Frank.
En aquel momento experimentaba una felicidad indescriptible. No me importaba que fueran las ocho menos cuarto de la mañana, ni que aquel fuera otro triste día de instituto exactamente igual que el anterior. No; el motivo de mi felicidad era la chica de pelo oscuro que rodeaba con mis brazos y que me besaba, suave y dulcemente.
Alicia tenía una forma de besar extraña, inquietante. Posaba sus labios sobre los míos como si fuera lo que más deseara en el mundo y a la vez, le aterrorizara hacerlo. Nunca llegué a entender por qué. Y sonreía, siempre sonreía, y eso me volvía loco.
Sus ojos grises me miraron y yo me perdí en su interior, tratando de adivinar que pensaba, que sentía. Nunca lo conseguía. Sin embargo, ella me leía como un libro abierto. Me preguntaba si todo el mundo podría mirar a través de mí con esa facilidad. Deseaba con todas mis fuerzas que no.
El sonido agudo del timbre me recordó que, a pesar de todo, me quedaban seis horas del más absoluto y continuo aburrimiento. Con desgana recogí mi mochila del suelo y cambiné con aire ausente al interior del edificio. Un beso en la mejilla y me despedí de Alicia, que para mi desgracia apenas compartía clases conmigo, y me dirigí a la clase de Biología.
Me desplomé pesadamente sobre mi silla y saludé con un gesto de cabeza a Jamia y Bob, que charlaban animadamente. Me sorprendió lo que habían intimado ultimamente esos dos. Reparé en que Gerard, que acostumbraba a sentarse a mi lado, no estaba allí. Eso me alarmó. No había sabido nada de él desde la pelea, ni siquiera sabía como se encontraba. Me sentí estúpido por no haberlo recordado antes.
Maldiciendome a mí mismo saqué los libros de la mochila mientras la clase empezaba. El profesor comenzó a hablar, pero yo no le escuchaba; sus palabras eran solo un murmullo lejano para mí. Estaba demasiado preocupado por Gerard. Arranqué un pedazo de papel de la esquina de un cuaderno y escribí, con letra pequeña y desigual.
¿Sabes algo de Gerard?
La doblé cuidadosamente y se la lancé a Jamia, con toda la discrección posible. El papel aterrizó justo encima de su pupitre. Solo tardó unos segundos en contestar.
No ha venido a clase...Estás preocupado, ¿verdad?
Sí. Escucha,Jamia, como no aparezca antes de que acabe la hora voy a saltarme la próxima clase y voy a ir a por él. Tengo miedo de lo que hayan podido hacerle.
Como quieras. Yo te cubro, me inventaré que has ido a la enfermería o algo así. Pero no tardes mucho...
Gracias.
Pasé el resto de la clase inquieto, contando los minutos para salir. Cuando el timbre sonó, salí corriendo, sin pensármelo dos veces. Corrí y corrí, por todos los sitios en los que se me ocurría que podría estar.
Encontré a Gerard en una de las calles, sentado en el borde de la acera, encogido sobre sí mismo. Me senté a su lado y le puse una mano en el hombro.
-Gerard...-musité- ¿Estás bien?
-No. -contestó, tajantemente- ¿No deberías estar en clase?
-Estaba preocupado por tí. Pensaba que te habrían hecho algo, o...
-Ese es el problema. No entiendo por qué tienen que meterse conmigo, no lo entiendo. Pero no lo aguanto más. Estoy harto de ser el débil, de que mis amigos tengan que defenderme. Me siento una carga para vosotros, como si tuvierais que cuidar de mí constantemente, y odio eso. Los estudios tampoco me interesan, así que lo más probable es que no vuelva al instituto.
-Joder, Gerard. Mírame, joder. - Levantó la cabeza hacia mí. El flequillo le tapaba los ojos. - No te hagas esto, no lo hagas, no arruines tu futuro. Solo queda un año de instituto y después, podremos hacer lo que queramos. No van a volver a pegarte, no vamos a permitírselo. Tienes que plantarles cara, Gerard. Es la única solución. Después, acabar el instituto, y luego, cumpliremos nuestro sueño. Los dos juntos. Vamos a formar un grupo, y lograremos que todo el mundo nos conozca. Y la gente que como tú, como nosotros, se ha sentido jodida y pisoteada por todo el mundo, escuchará nuestras canciones y encontrará las fuerzas para decir: No, estoy por encima de vosotros. Salvaremos sus vidas. Todo saldrá bien, te lo prometo. Confía en mí. Un año, y lo lograremos.
El guardó silencio ante mi discurso improvisado.
-Bueno- dije, tratando de quitarle hierro al asunto- Entonces, vienes a la fiesta mañana, ¿no?
Se retiró el pelo de la cara, dejando al descubierto sus brillantes ojos verdes, anegados en lágrimas, y sonrió, a la vez que asentía.
Yuutsu.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Capítulo V: Me gusta como besas.
Publicado por Seizethedayordie en 7:14
Etiquetas: Bob Bryar., Frank Iero, FRERARD, Gerard Way, Jamia Nestor, My Chemical Romance
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario