viernes, 5 de febrero de 2010

Capítulo VI- Eres tonto.

FRANK.

Dejé la guitarra sobre la cama aún deshecha, se produjo el típico sonido vibrante al recibir el golpe.

Alcancé unos vaqueros que colgaban del respaldo de mi silla, luego abrí las puertas del armario y elegí una camiseta de manga corta.

Me giré para observar mi reflejo en el espejo. Todavía llevaba el pijama puesto, una mala costumbre que había adquirido en los últimos meses, me miré e inconscientemente me atribuí un aspecto enfermizo y carente de personalidad.
Rápidamente me deshice de la ropa, ¿Siempre había estado tan delgado? ¿Por qué mi piel estaba tan blanca últimamente?
Suspiré y me puse los vaqueros, extremadamente rotos, fruto del mal uso que habían llevado; la camiseta, de color malva, mi favorito, adornada con algunas rayas negras sin sentido.

Me calcé las zapatillas, también destrozadas y con un pequeño peine que reposaba sobre la mesilla me arreglé el flequillo. Observé mi rostro de cerca y suspiré una vez más.
¡Pero por qué me resultaba tan desagradable! Esos ojos, que a pesar de ser verdes como los de Gerard, carecían por completo de su misma luminosidad, esa nariz pequeña y respingona…Me tapé un poco más la cara con el flequillo.
“-Así está mejor-pensé mientras cogía la cartera y las llaves y salía de la habitación.”

Al pasar por el salón, mi madre me miró de manera ausente.
-Volveré tarde mamá-susurré, a pesar de saber que no me haría caso, nunca lo hacía, no se lo reprochaba.
Cerré la puerta con demasiada fuerza y salí a la calle.
Estaba ya bastante oscuro, saqué el móvil del bolsillo y busqué en la agenda. GERARD.
Sonó un par de pitidos y al momento el teléfono me devolvió su voz.

-Frank.
-¡Hey Gerard!-le saludé-Voy ahora de camino a casa de Bob, ¿Has salido ya de tu casa?
-Mm-escuché que dudaba al otro lado del teléfono-¿Para que lo quieres saber?
-Joder…pues no se por hablar y tal tío…-mi voz empezó a subir un par de tonos-¡Pues para que lo voy a querer saber más que para pasar a buscarte!
Empezó a reírse al otro lado y se me escapó una sonrisa.
-Eres tonto Gerard-musité.
-Eso ya lo sabía Frank, nos vemos.

Me colgó y me quedé con el móvil en la mano todavía sonriendo.
Cuando llegué a casa de Gerard, este me esperaba ya fuera, vestido completamente de negro, como había supuesto y con un cigarrillo apagado en la boca.
Sin mediar palabra se unió a mi marcha y empezamos a andar en dirección a casa de Bob.

Mi amigo vivía en una gran casa de dos pisos.
Sus padres nunca estaban en casa, siempre tenían que viajar, o bueno, esa era la excusa que le ponían a él para desentenderse de los problemas que la adolescencia había ido creando, solo recordaba haber hablado una vez con su padre. Teníamos trece años y su padre estaba sentado en el amplio sofá que había en el cuarto de estar, Bob me presentó como “Mi amigo Frank”, y la frase de su padre fue algo así como Hijo mío, ¿Este sujeto es el que te ha convertido en un engendro melenudo que viste cual mendigo? Mi reacción fue de la risa, eso antes de ver la mirada de desaprobación que me echaba el hombre. Luego lo recordaría como un evento gracioso, pero en ese momento, lo diré, con una frase un poco desagradable, se me pusieron los huevos de corbata.

Su padre era un señor barbudo de cuarenta y tres años que medía dos metros que aplastaban a mi metro cincuenta de ese momento.

La “mansión” estaba tal y como la recordaba, la música se escuchaba desde la calle y la puerta estaba abierta.
Dentro, el panorama no era muy diferente de cómo lo había imaginado.
Localicé a Alicia colgada del brazo de Mike y con un vaso en la mano, me acerqué a ellos con Gerard detrás.

-¿Mike, que haces aquí?-preguntó mi amigo.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡FRAAANKIEEE!!!!!!-la voz de Alicia resonó por encima de todo y se me lanzó a los brazos, encontrando su boca demasiado rápido.
Sin dudar un momento me deshice de ella y la sujeté por la cintura.
-¿Nos hemos pasado un poco no?-le pregunté mientras me sonreía abrazándome de nuevo.
-A…Alicia me invitó a venir y yo…-Mike parecía apurado dándole explicaciones a su hermano.

Los abandoné un poco y me acerqué al grupo de amigas de Alicia que siempre me habían desagradado; sus risas estúpidas (y no es algo de lo que yo me pueda quejar), su falsedad y la cantidad de tontadas que podían llegar a decir en una conversación me sacaban de quicio.

-Eh-mi voz sonó más a un gruñido que a un saludo, al momento sus voces repelentes empezaron a reírse de algo que solo ellas entendían-Alicia se queda con vosotras.
Una de ellas, la más tonta, si, creo que se organizaban por jerarquía, la más tonta era siempre la portavoz, prefería pensar eso a lo contrario, se acercó para sujetar a Alicia no sin antes mirarme de arriba abajo.

-No te preocupes Frank-me guiñó un ojo, ante lo cual estuve a punto de replicar de manera desagradable, pero me di la vuelta en busca de Gerard.



Sweetapocalyptic (L)

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