Frank
Miré fijamente el vaso lleno de líquido transparente, como si pudiera ahogar mis miedos y preocupaciones dentro de él. Y cuanto más bebía, más confundido me sentía, pero continuaba haciéndolo, esperando que tarde o temprano, acabara por solucionar algo.
Todo me daba vueltas. Oía voces a mi alrededor, pero entender lo que decían me requería una gran concentración en el estado en el que me encontraba, y eso hacía que la cabeza me doliera insoportablemente, por lo que dejé de intentarlo. Decidí salir a tomar el aire. Por experiencia propia sabía que eso no ayudaba en absoluto, pero me sentía agobiado en el interior de el concurrido bar. Con dificultad, logré salir a la calle. Me senté en la acera, y miré hacia arriba. Las estrellas brillaban de la misma forma que la noche anterior. Eso solo hizo que me sintiera peor.
Alguien estaba sentado a mi lado. Reconocí a una de las - estúpidas - amigas de Alicia. Evidentemente habia bebido también, aunque se veía que estaba mucho más consciente que yo. Recordé su nombre: Amy. Si bien no era la más estúpida del grupo, tampoco me caía bien. Aunque jamás había hablado con ella directamente, así que pensé que no tenía sentido juzgarla tan pronto.
- ¿Te encuentras bien? - preguntó, para mi sorpresa.
- No sé si eres la más indicada para preguntar. - respondí cortantemente, a la vez que me giraba hacia a ella. Pensé que no debía haber contestado de esa forma.
Tan pronto como me paré a mirarla detenidamente, me arrepentí de que su presencia hubiera pasado inadvertida para mí durante tanto tiempo. Y lo que más me llamó la atención fue aquel deje de tristeza en su mirada aparentemente inocente y despierta.
Estaba seguro de que era el tipo de chica que se infravaloraba por completo, aunque no tuviera ningún motivo para hacerlo. Sus facciones tenían un deje infantil que la hacían, simplemente, adorable. Enmarcadas por una cascada de pelo claro, largo y brillante, con algún que otro reflejo pelirrojo, me pareció alguien capaz de partir a cualquiera en dos con tan sólo una mirada. Creo que realmente fue eso, sus ojos oscuros y su forma de mirar, lo que hicieron que me interesara tan profundamente por ella.
No sabía por qué, pero algo me hizo sentirme cómodo a su lado, y a falta de alguien mejor con quien hablar, pregunté.
- ¿Alguna vez te has enamorado de alguien y te has sentido como si en realidad, no estuviera bien?
La pregunta pareció pillarla por sorpresa, y reflexionó unos instantes, mirando al infinito.
- Sí. Definitivamente, sí.
- ¿Y qué se puede hacer?
- Nada. - afirmó rapidamente - Por lo general, nunca es malo enamorarse. Puede que te sientas así, pero en realidad, todo tiene su lado bueno. Solo es cuestión de buscarlo.
- Es que el lado malo es, con creces, mayor que el bueno.
- Entonces... - dudó - Basta con que trates de arreglarlo, ¿no?
Me extrañaba tanto estar manteniendo aquella conversación con aquella casi completa desconocida que no dije nada más. Reflexioné unos instantes hasta que volvió a hablar.
- Es tarde, me tengo que ir. - parecía que le entristecía dejarme.
- Sí, claro... - miré el reloj. Eran las doce. Tal vez yo también debía irme. - Bueno, ya hablaremos otro día, ¿vale?
Aquello que dije creo que me sorprendió tanto a mí como a ella.
- Vale. - asintió, nerviosamente. - Adiós.
Me despedí con un gesto de cabeza y deseé que se hubiera quedado un rato más. La vi alejarse y perderse en la oscuridad de la noche, que ahora parecía más solitaria, más vacía.
Yuutsu
Dedicado a Igua, sin la cual jamás habría escrito nada de esto y en la que está inspirada este capítulo.
viernes, 12 de febrero de 2010
Capítulo XI: Ya hablaremos otro día.
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Capítulo X- Remordimientos.
FRANK
La mañana era fría, las nubes cubrían el cielo y eso le daba a la ciudad un aspecto aún más gris y triste que habitualmente, parecía que iba acorde con mi estado de ánimo.
La mochila a la espalda me pesaba mucho y me entraron ganas de tirarla a la carretera y que todo lo que había en ella y con eso mis propios pensamientos desapareciesen como si no hubiesen existido.
Mi vida era una mierda; el día anterior había podido llegar un paso más en la relación con mi novia, la mejor chica que podía haber imaginado nunca, guapa, lista, divertida…pero sobre todo mil veces mejor persona que yo, y no había sido capaz.
La había rechazado en el momento más íntimo que habíamos compartido en los años que llevábamos juntos, ¡La había rechazado! Pero lo peor de todo era la razón por la que lo había hecho, porque me sentía culpable, porque sentía que estaba traicionando a una persona y porque esa persona era…era sin duda mi mejor amigo.
Evoqué el rostro de Gerard una vez más, la cara tan redonda, los ojos verdes brillantes, llenos de sueños e ilusiones que yo ansiaba cumplir a su lado, su nariz pequeña y perfecta y la piel pálida, contrastando intensa y llamativamente con su pelo negro azabache siempre despeinado y descuidado.
-¡Joder! ¡Mierda, mierda mierda!-exclamé dándole una patada a una farola.
Me hice daño, eso por supuesto, pero descargué la rabia que sentía aunque ante los ojos de los demás debí parecer un loco perturbado, nada nuevo sin embargo.
Le eché una mirada cruel a un descuidado transeúnte que osó si quiera rozarme al pasar a mi lado y entonces me di cuenta de que mi mal humor aumentaba con el paso de los minutos.
Al entrar en el colegio caminé cabizbajo con la mirada fija en el suelo y solo oía lo que ocurría a mi alrededor como un murmullo ensordecido.
Abrí la taquilla para dejar los libros que no necesitaba y la cerré de un portazo para encontrarme de cara con Gerard.
Le miré y entonces algo se me revolvió en el estómago, sentí ganas de echar a correr y al mismo tiempo de lanzarme hacia el y no soltarle nunca.
-Buen…
No le dejé tiempo de hablar y pasé de largo en dirección a clase. Al instante me arrepentí.
Mi maldito orgullo y mi maldito carácter. Algún día cambiaría, pero tal vez ese día sería demasiado tarde.
Luego, solo dejé pasar el tiempo, un tiempo en el que mi cabeza estuvo completamente vacía de ideas, solo una palabra se repetía con intensidad.
GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD. GERARD.
Más tarde apareció sin embargo otro pensamiento, más descabellado, más infantil y sobre todo más y más estúpido.
-Frank, te vienes de copas esta noche-había preguntado Bob.
NO LO DUDARÍA NI UN INSTANTE.
Sweetapocalyptic(L)
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jueves, 11 de febrero de 2010
Capítulo IX: Como dos mitades... Parte II
Gerard
Recogí mi móvil del suelo. No se había roto, por suerte. Necesitaba hablar con alguien, así que marqué de memoria el número de la única persona en la que creía poder confiar.
- ¿Gerard? - contestó una voz femenina, aguda y melódica. - Hacía milenios que no me llamabas...
- Hola, Eva. - saludé, tratando de parecer alegre. - Pensarás que solo te llamo cuando necesito algo, pero lo cierto es que acabo de caer en que hace muchísimo que no sé nada de tí y te echaba de menos. ¿Haces algo esta tarde? - Aquello era una mentira solo en parte. Si bien era cierto que necesitaba algo de ella, también tenía muchísimas ganas de verla.
Ella suspiró.
- Bueno...creo que podré hacerte un hueco. Ya sabes, en el sitio de siempre, la hora de siempre.
- Eh...sí, claro.
- ¿Si? Dime donde hemos quedado entonces.
- Esto...
- Idiota. - se rió. - En la cafetería de al lado de tu instituto. A las seis. ¿Vale?
- Claro. Gracias, Eva.
- No me las des. Preocúpate de no llegar tarde...Te conozco, ¿sabes?
- Me conoces demasiado bien. Allí te veo. ¡Hasta luego! - me despedí, y colgué. En la pantalla del teléfono apareció la hora. Todavía eran las doce. Tenía tiempo suficiente para arreglarme.
Encendí la luz de la habitación. Aunque mi habitación siempre parecía oscura. Era eso lo que me gustaba de ella.
Me miré en el espejo que recubría una de las paredes. Todavía llevaba puesta la ropa del día anterior. La camiseta presentaba varias manchas que no recordaba como me había hecho, y los pantalones se habían rajado por varios sitios distintos. Tras examinarlos desde varios ángulos, decidí que me gustaban más así. Todo en mí parecía decir a gritos que había bebido más de lo debido. Si a eso se le sumaba el pelo sucio y despeinado, de recién levantado, y los ojos enrojecidos de llorar, mi aspecto en conjunto era bastante patético. Definitivamente, lo que necesitaba era una ducha. Traté con todas mis fuerzas de no pensar en Frank, pero al arrastrarme hasta el baño y mirarme más de cerca en el espejo y ver aquella zona de mi cuello ligeramente amoratada, exactamente en el lugar en el que sus labios habían estado, el amargo recuerdo volvió a sacudirme. Lentamente me desvestí. Mi cuerpo desnudo tenía un aspecto enfermizo, cubierto de pequeñas moraduras y marcas de las recientes peleas, muchas de las cuales todavía me dolían. Entré en la ducha con los ojos cerrados y dejé que el agua fría resbalara por mi cuerpo.
~
"Mira que te lo ha advertido, y llegas tarde..." pensé, mientras corría a lo largo de la avenida del lugar en el que había quedado con ella.
Me esperaba sentada en una mesa en un rincón. Esa mesa era "nuestra mesa", la que siempre elegíamos tiempo atrás, cuando frecuentábamos ese lugar cada domingo por la tarde.
Eva era para mí una amiga muy especial. Nos conocíamos desde que nuestra edad podía contarse con los dedos de una mano, y conforme fuimos creciendo, también lo hizo nuestra amistad. No íbamos al mismo instituto, ni siquiera vivíamos demasiado cerca, pero a pesar de todo, siempre había sacado un hueco para estar con ella. En el último año, yo me había acercado más a mi grupo de amigos y nuestra amistad parecía haberse enfriado, pero en el fondo sabía que era una persona en la que siempre podría confiar.
La recordaba como una chica muy guapa. Su color de pelo natural era un castaño claro, pero tenía una aficción casi obsesiva a teñírselo de diversos colores, desde el negro al rojo anaranjado que lucía en aquel momento. Me gustó como combinaba con sus ojos azules.
- Lo siento... - me disculpé, jadeando.
- No tienes remedio...Hola, Gerard. - me sonrió. - Tiempo sin vernos, ¿eh?
Pedimos un batido de chocolate, que compartimos, y pasamos la mitad de la tarde hablando de temas sin importancia. Consiguió hacerme reir varias veces y que me olvidara de Frank, por unas horas. Casi había olvidado lo bien que me sentía a su lado.
- Veo que te has divertido últimamente, ¿eh? - bromeó, en alusión a la marca de mi cuello.
Mi expresión cambió completamente. La sonrisa se borró de mi rostro, y me limité a mirar al suelo.
- Ay...- murmuró. - Va, cuéntame que ha pasado.
- ¿Te he hablado alguna vez de mi amigo Frank? - murmuré.
- Gerard...
Aquello solo me hizo avergonzarme y sentirme todavía peor. Quise que me tragara la tierra. No sabía que estaría pensando Eva en ese momento. "Nada bueno, seguro..."
Y entonces, para mi sorpresa, ella simplemente me abrazó.
Yuutsu.
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Capítulo IX: Como dos mitades... Parte I
Gerard.
Is this the real life? Is this just fantasy?
El tono de llamada de mi móvil me despertó súbitamente. Remoloneé un momento antes de levantarme de la cama, apenas consciente y de mala gana, y agudicé el oído para tratar de averiguar donde se encontraba. No lo conseguí, así que comencé a rebuscar entre los millones de papeles con bocetos y alguna que otra canción que había compuesto que estaban esparcidos sobre mi escritorio, no sin tropezarme varias veces mientras caminaba hacia él. La escasa luz que entraba por mi pequeña ventana no era suficiente para iluminar completamente la habitación, y se mantenía en una semipenumbra en la que me era casi imposible ver con claridad dónde pisaba. "Como para encontrar algo", pensé, desesperanzado.
En ese momento Mikey irrumpió en mi habitación con mi teléfono, abierto, en la mano.
-¿Buscabas esto? - preguntó, con cierto aire cómico, al tiempo que me lo lanzaba. - Es Frank. - susurró estas dos palabras.
-¿Frank? - contesté.
Me pregunté el motivo de su llamada. Repentinamente, todos los recuerdos de la noche anterior me vinieron a la cabeza. La mayoría eran solo vagas imágenes discontinuas, pero uno de ellos prevalecía sobre los demás. Aquel beso que para mí, lo había significado todo.
- Hola, Gerard. Tenemos que hablar.
No supe si entender estas palabras como algo bueno o algo malo. Todo en mí quería interpretarlas como algo positivo, pero algo me decía que tal vez no fuera así. No supe si contestar o dejar que hablara. Él decidió por mí.
- Ayer en la fiesta pasó algo, bueno…yo solamente quería decirte… - parecía dudar. Yo quise decirle todo lo que había significado para mí. Además de el beso más especial que nadie me había dado jamás, por primera vez, había sentido que no estaba solo. De alguna forma Frank estaba conmigo. Y parecíamos encajar de una manera tan perfecta, como si fueramos dos mitades de un todo, hechos el uno para el otro.
Me asustó el sorprenderme a mi mismo pensando de esta manera. Él era mi mejor amigo, tenía novia, que para colmo era la mejor amiga de mi hermano, y...había algo que me hacía pensar que aquello no estaba bien. Cualquiera habría pensado que no estaba bien. Sentí una punzada de remordimiento, pero lo ignoré y quise explicarle a Frank todo lo que pensaba sobre ello.
- Sí, el beso. - Comencé. - Te entiendo, para mí, no sé…Frank, para mí… - estaba nervioso, y no me salían las palabras.
- No significó nada, lo sé - dijo, antes de que pudiera expresarme - Y por eso es por lo que nadie tiene que saber nada. ¿No?
Aquellas palabras me golpearon con tal fuerza que creí que me tirarían al suelo. De verdad para él no había sido nada. Durante unos segundos le odié y me negué a contestarle. Y me sentí estúpido por haber pensado que correspondería mis sentimientos. Después pensé en gritarle todo lo que sentía, en presentarme en su casa y volver a besarle, sin más, y finalmente y en contra de mi voluntad, opté por llorar.
- No, claro que no, Frank, no se lo diré a nadie. - Contesté con voz entrecortada, y tratando de disimular que aquello que acababa de decirme me había destrozado.
-¡Gracias, Gerard!¡Muchas gracias! - exclamó. El tono de alivio en su voz todavía me dolió más.
-De nada… Adiós Frank. - Me despedí, mientras trataba de limpiarme las lágrimas que rodaban por mis mejillas con una mano temblorosa.
- Adiós, Gerard. - lancé el móvil contra la pared, chocó con ella y cayó al suelo. Posiblemente se habría roto. No me importaba. Con una mezcla de rabia, impotencia, dolor y la más amarga confusión me dejé caer sobre la cama pesadamente. Hundí la cabeza en la almohada mientras daba puñetazos en el colchón con los puños apretados tan fuertemente que dolía.
- Estúpido insensible. - Murmuré. - Estúpido, estúpido, estúpido... Y lo peor... Lo peor es que aunque quiera, no te puedo odiar.
Yuutsu.
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Capítulo VIII- Suave.
FRANK
Suave, dulce, húmedo, pero sobre todo perfecto…
Aquella mañana me desperté tarde, estaba agotado de la noche anterior, pero sobre todo estaba confuso.
No había podido pegar ojo apenas, tenía demasiadas cosas en las que pensar y ninguna de ellas me reconfortaba.
Era una estupidez, un maldito juego, no había nada detrás del beso que habíamos compartido, Gerard era mi mejor amigo y punto. Una chorrada, solo eso.
Pero…aún así, había sido estúpido por mi parte comportarme así, me había faltado tiempo para engañar a Alicia en el momento en el que me había desecho de ella… ¡No! No era engañarla porque no había pasado nada…
Me incorporé sobre la cama y entorné los ojos, todavía tenía sueño pero no pensaba volver a intentarlo.
Al levantarme le di una patada a las zapatillas, más sucias aún que el día anterior. Bajé al salón como un muerto, más lejos de allí de lo que cabía imaginar.
Mi madre no estaba, no tenía ni idea de a donde había ido, pero tampoco me importaba; desde que había aprendido a prepararme la comida solo ella me ignoraba.
A veces me creía que era una ventaja, pero…luego me daba cuenta del error cuando añoraba que me hubiera contado cuentos, que me hubiera ayudado a estudiar o que ahora se preocupase de con quien iba o con quien dejaba de ir.
Encendí el televisor y alcancé la bola de palomitas, echaban un programa de videos musicales y con un golpe brusco y malhumorado lo apagué tirando el mando sobre la mesa.
Me recosté sobre el sofá y alcancé el teléfono, dudé un segundo y luego marqué el número de mi mejor amigo.
-¿Si?-la voz al otro lado del teléfono era un tanto enfermiza.
-Mike, soy Frank-suspiré- ¿Puedo hablar con Gerard?
-Claro-escuché como gritaba el nombre de su hermano e iba en busca de este.
No tardó ni un minuto en contestar.
-¿Frank?
-Hola Gerard-le saludé-Tenemos que hablar.
Se hizo el silencio al otro lado de la línea.
-Ayer en la fiesta-comencé-pasó algo, bueno…yo solamente quería decirte…
-Sí, el beso-afirmó, como si no le costase decirlo- te entiendo, para mí, no sé…Frank, para mí…
-No significó nada lo sé-le interrumpí-Y por eso es por lo que nadie tiene que saber nada ¿No?
Volvió a hacerse el silencio.
-No claro que no Frank, no se lo diré a nadie.
-¡Gracias Gerard!-exclamé aliviado-¡Muchas gracias!
-De nada…Adiós Frank.
-Adiós Gerard.
Colgué el teléfono, inesperadamente aliviado.
Sin apagar la televisión subí al piso de arriba bastante más animado y quitándome la ropa por el camino me metí en la ducha, dejando que el agua me relajase los músculos y me tranquilizara un poco.
Al salir me puse la toalla y me tumbé en la cama.
Al fin, el sueño llegó.
*
Al despertarme alguien me había tapado con una manta. Sonreí, al menos se ocupaba de que no me diera una hipotermia.
Miré el reloj de la mesilla comprobando que había dormido nada menos que veinticuatro horas completitas.
Al día siguiente no tendría problema en madrugar, desde luego.
Me sobresalté al notar la vibración del móvil en el bolsillo.
Alicia.
-¡Fraaaank!-su voz sonaba extremadamente aguda al otro lado del aparato-¿Se te había tragado la tierra o que?
-No no, estaba durmiendo-sonreí.
-Bien bien, bueno, me dices que te parece si quedamos esta tarde tu y yo-no me preguntaba, estaba confirmándolo. Esa tarde íbamos a quedar.
-Me parece perfecto-asentí- ¿A que hora te viene bien?
-Me paso por tu casa a las cuatro y media.
-Perfecto, te quiero Alicia.
-Yo más.
Me apresuré a cambiarme de ropa, vistiéndome con una camiseta negra de manga corta y unos pantalones vaqueros, estos no tan destrozados como los otros y unas zapatillas la mitad de sucias que las que había llevado la noche de la fiesta.
Apenas me había dado tiempo de arreglarme el pelo y cambiarme que el timbre de la puerta sonó con urgencia.
Bajé a abrir rápidamente, Alicia llevaba unos pantalones vaqueros ajustados a las piernas y unas zapatillas de color negro que contrastaban con la sudadera blanca dos tallas más grandes de la que le correspondía que llevaba puesta.
-Buenas-la saludé con una sonrisa.
Me miró con ojitos y me dio un suave beso en los labios, luego pasó al salón con paso decidido.
Cerré la puerta con cuidado y fui tras ella.
Estaba sentada con las piernas cruzadas.
-Dime Frank, no te vi en la fiesta del otro día.
-Si que me viste-repliqué.
-Oh no no no no, no te vi.
-Alicia cielo estabas borracha como no te puedes imaginar y estuve contigo.
Mi mentira sonó más realista al haber una parte de verdad.
-Si tú lo dices…-en el fondo sabía que ella quería tener la razón, pero para evitar sacar el tema me senté a su lado y la besé en los labios con ternura.
Me pasó los brazos por el cuello y me recosté sobre ella. El sabor de su boca en la mía me volvió loco y ansié tenerla más cerca.
Cruzó sus piernas alrededor de mi cintura y me mordió en el labio suavemente haciendo que se me escapase un pequeño gruñido desde el interior de mi garganta.
Fue entonces cuando ella introdujo la lengua en mi boca y me aparté bruscamente.
-¿Qué pasa?-preguntó alarmada.
-Nada…
Por un momento el sabor de la boca de Alicia no había sido el que yo esperaba, echaba de menos otro sabor y no era algo que me tranquilizase.
Para evitar que se preocupara volví a echarme sobre ella y seguí donde lo habíamos dejado, no sin seguir pensando en la sensación que acababa de tener.
Alicia me acarició el pecho con ternura y introdujo la mano debajo de mi camiseta, la sentí fría y me estremecí, eso pareció gustarle y siguió jugueteando conmigo un rato hasta que su mano se deslizó un poco más abajo.
Empezó a desabrocharme el pantalón y deslizó sus dedos hacia mi entrepierna.
-Alicia-la llamé pero ella pareció hacer caso omiso y siguió en lo que se proponía-Alicia.
-¡Joder Alicia!-le sujeté de las muñecas y me aparté de ella-Para por favor.
Esto último lo añadí para no sonar tan brusco y la miré entristecido.
-¿Pero que te pasa Frank?-me miró preocupada.
No contesté, no tenía ni idea.
sweetapocalyptic(L)
Y este capítulo se lo dedico a la señorita Cuquedudeldú que aparecerá tarde o temprano entre estas líneas.
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sábado, 6 de febrero de 2010
Capítulo VII: Césped.
Gerard.
Supongo que alguien como yo definitivamente no encaja en ninguna parte. Y por eso, entre aquella multitud de gente, despreocupada, feliz, me sentía completamente fuera de lugar. La gente sonreía, me hablaba, y yo no era capaz de responderles. Mi mirada nerviosa recorrió la habitación en busca de Frank. Hacía tiempo que me había dado cuenta que era la única persona con la que me apetecía hablar. Sin hacer ningún esfuerzo por ocultar mi decepción al no encontrarle, arrastré los pies hacia la puerta. Decidí que no quería quedarme ni un segundo más allí dentro.
Las voces y el ruido del interior de la casa se apagaban conforme me alejaba de ella, hasta convertirse en un tenue pero molesto murmullo a mi espalda. No me preocupé tampoco de si alguien me estaría mirando o de lo que la gente pensaría cuando me viera allí cuando me tumbé cuan largo era sobre el húmedo césped del jardín. Las estrellas brillaban en el cielo oscuro, sobre mi cabeza. Me quedé unos instantes contemplando la belleza de aquello, esos miles de puntos brillantes que adornaban el firmamento.
- ¿No te sientes pequeño e insignificante bajo tantas estrellas? - murmuró una voz aguda que pude identificar a la perfección. Frank se había tumbado a mi lado a tan solo un par centímetros de mí. Se había retirado el flequillo de la cara, y miraba hacia el cielo con atención.
- Siempre me siento insignificante. Pero mirar a las estrellas, realmente me tranquiliza. Las hay grandes, pequeñas, unas siguen ahí y otras podrían haberse apagado hace millones de años. Y sin embargo, las vemos a brillar a todas en un perfecto equilibrio. Eso me hace pensar que, tal vez llegue el día en el que yo también encuentre mi propio equilibrio. A lo mejor un día, todos mis problemas se acabarán. Lo que no puedo dejar de preguntarme es qué puedo hacer para que llegue ese día...
- ¿Sabes? Se dice que todas las estrellas tienen otra estrella exactamente igual a ellas, una estrella gemela. Tal vez lo único que necesitas es el apoyo de esa estrella gemela, Gerard. En cualquier caso, sabes que siempre estaré aquí, para ayudarte.
El cielo había perdido todo su interés para mí. Ahora nos mirabamos a los ojos.
No estoy seguro de como ocurrió. Incluso me costó creer que estuviera sucediendo. Solo sé que comenzamos a acercarnos, un poco, y un poco más, hasta que mis labios rozaron los suyos y nos besamos de la forma más lenta y dulce que jamás habría podido imaginar. Y sin pensar en nadie más ni en las consecuencias que aquello podría traerme, me perdí en aquel beso que lo significó todo. Y mientras trataba de controlar el desbocado latido de mi corazón y escuchaba nuestras aceleradas y acompasadas respiraciones, sonreí, pensando que a lo mejor, sin apenas buscarla, había encontrado a mi estrella gemela.
Yuutsu.
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viernes, 5 de febrero de 2010
Capítulo VI- Eres tonto.
FRANK.
Dejé la guitarra sobre la cama aún deshecha, se produjo el típico sonido vibrante al recibir el golpe.
Alcancé unos vaqueros que colgaban del respaldo de mi silla, luego abrí las puertas del armario y elegí una camiseta de manga corta.
Me giré para observar mi reflejo en el espejo. Todavía llevaba el pijama puesto, una mala costumbre que había adquirido en los últimos meses, me miré e inconscientemente me atribuí un aspecto enfermizo y carente de personalidad.
Rápidamente me deshice de la ropa, ¿Siempre había estado tan delgado? ¿Por qué mi piel estaba tan blanca últimamente?
Suspiré y me puse los vaqueros, extremadamente rotos, fruto del mal uso que habían llevado; la camiseta, de color malva, mi favorito, adornada con algunas rayas negras sin sentido.
Me calcé las zapatillas, también destrozadas y con un pequeño peine que reposaba sobre la mesilla me arreglé el flequillo. Observé mi rostro de cerca y suspiré una vez más.
¡Pero por qué me resultaba tan desagradable! Esos ojos, que a pesar de ser verdes como los de Gerard, carecían por completo de su misma luminosidad, esa nariz pequeña y respingona…Me tapé un poco más la cara con el flequillo.
“-Así está mejor-pensé mientras cogía la cartera y las llaves y salía de la habitación.”
Al pasar por el salón, mi madre me miró de manera ausente.
-Volveré tarde mamá-susurré, a pesar de saber que no me haría caso, nunca lo hacía, no se lo reprochaba.
Cerré la puerta con demasiada fuerza y salí a la calle.
Estaba ya bastante oscuro, saqué el móvil del bolsillo y busqué en la agenda. GERARD.
Sonó un par de pitidos y al momento el teléfono me devolvió su voz.
-Frank.
-¡Hey Gerard!-le saludé-Voy ahora de camino a casa de Bob, ¿Has salido ya de tu casa?
-Mm-escuché que dudaba al otro lado del teléfono-¿Para que lo quieres saber?
-Joder…pues no se por hablar y tal tío…-mi voz empezó a subir un par de tonos-¡Pues para que lo voy a querer saber más que para pasar a buscarte!
Empezó a reírse al otro lado y se me escapó una sonrisa.
-Eres tonto Gerard-musité.
-Eso ya lo sabía Frank, nos vemos.
Me colgó y me quedé con el móvil en la mano todavía sonriendo.
Cuando llegué a casa de Gerard, este me esperaba ya fuera, vestido completamente de negro, como había supuesto y con un cigarrillo apagado en la boca.
Sin mediar palabra se unió a mi marcha y empezamos a andar en dirección a casa de Bob.
Mi amigo vivía en una gran casa de dos pisos.
Sus padres nunca estaban en casa, siempre tenían que viajar, o bueno, esa era la excusa que le ponían a él para desentenderse de los problemas que la adolescencia había ido creando, solo recordaba haber hablado una vez con su padre. Teníamos trece años y su padre estaba sentado en el amplio sofá que había en el cuarto de estar, Bob me presentó como “Mi amigo Frank”, y la frase de su padre fue algo así como Hijo mío, ¿Este sujeto es el que te ha convertido en un engendro melenudo que viste cual mendigo? Mi reacción fue de la risa, eso antes de ver la mirada de desaprobación que me echaba el hombre. Luego lo recordaría como un evento gracioso, pero en ese momento, lo diré, con una frase un poco desagradable, se me pusieron los huevos de corbata.
Su padre era un señor barbudo de cuarenta y tres años que medía dos metros que aplastaban a mi metro cincuenta de ese momento.
La “mansión” estaba tal y como la recordaba, la música se escuchaba desde la calle y la puerta estaba abierta.
Dentro, el panorama no era muy diferente de cómo lo había imaginado.
Localicé a Alicia colgada del brazo de Mike y con un vaso en la mano, me acerqué a ellos con Gerard detrás.
-¿Mike, que haces aquí?-preguntó mi amigo.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡FRAAANKIEEE!!!!!!-la voz de Alicia resonó por encima de todo y se me lanzó a los brazos, encontrando su boca demasiado rápido.
Sin dudar un momento me deshice de ella y la sujeté por la cintura.
-¿Nos hemos pasado un poco no?-le pregunté mientras me sonreía abrazándome de nuevo.
-A…Alicia me invitó a venir y yo…-Mike parecía apurado dándole explicaciones a su hermano.
Los abandoné un poco y me acerqué al grupo de amigas de Alicia que siempre me habían desagradado; sus risas estúpidas (y no es algo de lo que yo me pueda quejar), su falsedad y la cantidad de tontadas que podían llegar a decir en una conversación me sacaban de quicio.
-Eh-mi voz sonó más a un gruñido que a un saludo, al momento sus voces repelentes empezaron a reírse de algo que solo ellas entendían-Alicia se queda con vosotras.
Una de ellas, la más tonta, si, creo que se organizaban por jerarquía, la más tonta era siempre la portavoz, prefería pensar eso a lo contrario, se acercó para sujetar a Alicia no sin antes mirarme de arriba abajo.
-No te preocupes Frank-me guiñó un ojo, ante lo cual estuve a punto de replicar de manera desagradable, pero me di la vuelta en busca de Gerard.
Sweetapocalyptic (L)
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miércoles, 3 de febrero de 2010
Capítulo V: Me gusta como besas.
Frank.
En aquel momento experimentaba una felicidad indescriptible. No me importaba que fueran las ocho menos cuarto de la mañana, ni que aquel fuera otro triste día de instituto exactamente igual que el anterior. No; el motivo de mi felicidad era la chica de pelo oscuro que rodeaba con mis brazos y que me besaba, suave y dulcemente.
Alicia tenía una forma de besar extraña, inquietante. Posaba sus labios sobre los míos como si fuera lo que más deseara en el mundo y a la vez, le aterrorizara hacerlo. Nunca llegué a entender por qué. Y sonreía, siempre sonreía, y eso me volvía loco.
Sus ojos grises me miraron y yo me perdí en su interior, tratando de adivinar que pensaba, que sentía. Nunca lo conseguía. Sin embargo, ella me leía como un libro abierto. Me preguntaba si todo el mundo podría mirar a través de mí con esa facilidad. Deseaba con todas mis fuerzas que no.
El sonido agudo del timbre me recordó que, a pesar de todo, me quedaban seis horas del más absoluto y continuo aburrimiento. Con desgana recogí mi mochila del suelo y cambiné con aire ausente al interior del edificio. Un beso en la mejilla y me despedí de Alicia, que para mi desgracia apenas compartía clases conmigo, y me dirigí a la clase de Biología.
Me desplomé pesadamente sobre mi silla y saludé con un gesto de cabeza a Jamia y Bob, que charlaban animadamente. Me sorprendió lo que habían intimado ultimamente esos dos. Reparé en que Gerard, que acostumbraba a sentarse a mi lado, no estaba allí. Eso me alarmó. No había sabido nada de él desde la pelea, ni siquiera sabía como se encontraba. Me sentí estúpido por no haberlo recordado antes.
Maldiciendome a mí mismo saqué los libros de la mochila mientras la clase empezaba. El profesor comenzó a hablar, pero yo no le escuchaba; sus palabras eran solo un murmullo lejano para mí. Estaba demasiado preocupado por Gerard. Arranqué un pedazo de papel de la esquina de un cuaderno y escribí, con letra pequeña y desigual.
¿Sabes algo de Gerard?
La doblé cuidadosamente y se la lancé a Jamia, con toda la discrección posible. El papel aterrizó justo encima de su pupitre. Solo tardó unos segundos en contestar.
No ha venido a clase...Estás preocupado, ¿verdad?
Sí. Escucha,Jamia, como no aparezca antes de que acabe la hora voy a saltarme la próxima clase y voy a ir a por él. Tengo miedo de lo que hayan podido hacerle.
Como quieras. Yo te cubro, me inventaré que has ido a la enfermería o algo así. Pero no tardes mucho...
Gracias.
Pasé el resto de la clase inquieto, contando los minutos para salir. Cuando el timbre sonó, salí corriendo, sin pensármelo dos veces. Corrí y corrí, por todos los sitios en los que se me ocurría que podría estar.
Encontré a Gerard en una de las calles, sentado en el borde de la acera, encogido sobre sí mismo. Me senté a su lado y le puse una mano en el hombro.
-Gerard...-musité- ¿Estás bien?
-No. -contestó, tajantemente- ¿No deberías estar en clase?
-Estaba preocupado por tí. Pensaba que te habrían hecho algo, o...
-Ese es el problema. No entiendo por qué tienen que meterse conmigo, no lo entiendo. Pero no lo aguanto más. Estoy harto de ser el débil, de que mis amigos tengan que defenderme. Me siento una carga para vosotros, como si tuvierais que cuidar de mí constantemente, y odio eso. Los estudios tampoco me interesan, así que lo más probable es que no vuelva al instituto.
-Joder, Gerard. Mírame, joder. - Levantó la cabeza hacia mí. El flequillo le tapaba los ojos. - No te hagas esto, no lo hagas, no arruines tu futuro. Solo queda un año de instituto y después, podremos hacer lo que queramos. No van a volver a pegarte, no vamos a permitírselo. Tienes que plantarles cara, Gerard. Es la única solución. Después, acabar el instituto, y luego, cumpliremos nuestro sueño. Los dos juntos. Vamos a formar un grupo, y lograremos que todo el mundo nos conozca. Y la gente que como tú, como nosotros, se ha sentido jodida y pisoteada por todo el mundo, escuchará nuestras canciones y encontrará las fuerzas para decir: No, estoy por encima de vosotros. Salvaremos sus vidas. Todo saldrá bien, te lo prometo. Confía en mí. Un año, y lo lograremos.
El guardó silencio ante mi discurso improvisado.
-Bueno- dije, tratando de quitarle hierro al asunto- Entonces, vienes a la fiesta mañana, ¿no?
Se retiró el pelo de la cara, dejando al descubierto sus brillantes ojos verdes, anegados en lágrimas, y sonrió, a la vez que asentía.
Yuutsu.
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Etiquetas: Bob Bryar., Frank Iero, FRERARD, Gerard Way, Jamia Nestor, My Chemical Romance
lunes, 1 de febrero de 2010
Capítulo IV-Alicia.
FRANK
El día que vi aparecer a Gerard por la puerta del colegio, no pude evitar que mi cara esbozase una sonrisa de lo más estúpida. Con Bob detrás de mío, caminé hacia él.
-Te ha costado volver, cabrón-gruñó Bob y le palmeó la espalda, haciendo que Gerard diese un paso en falso en mi dirección.
-¡Ey Gerard!-exclamé tendiéndole la mano, pero él la esquivó y me revolvió el pelo, haciendo que se me escapase una carcajada lejos de lo normal.
Me quedé con una cara muy patética que apresuré a cambiar al ver que Bob me miraba.
-¡Joder que coñazo ir a clase, te podrías haber quedado en casa!-al momento noté la mirada de Gerard, había sido yo el que le había insistido en que volviera, le correspondí con una cara de circunstancias. Él se rió y me empujó suavemente al interior de la clase.
Apenar pude prestar atención, me llamaron la atención varias veces, pero no me importó.
Prácticamente me pegué toda la mañana dando botes en mi silla, esperando con nerviosismo la hora de salir.
Al fin, sonó la campana, me levanté de un salto y salí por la puerta, encontrándome de frente con Jamia.
-¡Oh!-exclamó bajando la cabeza-Venía a buscarte para decirte que Alicia me ha dicho que te diga que ella dice…
-¿Qué?-pregunté distraído.
-Que Alicia dice que vayas a verla, que te espera detrás del colegio…
-¡Jamia!-escuché la voz de Bob y aproveché para escabullirme entre la gente.
Alicia y yo habíamos empezado a salir a los dieciséis años, éramos amigos desde siempre y nunca fue para mi algo más que eso. Una simple amiga.
Todo cambió un día, Alicia jugaba al tenis, desde siempre, desde que yo podía recordar la imaginaba con sus falditas cortas y sus deportivas, esa era mi Alicia.
Cuando cumplimos los quince, Alicia estaba tan ocupada con el deporte que solamente podía disfrutar de su compañía si iba a verla entrenar.
Así se convirtió en una costumbre, todos los domingos, a las ocho de la mañana me presentaba en el pabellón de deportes y la observaba, correr de un lado a otro, golpear la pelota, apartarse el pelo de la cara, ganar a sus compañeras y disfrutar de su sonrisa o perder y tener que consolarla diciéndole que lo haría mejor la próxima vez.
Creo que sería uno de esos días, de esas mañanas en las que después de tanto esfuerzo nos íbamos a desayunar y hablábamos. Me enamoré de ella.
No me decidí a confesarle lo que sentía hasta un frío invierno, un año después.
Estábamos en la cafetería, Alicia estaba disfrutando de su café mientras yo observaba como se le quedaba la marca del cacao en los labios de una manera demasiado inocente.
Fue mirarla a los ojos y tener que decírselo.
Alicia no contestó, se limitó a darle vueltas al café, para luego mirarme a los ojos y decirme que ella no sentía eso y que no me quería perder como amigo.
Para mí fue como un golpe en el estómago, me deprimí, dejé de estar feliz al lado de Alicia y me distancié de ella. Entonces un mes después, cuando toda esperanza que hubiera podido tener se había desvanecido. Entonces, llegó ella. De nuevo.
Me miró a los ojos, me cogió de las manos y me dijo que me amaba, que me necesitaba a su lado como algo más que un amigo y que lamentaba no haber podido darse cuenta antes, que había tenido que perderme para poder descubrir que su vida no tenía sentido sin mí.
Fue el día más feliz de mi vida.
La encontré apoyada contra la pared, mirando hacia el cielo, me acerqué a ella y sin mediar palabra pasé mis brazos por su cintura y empecé a besarla con pasión.
-F...Frankie-gimió apartándome de ella.
La miré con expectación, sus ojos grises sonreían y el pelo negro caía a ambos lados de los hombros. Su piel pálida contrastaba con este hecho y la hacía parecer como una princesa de nieve.
Siempre me había recordado a eso. Sonreí para mi mismo.
Volvía besarla recorriendo el perfil de sus labios y acariciándole la espalda con suavidad. Solamente por momentos como ese me alegraba de haberme sincerado con ella.
Durante ese momento que me distraje Alicia aprovechó para morderme el cuello con delicadeza.
Simplemente la dejé hacer, resguardándome en su melena oscura, hasta que de repente la maravilla terminó.
-¡Frank, Alicia!-era Jamia que llegaba corriendo.
Nos separamos al instante sin apenas darnos cuenta de lo que estaba ocurriendo realmente.
-Frank, Frank-repetía mi nombre como un disco rallado- A Gerard y a Bob, les están pegando…otra vez.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Me ausentaba un momento y ya la tenían liada.
Crucé una rápida mirada con Alicia en la que ella me lo dijo todo.
-¿Dónde están?
-Delante del colegio, en la explanada.
Los tres echamos a correr en la misma dirección, yo rezaba para que no se hubieran pasado demasiado y me preguntaba que tenían en contra de mi amigo. ¿Qué les había hecho él para que le pegaran día si y otro también? ¿Debíamos haber contado lo de la pelea cuando le rompieron la pierna? ¿Era esa la única manera de que le dejasen en paz de una maldita vez?
Cuando llegué a la escena fue más o menos como me la imaginaba, Gerard se tenía en pie, el labio le sangraba exageradamente y llevaba algunas marcas en los brazos, Bob estaba intacto y le arreaba a uno de los del grupo de Matt sin ningún tipo de miramiento.
Me acerqué dejando a Jamia y Alicia detrás de mí y le pegué un buen puñetazo en la mandíbula al que le estaba pegando a Gerard.
El imbécil cayó al suelo, sorprendido y dolorido al mismo tiempo.
-¿Podríais dejarle en paz de una puta vez?-creo que mi voz sonó demasiado convencida, o tal vez la sorpresa de mi entrada en escena, más amenazante que habitualmente, pero Matt me miró desde su impresionante altura.
-Que te jodan maricón.
Mentiría desde luego si dijera que esa frase no me molestó, pero realmente no me importó que me llamase cualquier cosa con tal de que dejase en paz a Gerard.
Los cuatro que le estaban pegando, incluido al que había tirado yo al suelo se fueron con la mayor dignidad posible, no sin soltar alguna amenaza más contra nosotros.
Me acerqué a Gerard en silencio, me arrodillé ante él y le miré a la cara, en la que había un gran moratón.
-Siento no haber estado aquí antes-me disculpé.
-No Frank-negó incorporándose un poco y esbozando una mueca de dolor-Tú no tienes la culpa, más bien debería darte las gracias, es la segunda vez.
-Y ten por seguro que la última-gruñí por lo bajo mientras dejaba a mi amigo solo y me disponía a acabar con esa mierda de una vez por todas.
Sweetapocalyptic(L)
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Capítulo III: Quiero hacerlo contigo.
Frank.
Las dos semanas de reposo de Gerard transcurrieron rápidamente para ambos. Iba a visitarle diariamente, unas veces acompañado de Alicia, Jamia, Bob y los demás y otras, la mayoría, solo. Fueron estas veces en las que compartimos tantos momentos especiales, y las que me hicieron darme cuenta de que, si él antes era un amigo cercano, ahora podía afirmar que era mi mejor amigo, y creo que él pensaba lo mismo. Aunque decía que no le gustaba que fuera a verle tan a menudo porque le hacía sentirse como si de verdad estuviera enfermo, yo sabía que en el fondo quería mi compañía. Incluso había llegado a saltarme clases para poder estar con él.
Mis zapatillas, sucias y rotas, rozaban contra el asfalto de Belleville. Con la guitarra a la espalda, caminaba hacia la casa de Gerard, como ya era costumbre todas las tardes después de clase. Le había hecho prometer que este sería el último día que se quedaría en casa. Gerard ya se había recuperado completamente. y aunque me apenaba dejar atrás todas esas tardes juntos, no era bueno para él que faltaba a clase tanto tiempo. Él se reía a menudo de mí por comportarme a veces como si fuera su padre, más que su amigo.
Ni siquiera tuve tiempo de llamar al timbre. Gerard me esperaba, apoyado en la puerta de su casa, fumando. Sonrió al verme, y me ofreció una calada.
- Ya ni te molestas en fingir sorpresa cuando vengo...Si quieres que te deje solo, puedes decírmelo, ¿eh? - bromeé, al tiempo que la aceptaba.
- No seas estúpido - contestó, y echó una ojeada al objeto que cargaba en la espalda. - ¿La has traído?
- Claro - sonreí - ¿Subimos?
Comenzamos a ascender por las escaleras. La habitación de Gerard era oscura, muy oscura. Estaba situada en la buhardilla de la casa, por lo que el techo estaba inclinado hacia ambos lados, y la única luz que entraba desde el exterior provenía de una pequeña ventana en la parte superior de la pared central. El suelo era de madera, y las paredes estaban completamente cubiertas de dibujos y bocetos hechos por el propio Gerard. A la izquierda estaba el escritorio, permanentemente desordenado y cubierto de papeles. A su lado, el armario, con las puertas entreabiertas que dejaban ver el desorden en el interior, y al otro lado la cama, bajo los pies de la cual descansaba la guitarra de Gerard, enchufada a uno de sus amplificadores. Deposité la mía sobre su cama y me senté en el suelo. La habitación era realmente espaciosa, pero la decoración hacía que pareciera mucho más pequeña y oscura. Me gustaba esa sensación.
Gerard sacó mi guitarra de la funda y comenzó a tocar una melodía conocida, pero que no supe decir a qué canción pertenecía. Se la arranqué de las manos y me puse a tocar yo, esta vez una canción de the Misfits. Sabía que era su favorita, y vi como seguía la letra moviendo los labios, sin emitir sonido alguno. Me detuve en seco. Acababa de tener una idea.
- Canta. - le ordené, mientras le miraba fijamente.
- No. - Rehuía mi mirada.
-Hazlo, Gerard. Sé que sabes hacerlo. - Insistí. Ví como asentía levemente.
Volví al principio de la canción. Gerard comenzó a cantar al ritmo de mis acordes. Me gustó como combinaban su voz y mi guitarra. Parecían estar hechos para sonar juntos. La canción continuaba y nosotros seguíamos concentrados, como hipnotizados con cada nota y compenetrados como no lo habíamos estado nunca. Al acabar, Gerard escondió la cabeza entre sus rodillas, avergonzado. Me apresuré a hablar.
- Gerard, tío, eso ha sido...Impresionante. Cantas jodidamente bien - no decía ninguna mentira, pero algo me dijo que el no se lo creía.
- Yo...- continué - Joder, Gerard, formar un grupo siempre ha sido mi sueño. Pero no sé cantar, y no tengo una habilidad especial tocando la guitarra. Pero ahora te veo a tí, con esa voz...y...y... - no me salían las palabras - Me he dado cuenta de que quiero llegar a ser alguien en el mundo de la música, y quiero hacerlo contigo, Gerard.
Su mirada se perdía en el infinito. Hubo un minuto de silencio, tal vez dos, y luego reaccionó.
- Lo haremos, Frank. Tu y yo. Te lo prometo.
Yuutsu.
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Etiquetas: Frank Iero, FRERARD, Gerard Way, My Chemical Romance