Frank
El garaje de Gerard era un local tanto oscuro como frío y tétrico, que nunca parecía estar iluminado del todo por más ventanas que abrieras y bombillas que encendieras. Montañas de trastos viejos se agrupaban en las esquinas de la sala, lo que no hacía más que acentuar la sensación de estar en el escenario de un asesinato en cualquiera de las películas de terror de serie B que había malgastado horas de mi vida viendo. En el mismo momento que puse un pie allí no tardé un segundo en darme cuenta de que era el lugar más perfecto que podía imaginar para ser nuestro local de ensayo. No solo por que era la casa de mi amigo y podríamos usarla el tiempo que quisieramos sin pagar absolutamente nada, sino porque aquel ambiente tenebroso y siniestro me inspiraba extrañamente. Me sentía capaz de componer la mejor canción que nadie hubiera escuchado jamás en ese sitio. El propio Gerard parecía un vampiro en su guarida allí dentro, mientras hablaba conmigo con voz animada de los últimos progresos que había hecho, tanto con la voz como con la guitarra, instrumento que había empezado a enseñarle a tocar hacía un par de semanas tras muchas súplicas por su parte.
A falta de un lugar mejor y pensando que un poco de suciedad a mis pantalones vaqueros recién lavados no les vendría nada mal, me senté el suelo y con infinito cuidado saqué a Pansy de su funda para colocarla sobre mí. La mirada atenta de Gerard me pedía que tocara algo, así que sin ningún tipo de idea en la cabeza improvisé un par de acordes. Antes de que me diera cuenta había compuesto una melodía completa, y tras un par de minutos Gerard se decidió a entonar un par de notas sobre la canción. Escucharle cantando siempre me daba ganas de llorar, pero mucho más aquella vez. Su voz reflejaba demasiada preocupación, tanta que tuve que detenerme.
- Gerard... ¿se puede saber que te pasa?
Él miró al suelo y escondió el rostro tras el flequillo negro que le caía por la frente.
- Gerard. - le llamé por segunda vez.
- Frank... - musitó. - Tu y yo... ¿Qué somos tu y yo?
La pregunta me desconcertó tanto que no supe que contestar, y como respuesta solo logré colocar una mano bajo su barbilla y acercarme a él todo lo lenta y suavemente que pude para besarle, controlando la sensación de frenesí que me invadía cada vez que rozaba su piel. Me respondió demasiado enérgicamente, como si fuera aquel beso lo único que necesitaba para confirmar la evidencia; que yo le necesitaba tanto como él a mí. Y tras el beso y con su mano jugueteando con la hebilla de mi pantalón y mis labios resbalando con ansiedad por su cuello, comenzamos otra vez aquel juego secreto y prohibido cuya existencia solo él y yo conocíamos. Y como prácticamente cada vez que habíamos jugado hasta entonces, la partida se vió interrumpida súbitamente por el sonido de los nudillos de Ray aporreando la puerta del garaje, que me hizo separarme de Gerard como si su tacto me quemara. Ambos nos miramos desconcertados, como si no hubieramos sido conscientes de lo que estabamos haciendo hasta el mismo momento en el que dejamos de hacerlo. Tratando de normalizar el ritmo de mi respiración, vi a Gerard levantarse e ir a recibir a nuestro amigo. La pregunta comenzó a resonar en mi cabeza. ¿Qué eramos él y yo?
Ray entró en la habitación dubitativo y nervioso por lo que sabía que debía hacer allí. Hailey también estaba con él, colgada de su brazo izquierdo y llevando a la espalda su guitarra, y por su expresión juraría que era su presencia lo único que le impedía echarse a correr y salir de aquel sitio. Gerard me había dicho que tenía un gran pánico escénico, lo cual no ayudaba para nada en lo que venía a ser tocar en un grupo, pero no perdíamos nada por escucharle tocar un rato... A pesar de que me sentía infinitamente molesto por el hecho de que nos hubiera interrumpido hacía escasos segundos.
Gerard y yo cruzamos un par de miradas cómplices mientras me lamentaba mentalmente de que Ray no hubiera llegado tan solo unos diez minutos más tarde. Hailey debió leernos el pensamiento, porque tras mirarnos fijamente a ambos, no pudo contener una risa nerviosa, y yo sentí que como me sonrojaba estúpidamente, con lo que solo conseguí que ella riera aún más. Perfecto. Otra que nos había pillado. Suspiré.
- Bueno, Ray - comenzó Gerard. - Cuando quieras.
Pocas veces me había sentido tan mal conmigo mismo como la primera vez que vi a Ray tocar. Y esque verle deslizando los dedos rápidamente y con aquella precisión imposible sobre el mástil de su guitarra de color negro brillante, que era como una prolongación de su propio cuerpo, me hizo dudar de si de verdad yo poseía la habilidad con mi instrumento que creía tener y de la que incluso había llegado a alardear. Su interpretación no duró demasiado rato y en su rostro se leía el pánico y la inquietud. Cuando acabó, dejó caer los brazos a ambos lados de los costados, aliviado, y preguntó.
- Bueno... ¿Qué tal?
- Bien. - contestó rápidamente Gerard, con un brillo en los ojos. - Muy bien, y eso que yo no tengo ni idea. ¿Frank?
Con mi autoestima por los suelos, contesté.
- No podemos dejarte que toques con nosotros... - comencé, y el cambio en las expresiones de todos me hizo reír interiormente. Mientras la cara de Ray se congelaba, Gerard me fulminó con una de sus miradas que decían algo así como, "¿te has vuelto loco?" y su rostro mezclaba la sorpresa y el desconcierto. La mejor fue Hailey, que tras haber observado a su novio sentada al lado de Gerard, con un más que evidente brillo de orgullo en los ojos, ahora me dedicaba una mirada que parecía querer asesinarme. Decidí continuar rápido, antes de que resultara herido. - Quiero decir... Más bien deberías dejarnos tú a nosotros tocar contigo. Joder, Ray, eres impresionante. No había visto a nadie tocar tan bien en mi vida.
Todos sonreímos, a la vez. Me pareció un buen principio para nuestro pequeño grupo, que esperaba que pronto se convirtiera en algo grande, muy, muy grande.
Lo que quedaba de tarde transcurrió con normalidad, sin nada digno de mención. La guitarra de nuestro nuevo componente, que por completa unanimidad decidimos que fuera la principal, y la mía se unían perfectamente, y él también tenía un talento innato para componer. Así que dedicamos el resto del tiempo a lo que sería nuestra primera canción. A la hora de irnos, tras despedirse, vimos a Ray pasar un brazo por la cintura de Hailey mientras se alejaban juntos, y Gerard y yo nos quedamos en una incómoda soledad.
- Bueno, tú hoy cenas en mi casa, Gerard. - le invité.
- La verdad es que estoy solo esta noche... Pero igualmente... No es necesario.
- Has estado todo el día soportándome. Creo que te mereces una buena cena, ¿no?
- Como quieras...
Comenzamos a andar en dirección a mi casa en absoluto silencio, escuchando el eco de nuestras pasos en la larga y solitaria calle. No me veía capaz de soportar aquello mucho tiempo.
- Sabes, Gerard... Sobre la pregunta de antes... - dije, en voz apenas audible.
- ¿Cuál? - preguntó, a pesar de que sabía de sobra a lo que me refería.
- Ya sabes... Sobre... Qué somos tu y yo. Creo que he encontrado la respuesta.
- Sorpréndeme, Frank.
- Tu... Tu eres mi amor químico.
Gerard sonrió.
Yuutsu
viernes, 9 de abril de 2010
Capítulo 19 - No podemos dejar que toques con nosotros.
Publicado por Seizethedayordie en 9:42
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