacía, no se lo reprochaba.
Cerré la puerta con demasiada fuerza y salí a la calle.
Estaba ya bastante oscuro, saqué el móvil del bolsillo y busqué en la agenda. GERARD.
Sonó un par de pitidos y al momento el teléfono me devolvió su voz.
-Frank.
-¡Hey Gerard!-le saludé-Voy ahora de camino a casa de Bob, ¿Has salido ya de tu casa?
-Mm-escuché que dudaba al otro lado del teléfono-¿Para que lo quieres saber?
-Joder…pues no se por hablar y tal tío…-mi voz empezó a subir un par de tonos-¡Pues para que lo voy a querer saber más que para pasar a buscarte!
Empezó a reírse al otro lado y se me escapó una sonrisa.
-Eres tonto Gerard-musité.
-Eso ya lo sabía Frank, nos vemos.
Me colgó y me quedé con el móvil en la mano todavía sonriendo.
Cuando llegué a casa de Gerard, este me esperaba ya fuera, vestido completamente de negro, como había supuesto y con un cigarrillo apagado en la boca.
Sin mediar palabra se unió a mi marcha y empezamos a andar en dirección a casa de Bob.
Mi amigo vivía en una gran casa de dos pisos.
Sus padres nunca estaban en casa, siempre tenían que viajar, o bueno, esa era la excusa que le ponían a él para desentenderse de los problemas que la adolescencia había ido creando, solo recordaba haber hablado una vez con su padre. Teníamos trece años y su padre estaba sentado en el amplio sofá que había en el cuarto de estar, Bob me presentó como “Mi amigo Frank”, y la frase de su padre fue algo así como Hijo mío, ¿Este sujeto es el que te ha convertido en un engendro melenudo que viste cual mendigo? Mi reacción fue de la risa, eso antes de ver la mirada de desaprobación que me echaba el hombre. Luego lo recordaría como un evento gracioso, pero en ese momento, lo diré, con una frase un poco desagradable, se me pusieron los huevos de corbata.
Su padre era un señor barbudo de cuarenta y tres años que medía dos metros que aplastaban a mi metro cincuenta de ese momento.
La “mansión” estaba tal y como la recordaba, la música se escuchaba desde la calle y la puerta estaba abierta.
Dentro, el panorama no era muy diferente de cómo lo había imaginado.
Localicé a Alicia colgada del brazo de Mike y con un vaso en la mano, me acerqué a ellos con Gerard detrás.
-¿Mike, que haces aquí?-preguntó mi amigo.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡FRAAANKIEEE!!!!!!-la voz de Alicia resonó por encima de todo y se me lanzó a los brazos, encontrando su boca demasiado rápido.
Sin dudar un momento me deshice de ella y la sujeté por la cintura.
-¿Nos hemos pasado un poco no?-le pregunté mientras me sonreía abrazándome de nuevo.
-A…Alicia me invitó a venir y yo…-Mike parecía apurado dándole explicaciones a su hermano.
Los abandoné un poco y me acerqué al grupo de amigas de Alicia que siempre me habían desagradado; sus risas estúpidas (y no es algo de lo que yo me pueda quejar), su falsedad y la cantidad de tontadas que podían llegar a decir en una conversación me sacaban de quicio.
-Eh-mi voz sonó más a un gruñido que a un saludo, al momento sus voces repelentes empezaron a reírse de algo que solo ellas entendían-Alicia se queda con vosotras.
Una de ellas, la más tonta, si, creo que se organizaban por jerarquía, la más tonta era siempre la portavoz, prefería pensar eso a lo contrario, se acercó para sujetar a Alicia no sin antes mirarme de arriba abajo.
-No te preocupes Frank-me guiñó un ojo, ante lo cual estuve a punto de replicar de manera desagradable, pero me di la vuelta en busca de Gerard.
Sweetapocalyptic (L)
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miércoles, 3 de febrero de 2010
Capítulo V: Me gusta como besas.
Frank.
En aquel momento experimentaba una felicidad indescriptible. No me importaba que fueran las ocho menos cuarto de la mañana, ni que aquel fuera otro triste día de instituto exactamente igual que el anterior. No; el motivo de mi felicidad era la chica de pelo oscuro que rodeaba con mis brazos y que me besaba, suave y dulcemente.
Alicia tenía una forma de besar extraña, inquietante. Posaba sus labios sobre los míos como si fuera lo que más deseara en el mundo y a la vez, le aterrorizara hacerlo. Nunca llegué a entender por qué. Y sonreía, siempre sonreía, y eso me volvía loco.
Sus ojos grises me miraron y yo me perdí en su interior, tratando de adivinar que pensaba, que sentía. Nunca lo conseguía. Sin embargo, ella me leía como un libro abierto. Me preguntaba si todo el mundo podría mirar a través de mí con esa facilidad. Deseaba con todas mis fuerzas que no.
El sonido agudo del timbre me recordó que, a pesar de todo, me quedaban seis horas del más absoluto y continuo aburrimiento. Con desgana recogí mi mochila del suelo y cambiné con aire ausente al interior del edificio. Un beso en la mejilla y me despedí de Alicia, que para mi desgracia apenas compartía clases conmigo, y me dirigí a la clase de Biología.
Me desplomé pesadamente sobre mi silla y saludé con un gesto de cabeza a Jamia y Bob, que charlaban animadamente. Me sorprendió lo que habían intimado ultimamente esos dos. Reparé en que Gerard, que acostumbraba a sentarse a mi lado, no estaba allí. Eso me alarmó. No había sabido nada de él desde la pelea, ni siquiera sabía como se encontraba. Me sentí estúpido por no haberlo recordado antes.
Maldiciendome a mí mismo saqué los libros de la mochila mientras la clase empezaba. El profesor comenzó a hablar, pero yo no le escuchaba; sus palabras eran solo un murmullo lejano para mí. Estaba demasiado preocupado por Gerard. Arranqué un pedazo de papel de la esquina de un cuaderno y escribí, con letra pequeña y desigual.
¿Sabes algo de Gerard?
La doblé cuidadosamente y se la lancé a Jamia, con toda la discrección posible. El papel aterrizó justo encima de su pupitre. Solo tardó unos segundos en contestar.
No ha venido a clase...Estás preocupado, ¿verdad?
Sí. Escucha,Jamia, como no aparezca antes de que acabe la hora voy a saltarme la próxima clase y voy a ir a por él. Tengo miedo de lo que hayan podido hacerle.
Como quieras. Yo te cubro, me inventaré que has ido a la enfermería o algo así. Pero no tardes mucho...
Gracias.
Pasé el resto de la clase inquieto, contando los minutos para salir. Cuando el timbre sonó, salí corriendo, sin pensármelo dos veces. Corrí y corrí, por todos los sitios en los que se me ocurría que podría estar.
Encontré a Gerard en una de las calles, sentado en el borde de la acera, encogido sobre sí mismo. Me senté a su lado y le puse una mano en el hombro.
-Gerard...-musité- ¿Estás bien?
-No. -contestó, tajantemente- ¿No deberías estar en clase?
-Estaba preocupado por tí. Pensaba que te habrían hecho algo, o...
-Ese es el problema. No entiendo por qué tienen que meterse conmigo, no lo entiendo. Pero no lo aguanto más. Estoy harto de ser el débil, de que mis amigos tengan que defenderme. Me siento una carga para vosotros, como si tuvierais que cuidar de mí constantemente, y odio eso. Los estudios tampoco me interesan, así que lo más probable es que no vuelva al instituto.
-Joder, Gerard. Mírame, joder. - Levantó la cabeza hacia mí. El flequillo le tapaba los ojos. - No te hagas esto, no lo hagas, no arruines tu futuro. Solo queda un año de instituto y después, podremos hacer lo que queramos. No van a volver a pegarte, no vamos a permitírselo. Tienes que plantarles cara, Gerard. Es la única solución. Después, acabar el instituto, y luego, cumpliremos nuestro sueño. Los dos juntos. Vamos a formar un grupo, y lograremos que todo el mundo nos conozca. Y la gente que como tú, como nosotros, se ha sentido jodida y pisoteada por todo el mundo, escuchará nuestras canciones y encontrará las fuerzas para decir: No, estoy por encima de vosotros. Salvaremos sus vidas. Todo saldrá bien, te lo prometo. Confía en mí. Un año, y lo lograremos.
El guardó silencio ante mi discurso improvisado.
-Bueno- dije, tratando de quitarle hierro al asunto- Entonces, vienes a la fiesta mañana, ¿no?
Se retiró el pelo de la cara, dejando al descubierto sus brillantes ojos verdes, anegados en lágrimas, y sonrió, a la vez que asentía.
Yuutsu.
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lunes, 1 de febrero de 2010
Capítulo IV-Alicia.
FRANK
El día que vi aparecer a Gerard por la puerta del colegio, no pude evitar que mi cara esbozase una sonrisa de lo más estúpida. Con Bob detrás de mío, caminé hacia él.
-Te ha costado volver, cabrón-gruñó Bob y le palmeó la espalda, haciendo que Gerard diese un paso en falso en mi dirección.
-¡Ey Gerard!-exclamé tendiéndole la mano, pero él la esquivó y me revolvió el pelo, haciendo que se me escapase una carcajada lejos de lo normal.
Me quedé con una cara muy patética que apresuré a cambiar al ver que Bob me miraba.
-¡Joder que coñazo ir a clase, te podrías haber quedado en casa!-al momento noté la mirada de Gerard, había sido yo el que le había insistido en que volviera, le correspondí con una cara de circunstancias. Él se rió y me empujó suavemente al interior de la clase.
Apenar pude prestar atención, me llamaron la atención varias veces, pero no me importó.
Prácticamente me pegué toda la mañana dando botes en mi silla, esperando con nerviosismo la hora de salir.
Al fin, sonó la campana, me levanté de un salto y salí por la puerta, encontrándome de frente con Jamia.
-¡Oh!-exclamó bajando la cabeza-Venía a buscarte para decirte que Alicia me ha dicho que te diga que ella dice…
-¿Qué?-pregunté distraído.
-Que Alicia dice que vayas a verla, que te espera detrás del colegio…
-¡Jamia!-escuché la voz de Bob y aproveché para escabullirme entre la gente.
Alicia y yo habíamos empezado a salir a los dieciséis años, éramos amigos desde siempre y nunca fue para mi algo más que eso. Una simple amiga.
Todo cambió un día, Alicia jugaba al tenis, desde siempre, desde que yo podía recordar la imaginaba con sus falditas cortas y sus deportivas, esa era mi Alicia.
Cuando cumplimos los quince, Alicia estaba tan ocupada con el deporte que solamente podía disfrutar de su compañía si iba a verla entrenar.
Así se convirtió en una costumbre, todos los domingos, a las ocho de la mañana me presentaba en el pabellón de deportes y la observaba, correr de un lado a otro, golpear la pelota, apartarse el pelo de la cara, ganar a sus compañeras y disfrutar de su sonrisa o perder y tener que consolarla diciéndole que lo haría mejor la próxima vez.
Creo que sería uno de esos días, de esas mañanas en las que después de tanto esfuerzo nos íbamos a desayunar y hablábamos. Me enamoré de ella.
No me decidí a confesarle lo que sentía hasta un frío invierno, un año después.
Estábamos en la cafetería, Alicia estaba disfrutando de su café mientras yo observaba como se le quedaba la marca del cacao en los labios de una manera demasiado inocente.
Fue mirarla a los ojos y tener que decírselo.
Alicia no contestó, se limitó a darle vueltas al café, para luego mirarme a los ojos y decirme que ella no sentía eso y que no me quería perder como amigo.
Para mí fue como un golpe en el estómago, me deprimí, dejé de estar feliz al lado de Alicia y me distancié de ella. Entonces un mes después, cuando toda esperanza que hubiera podido tener se había desvanecido. Entonces, llegó ella. De nuevo.
Me miró a los ojos, me cogió de las manos y me dijo que me amaba, que me necesitaba a su lado como algo más que un amigo y que lamentaba no haber podido darse cuenta antes, que había tenido que perderme para poder descubrir que su vida no tenía sentido sin mí.
Fue el día más feliz de mi vida.
La encontré apoyada contra la pared, mirando hacia el cielo, me acerqué a ella y sin mediar palabra pasé mis brazos por su cintura y empecé a besarla con pasión.
-F...Frankie-gimió apartándome de ella.
La miré con expectación, sus ojos grises sonreían y el pelo negro caía a ambos lados de los hombros. Su piel pálida contrastaba con este hecho y la hacía parecer como una princesa de nieve.
Siempre me había recordado a eso. Sonreí para mi mismo.
Volvía besarla recorriendo el perfil de sus labios y acariciándole la espalda con suavidad. Solamente por momentos como ese me alegraba de haberme sincerado con ella.
Durante ese momento que me distraje Alicia aprovechó para morderme el cuello con delicadeza.
Simplemente la dejé hacer, resguardándome en su melena oscura, hasta que de repente la maravilla terminó.
-¡Frank, Alicia!-era Jamia que llegaba corriendo.
Nos separamos al instante sin apenas darnos cuenta de lo que estaba ocurriendo realmente.
-Frank, Frank-repetía mi nombre como un disco rallado- A Gerard y a Bob, les están pegando…otra vez.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Me ausentaba un momento y ya la tenían liada.
Crucé una rápida mirada con Alicia en la que ella me lo dijo todo.
-¿Dónde están?
-Delante del colegio, en la explanada.
Los tres echamos a correr en la misma dirección, yo rezaba para que no se hubieran pasado demasiado y me preguntaba que tenían en contra de mi amigo. ¿Qué les había hecho él para que le pegaran día si y otro también? ¿Debíamos haber contado lo de la pelea cuando le rompieron la pierna? ¿Era esa la única manera de que le dejasen en paz de una maldita vez?
Cuando llegué a la escena fue más o menos como me la imaginaba, Gerard se tenía en pie, el labio le sangraba exageradamente y llevaba algunas marcas en los brazos, Bob estaba intacto y le arreaba a uno de los del grupo de Matt sin ningún tipo de miramiento.
Me acerqué dejando a Jamia y Alicia detrás de mí y le pegué un buen puñetazo en la mandíbula al que le estaba pegando a Gerard.
El imbécil cayó al suelo, sorprendido y dolorido al mismo tiempo.
-¿Podríais dejarle en paz de una puta vez?-creo que mi voz sonó demasiado convencida, o tal vez la sorpresa de mi entrada en escena, más amenazante que habitualmente, pero Matt me miró desde su impresionante altura.
-Que te jodan maricón.
Mentiría desde luego si dijera que esa frase no me molestó, pero realmente no me importó que me llamase cualquier cosa con tal de que dejase en paz a Gerard.
Los cuatro que le estaban pegando, incluido al que había tirado yo al suelo se fueron con la mayor dignidad posible, no sin soltar alguna amenaza más contra nosotros.
Me acerqué a Gerard en silencio, me arrodillé ante él y le miré a la cara, en la que había un gran moratón.
-Siento no haber estado aquí antes-me disculpé.
-No Frank-negó incorporándose un poco y esbozando una mueca de dolor-Tú no tienes la culpa, más bien debería darte las gracias, es la segunda vez.
-Y ten por seguro que la última-gruñí por lo bajo mientras dejaba a mi amigo solo y me disponía a acabar con esa mierda de una vez por todas.
Sweetapocalyptic(L)
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Capítulo III: Quiero hacerlo contigo.
Frank.
Las dos semanas de reposo de Gerard transcurrieron rápidamente para ambos. Iba a visitarle diariamente, unas veces acompañado de Alicia, Jamia, Bob y los demás y otras, la mayoría, solo. Fueron estas veces en las que compartimos tantos momentos especiales, y las que me hicieron darme cuenta de que, si él antes era un amigo cercano, ahora podía afirmar que era mi mejor amigo, y creo que él pensaba lo mismo. Aunque decía que no le gustaba que fuera a verle tan a menudo porque le hacía sentirse como si de verdad estuviera enfermo, yo sabía que en el fondo quería mi compañía. Incluso había llegado a saltarme clases para poder estar con él.
Mis zapatillas, sucias y rotas, rozaban contra el asfalto de Belleville. Con la guitarra a la espalda, caminaba hacia la casa de Gerard, como ya era costumbre todas las tardes después de clase. Le había hecho prometer que este sería el último día que se quedaría en casa. Gerard ya se había recuperado completamente. y aunque me apenaba dejar atrás todas esas tardes juntos, no era bueno para él que faltaba a clase tanto tiempo. Él se reía a menudo de mí por comportarme a veces como si fuera su padre, más que su amigo.
Ni siquiera tuve tiempo de llamar al timbre. Gerard me esperaba, apoyado en la puerta de su casa, fumando. Sonrió al verme, y me ofreció una calada.
- Ya ni te molestas en fingir sorpresa cuando vengo...Si quieres que te deje solo, puedes decírmelo, ¿eh? - bromeé, al tiempo que la aceptaba.
- No seas estúpido - contestó, y echó una ojeada al objeto que cargaba en la espalda. - ¿La has traído?
- Claro - sonreí - ¿Subimos?
Comenzamos a ascender por las escaleras. La habitación de Gerard era oscura, muy oscura. Estaba situada en la buhardilla de la casa, por lo que el techo estaba inclinado hacia ambos lados, y la única luz que entraba desde el exterior provenía de una pequeña ventana en la parte superior de la pared central. El suelo era de madera, y las paredes estaban completamente cubiertas de dibujos y bocetos hechos por el propio Gerard. A la izquierda estaba el escritorio, permanentemente desordenado y cubierto de papeles. A su lado, el armario, con las puertas entreabiertas que dejaban ver el desorden en el interior, y al otro lado la cama, bajo los pies de la cual descansaba la guitarra de Gerard, enchufada a uno de sus amplificadores. Deposité la mía sobre su cama y me senté en el suelo. La habitación era realmente espaciosa, pero la decoración hacía que pareciera mucho más pequeña y oscura. Me gustaba esa sensación.
Gerard sacó mi guitarra de la funda y comenzó a tocar una melodía conocida, pero que no supe decir a qué canción pertenecía. Se la arranqué de las manos y me puse a tocar yo, esta vez una canción de the Misfits. Sabía que era su favorita, y vi como seguía la letra moviendo los labios, sin emitir sonido alguno. Me detuve en seco. Acababa de tener una idea.
- Canta. - le ordené, mientras le miraba fijamente.
- No. - Rehuía mi mirada.
-Hazlo, Gerard. Sé que sabes hacerlo. - Insistí. Ví como asentía levemente.
Volví al principio de la canción. Gerard comenzó a cantar al ritmo de mis acordes. Me gustó como combinaban su voz y mi guitarra. Parecían estar hechos para sonar juntos. La canción continuaba y nosotros seguíamos concentrados, como hipnotizados con cada nota y compenetrados como no lo habíamos estado nunca. Al acabar, Gerard escondió la cabeza entre sus rodillas, avergonzado. Me apresuré a hablar.
- Gerard, tío, eso ha sido...Impresionante. Cantas jodidamente bien - no decía ninguna mentira, pero algo me dijo que el no se lo creía.
- Yo...- continué - Joder, Gerard, formar un grupo siempre ha sido mi sueño. Pero no sé cantar, y no tengo una habilidad especial tocando la guitarra. Pero ahora te veo a tí, con esa voz...y...y... - no me salían las palabras - Me he dado cuenta de que quiero llegar a ser alguien en el mundo de la música, y quiero hacerlo contigo, Gerard.
Su mirada se perdía en el infinito. Hubo un minuto de silencio, tal vez dos, y luego reaccionó.
- Lo haremos, Frank. Tu y yo. Te lo prometo.
Yuutsu.
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viernes, 29 de enero de 2010
Capítulo II - Verde.
Gerard.
Negro. Oscuridad. Y en medio de ella una figura blanca que me llama. Me acerco. Unos ojos verdes relucientes me sonríen…
Lo primero que observé al abrir los ojos fue mi reflejo en los de Frank.
Su cara estaba casi encima de la mía, como si se hubiese pegado horas esperando a que me despertase. Me sonrió con esa mueca tan suya y luego se sentó encima de la cama con admirable soltura.
Me incorporé sobre la cama, pensando en el careto que debía de tener en esos momentos, no recordaba bien lo que había pasado, pero un dolor punzante en la pierna me hizo acordarme de todo al instante.
La pelea, los golpes y como Frank había acudido en mi ayuda sin que se lo pidiera.
-Gracias Frank-sonreí con calidez.
-De nada tío, aunque como ves no pude llegar a tiempo para evitar que te partieran una pierna-se río-Ah, tus padres piensan que es por una caída en deporte…así que ya les contarás como te has hecho las moraduras.
Menudo marrón, al menos tenía la excusa de la caída.
Miré la habitación, ensimismado, pensando sin realmente saber en qué, hasta que Frank se tumbó sin ningún reparo con fuerza y sacó un cigarrillo del bolsillo del pantalón hecho jirones que llevaba puesto.
-¡Eh!-exclamé-No quiero que fumes aquí.
Frank me miró y con resignación lo recogió de nuevo.
-¿Sabes la de tiempo que vas a tener que estar en esta habitación solo?-preguntó como quien no quiere la cosa.
En ocasiones Frank me resultaba demasiado simple, demasiado directo, pero llevaba suficientes años siendo su amigo como para saber que realmente su mente era bastante más compleja que la mía. Tan solo expresaba una mínima parte de lo que en esos momentos estaría pasando por su cabeza.
-Espero volver pronto al instituto…-vacilé, aunque realmente ambos sabíamos que si pudiera no volvería jamás.
-Dime-me interrumpió levantándose y caminando por la oscura habitación con las manos en la espalda-¿Tienes algún dibujo nuevo que merezca la pena?
Reaccioné demasiado tarde como para evitar que cogiese un papel que había encima de mi escritorio. ¡Con la de mierda que había y justo tenía que pararse a mirar ese!
Hice ademán de levantarme pero la pierna respondió con un pinchazo.
-Si te mueves te joderás más eso-gruñó mientras ponía el dibujo debajo de la luz.
-No, Frank tío no lo mires por favor…-supliqué. Pero una sonrisa siniestra se había dibujado ya en sus labios.
Lo primero que se me ocurrió fue esconderme debajo de las mantas, nunca me había gustado que viesen mis dibujos, me daba vergüenza que pudieran analizar cada detalle que se pasaba por mi cabeza y quedaba plasmado en el papel.
-Gerard tío esto es impresionante-susurró y se acercó a mi de nuevo para sentarse en la cama.
Miré el dibujo por encima de su hombro, en el estaba un chico, con el pelo negro tapándole la cara, la piel pálida como la de un cadáver en contraste con la lengua roja intensa que se veía, no sin razón el chico cantaba. Cantaba una melodía especial, una melodía que aún no se había compuesto. Pero que Gerard soñaba llegaría algún día, y para entonces sería él el que cantase para poder demostrar todo lo que le pasaba por dentro, con algo más que dibujos.
-Va Frank déjalo-se lo quité de las manos y lo tiré debajo de la cama.
-Luego no lo encontrarás-auguró.
-Pues entonces te pediré a ti que lo busques-sonreí. La tarde se me hizo muy corta.
Sweetapocalyptic(L)
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jueves, 28 de enero de 2010
Capítulo I: Deja que te toque...
Gerard.
El primer puñetazo no lo vi venir. Solo sentí como se estrellaba contra mi nariz, y el dolor me hizo caer al suelo. Cometí el error de mirar hacia arriba, para ver como Matt Heward, el matón del instituto, aquel armario rubio de metro noventa al que parecía molestarle mi simple existencia, me escupía. Después, él y sus dos compañeros comenzaron a propinarme patadas. En el estómago, en la cara, por todo el cuerpo. Llegó un momento en el que dejé de sentirlas. Solo percibía un dolor, un intenso dolor por todo el cuerpo. Quise llorar, pero no lo haría. No les daría esa satisfacción.
- Espero que hayas aprendido ya quien manda aquí – Dijo Matt, socarronamente.
- Tu no, cabrón. – Conseguí murmurar, a duras penas. Ni siquiera sabía de donde había sacado el valor para contestar así, y el simple hecho de hablar, dolía.
Una vez más no me percaté de cómo sucedió. Sentí como me cogían por los hombros y me introducían en la taquilla más cercana. “No…otra vez…no” pensé. Ni siquiera yo, que no tenía una estatura admirable, cabía completamente en una de nuestras diminutas taquillas. Como consecuencia, parte de mis piernas y mis pies quedaban fuera, y así estaban, cuando mi pesadilla particular cerró la puerta metálica de un golpe.
- Ahí te quedas, amigo mío. – Estas dos últimas palabras iban cargadas de sarcasmo.
Yo ya no era apenas consciente de lo que sucedía a mi alrededor. Creí oír un par de pasos acercándose por el pasillo. Gritos, voces. No era capaz de percibirlo con claridad. El dolor recorría desde mi pierna derecha hasta la espalda. Era insoportable, y lo peor era que no parecía incapaz de moverme. Recé por no haberme roto nada. Aunque lo cierto era que la buena suerte no solía acompañarme, por mucho que lo necesitara. Con todas mis fuerzas me impulsé hacia delante. Tenía que salir de allí. Caí, y cuando mi pierna tocó el suelo, el agudo dolor me hizo perder el conocimiento.
- ¿Gerard? ¿Gerard? - Oí que susurraba una voz familiar. No fui capaz de responder.
- ¡Gerard! – Exclamó la voz, esta vez en un tono más elevado. A duras penas logré abrir los ojos, para vislumbrar un joven escuálido, con el largo flequillo cubriéndole uno de los ojos.
- F…Fr...¿Frank?
- ¡Ya era hora, tío! ¿Cómo te encuentras? ¿Puedes incorporarte?
- Yo...Yo estoy…-traté de levantarme. No creía tener un solo músculo en el cuerpo que no me doliera, pero puse mi mejor cara de “Que fantásticamente me encuentro” y contesté – Estoy bien. ¿Cómo he llegado aquí?
Me paré a observar a donde me encontraba. Era un lugar que no reconocía, con una decoración sencilla, paredes blancas y muebles de madera clara. Sin embargo había algo en él que me resultaba extrañamente familiar.
- ¿Ya no te acuerdas de mi piso, Gerard? – era cierto. Años atrás, Frank había vivido en ese pequeño apartamento con sus padres. Cuando se trasladaron a una casa más grande, Frank se opuso completamente a que vendieran aquel piso, en el que había crecido. Así que, de vez en cuando, lo habían usado para tocar la guitarra e incluso dar alguna que otra fiesta.
- Si…tienes razón. Lo siento…no me encuentro del todo bien.
- No hace falta que lo jures – sonrió – Tienes una pinta terrible. A ver, deja que te toque…
Frank comenzó a palpar las zonas de mi cuerpo donde Matt me había pegado. Yo me limitaba a soltar algún que otro quejido casi inaudible y a poner mala cara. Cuando puso una mano en mi pierna, no pude evitar aullar de dolor.
- Esto tiene un aspecto horrible – musitó. – Te llevaré al hospital…
Me limité a asentir. No tenía fuerzas para oponerme. A duras penas, apoyándome en él y medio arrastrándome, conseguí subir al coche.
- Frank…Pero…tú no sabes conducir – titubeé.
- Sabes de sobra que puedo defenderme. No, no tengo carnet, si es a lo que te refieres, pero…- miró al infinito – Bueno, que le vamos a hacer.
El coche empezó a moverse y en lo que a mí me parecieron siglos llegamos al hospital. El personal nos miraba con cara extraña; Un chico delgaducho, pálido, que parecía tener siempre ojeras y cara de no dormir en absoluto, junto a un joven de aspecto enfermizo con la pierna rota, calculé, por tres sitios distintos. Por suerte nos atendieron rápidamente. Efectivamente, mi pierna estaba rota, y tenía cientos de magulladuras por todo el cuerpo. Si había una ventaja en el pequeño hospital de Belleville, era que parecía haber una norma no escrita; Si tú no molestabas, ellos no hacían preguntas. Así, acabé el reconocimiento médico sin tener que enfrentarme a ningún tipo de interrogatorio incómodo. El resultado; Una pierna escayolada y dos semanas, como mínimo, de reposo encerrado en casa. “La suerte me sonríe”, pensé amargamente.
Frank esperaba fuera de la consulta con preocupación. Cuando salí, emitió un silbido de admiración.
- Eh, casi tienes peor pinta ahora que cuando entraste…Ven, te llevo a casa.
Una vez dentro del coche, ya tenía la mente más despejada, así que le acribillé a preguntas.
- ¿Qué ha pasado? ¿Cómo he acabado en tu casa? ¿Qué ha sido de Matt y… los otros dos?
- Eh, para el carro. Bueno, verás, te estaban zurrando, y aparecimos Bob y yo y les dijimos que o te dejaban en paz o les cerrábamos la boca a puñetazos. La verdad es que solo con mirarme, no doy demasiado miedo… -suspiró – pero parece que Bob sí les asustó, y se fueron. Tu te habías desmayado y te traje a mi casa. Bob tuvo que irse, pero sepas que sin él a lo mejor aún te estaban usando de saco de boxeo…
- Vaya…yo…no sé como agradecéroslo.
- No hace falta que lo hagas de momento. Ya encontraré forma de que me devuelvas el favor. Bueno, hemos llegado. No hay nadie en tu casa, ¿no? En la mía…ya sabes que nunca hay nadie, así que puedo quedarme a dormir si quieres.
- No, Frank, no hace falta. En serio, estoy bien…- contesté, mientras abría la puerta, a tientas. Ya había oscurecido y apenas podía ver nada.
- Oh, entonces perfecto. Espero que tengas una cama libre…
- Pero si… - comencé a replicar. Bueno, no importaba. De todas formas no iba a conseguir persuadirle, así que me limité a asentir. – Claro que sí. En el piso de arriba, ya sabes.
Frank sonreía, mientras subía las escaleras en dirección a mi habitación.
Yuutsu.
Publicado por Seizethedayordie en 15:05 0 comentarios
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