- Te has acabado la bolsa de patatas...
Suspiré y me hundí un poco más en mi asiento, mientras clavaba la vista en la pantalla de la televisión.
- Lo siento. - murmuré, no sin dejar ver mi decepcion. - ¿Quieres que vaya a por más?
Se encogió de hombros, por lo que yo, rápidamente, me levanté y me dirigí hacia su cocina, que ya conocía igual o mejor que la mía, y abrí un par de armarios hasta que encontré lo que buscaba. Alargué la mano hasta que logré bajar la bolsa plateada en la estantería más alta mientras pensaba. ¿Realmente Frank no se daba cuenta de mis verdaderas intenciones? Se me hacía prácticamente imposible de creer.
Volví con él. Se había recostado en el sofá, con los pies encima de la mesa, los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión de absoluta concentración mientras veía la película, de la cual no apartó la mirada hasta el momento en el que me senté dejándome caer a su lado pesadamente, y extendió la mano, reclamando la bolsa de patatas fritas que yo todavía sostenía. Aburrido, estiré el brazo para evitar que la alcanzara. Él se abalanzó sobre mí, para tratar de arrebatármelo.
En menos de una fracción de segundo, mi rostro y el de Frank quedaron separados únicamente por unos dos milímetros. Sus ojos, su mirada clavada en la mía, verde, fría. Noté como me miraba, casi asustado, mientras el tiempo pasaba. Uno, dos, tres segundos. Al cuarto, caí. Sin ni siquiera pensarlo un segundo, me encontré besando a Frank, aunque con una timidez bastante extraña en mí, que se convirtió en una mezcla de miedo y decepción cuando se separó de mí bruscamente.
- ¿Frank? - pregunté. Empezaba a enfadarme. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué se comportaba así?
- Gerard, de verdad... Lo siento. No puedo. No puedo...
- ¿No puedes?
- No... - La angustia se reflejaba claramente en su voz.
Me levanté brusca y agresivamente. Comencé a caminar por la habitación.
- ¿Se puede saber por qué? - escupí.
Lo único de lo que tenía ganas en aquel momento era de romper algo, o de dar puñetazos. Tan solo la visión de Frank con la cabeza entre los brazos, y éstos apoyados sobre sus rodillas, me frenó de hacer algo de lo que seguramente me hubiera arrepentido durante mucho tiempo. Volví a sentarme a su lado, le rodeé con un brazo y con la voz más suave y tranquilizadora que pude le volví a preguntar.
- Solo quiero saber qué pasa, Frank. ¿Puedes explicármelo?
- Alicia. - fue su única respuesta.
¿Alicia? Tras tanto tiempo juntos, ¿su problema era Alicia? Hice todo lo posible por apaciguar la ira que crecía dentro de mí.
- Lo siento... Gerard... Lo siento pero... - sollozó. - Ella es... mi mejor amiga. Ella es todo lo que tenía hasta ahora. La persona que se encuentra en todos mis recuerdos de los últimos años. Yo te... te quiero, aunque me cueste admitirlo. Pero de alguna forma siento que no puedo hacerle esto. No puedo traicionar a la persona a la que he querido tanto tiempo...
Silencio.
Era incapaz de pronunciar una palabra.
Silencio incómodo, áspero, frío, mezclado con toda mi tristeza y mi enfado.
Silencio únicamente roto por el portazo que dí tras de mí al salir de casa de Frank, sin pensarlo, sin decir nada, sin mirar atrás.
martes, 27 de abril de 2010
Capítulo 21.
Publicado por Seizethedayordie en 10:36
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