Gerard
Recogí mi móvil del suelo. No se había roto, por suerte. Necesitaba hablar con alguien, así que marqué de memoria el número de la única persona en la que creía poder confiar.
- ¿Gerard? - contestó una voz femenina, aguda y melódica. - Hacía milenios que no me llamabas...
- Hola, Eva. - saludé, tratando de parecer alegre. - Pensarás que solo te llamo cuando necesito algo, pero lo cierto es que acabo de caer en que hace muchísimo que no sé nada de tí y te echaba de menos. ¿Haces algo esta tarde? - Aquello era una mentira solo en parte. Si bien era cierto que necesitaba algo de ella, también tenía muchísimas ganas de verla.
Ella suspiró.
- Bueno...creo que podré hacerte un hueco. Ya sabes, en el sitio de siempre, la hora de siempre.
- Eh...sí, claro.
- ¿Si? Dime donde hemos quedado entonces.
- Esto...
- Idiota. - se rió. - En la cafetería de al lado de tu instituto. A las seis. ¿Vale?
- Claro. Gracias, Eva.
- No me las des. Preocúpate de no llegar tarde...Te conozco, ¿sabes?
- Me conoces demasiado bien. Allí te veo. ¡Hasta luego! - me despedí, y colgué. En la pantalla del teléfono apareció la hora. Todavía eran las doce. Tenía tiempo suficiente para arreglarme.
Encendí la luz de la habitación. Aunque mi habitación siempre parecía oscura. Era eso lo que me gustaba de ella.
Me miré en el espejo que recubría una de las paredes. Todavía llevaba puesta la ropa del día anterior. La camiseta presentaba varias manchas que no recordaba como me había hecho, y los pantalones se habían rajado por varios sitios distintos. Tras examinarlos desde varios ángulos, decidí que me gustaban más así. Todo en mí parecía decir a gritos que había bebido más de lo debido. Si a eso se le sumaba el pelo sucio y despeinado, de recién levantado, y los ojos enrojecidos de llorar, mi aspecto en conjunto era bastante patético. Definitivamente, lo que necesitaba era una ducha. Traté con todas mis fuerzas de no pensar en Frank, pero al arrastrarme hasta el baño y mirarme más de cerca en el espejo y ver aquella zona de mi cuello ligeramente amoratada, exactamente en el lugar en el que sus labios habían estado, el amargo recuerdo volvió a sacudirme. Lentamente me desvestí. Mi cuerpo desnudo tenía un aspecto enfermizo, cubierto de pequeñas moraduras y marcas de las recientes peleas, muchas de las cuales todavía me dolían. Entré en la ducha con los ojos cerrados y dejé que el agua fría resbalara por mi cuerpo.
~
"Mira que te lo ha advertido, y llegas tarde..." pensé, mientras corría a lo largo de la avenida del lugar en el que había quedado con ella.
Me esperaba sentada en una mesa en un rincón. Esa mesa era "nuestra mesa", la que siempre elegíamos tiempo atrás, cuando frecuentábamos ese lugar cada domingo por la tarde.
Eva era para mí una amiga muy especial. Nos conocíamos desde que nuestra edad podía contarse con los dedos de una mano, y conforme fuimos creciendo, también lo hizo nuestra amistad. No íbamos al mismo instituto, ni siquiera vivíamos demasiado cerca, pero a pesar de todo, siempre había sacado un hueco para estar con ella. En el último año, yo me había acercado más a mi grupo de amigos y nuestra amistad parecía haberse enfriado, pero en el fondo sabía que era una persona en la que siempre podría confiar.
La recordaba como una chica muy guapa. Su color de pelo natural era un castaño claro, pero tenía una aficción casi obsesiva a teñírselo de diversos colores, desde el negro al rojo anaranjado que lucía en aquel momento. Me gustó como combinaba con sus ojos azules.
- Lo siento... - me disculpé, jadeando.
- No tienes remedio...Hola, Gerard. - me sonrió. - Tiempo sin vernos, ¿eh?
Pedimos un batido de chocolate, que compartimos, y pasamos la mitad de la tarde hablando de temas sin importancia. Consiguió hacerme reir varias veces y que me olvidara de Frank, por unas horas. Casi había olvidado lo bien que me sentía a su lado.
- Veo que te has divertido últimamente, ¿eh? - bromeó, en alusión a la marca de mi cuello.
Mi expresión cambió completamente. La sonrisa se borró de mi rostro, y me limité a mirar al suelo.
- Ay...- murmuró. - Va, cuéntame que ha pasado.
- ¿Te he hablado alguna vez de mi amigo Frank? - murmuré.
- Gerard...
Aquello solo me hizo avergonzarme y sentirme todavía peor. Quise que me tragara la tierra. No sabía que estaría pensando Eva en ese momento. "Nada bueno, seguro..."
Y entonces, para mi sorpresa, ella simplemente me abrazó.
Yuutsu.
jueves, 11 de febrero de 2010
Capítulo IX: Como dos mitades... Parte II
Publicado por Seizethedayordie en 11:26
Etiquetas: Alicia Simmons, Eva Cuquedúdeldú (L), Frank Iero, FRERARD, Gerard Way, My Chemical Romance
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