FRANK
El día que vi aparecer a Gerard por la puerta del colegio, no pude evitar que mi cara esbozase una sonrisa de lo más estúpida. Con Bob detrás de mío, caminé hacia él.
-Te ha costado volver, cabrón-gruñó Bob y le palmeó la espalda, haciendo que Gerard diese un paso en falso en mi dirección.
-¡Ey Gerard!-exclamé tendiéndole la mano, pero él la esquivó y me revolvió el pelo, haciendo que se me escapase una carcajada lejos de lo normal.
Me quedé con una cara muy patética que apresuré a cambiar al ver que Bob me miraba.
-¡Joder que coñazo ir a clase, te podrías haber quedado en casa!-al momento noté la mirada de Gerard, había sido yo el que le había insistido en que volviera, le correspondí con una cara de circunstancias. Él se rió y me empujó suavemente al interior de la clase.
Apenar pude prestar atención, me llamaron la atención varias veces, pero no me importó.
Prácticamente me pegué toda la mañana dando botes en mi silla, esperando con nerviosismo la hora de salir.
Al fin, sonó la campana, me levanté de un salto y salí por la puerta, encontrándome de frente con Jamia.
-¡Oh!-exclamó bajando la cabeza-Venía a buscarte para decirte que Alicia me ha dicho que te diga que ella dice…
-¿Qué?-pregunté distraído.
-Que Alicia dice que vayas a verla, que te espera detrás del colegio…
-¡Jamia!-escuché la voz de Bob y aproveché para escabullirme entre la gente.
Alicia y yo habíamos empezado a salir a los dieciséis años, éramos amigos desde siempre y nunca fue para mi algo más que eso. Una simple amiga.
Todo cambió un día, Alicia jugaba al tenis, desde siempre, desde que yo podía recordar la imaginaba con sus falditas cortas y sus deportivas, esa era mi Alicia.
Cuando cumplimos los quince, Alicia estaba tan ocupada con el deporte que solamente podía disfrutar de su compañía si iba a verla entrenar.
Así se convirtió en una costumbre, todos los domingos, a las ocho de la mañana me presentaba en el pabellón de deportes y la observaba, correr de un lado a otro, golpear la pelota, apartarse el pelo de la cara, ganar a sus compañeras y disfrutar de su sonrisa o perder y tener que consolarla diciéndole que lo haría mejor la próxima vez.
Creo que sería uno de esos días, de esas mañanas en las que después de tanto esfuerzo nos íbamos a desayunar y hablábamos. Me enamoré de ella.
No me decidí a confesarle lo que sentía hasta un frío invierno, un año después.
Estábamos en la cafetería, Alicia estaba disfrutando de su café mientras yo observaba como se le quedaba la marca del cacao en los labios de una manera demasiado inocente.
Fue mirarla a los ojos y tener que decírselo.
Alicia no contestó, se limitó a darle vueltas al café, para luego mirarme a los ojos y decirme que ella no sentía eso y que no me quería perder como amigo.
Para mí fue como un golpe en el estómago, me deprimí, dejé de estar feliz al lado de Alicia y me distancié de ella. Entonces un mes después, cuando toda esperanza que hubiera podido tener se había desvanecido. Entonces, llegó ella. De nuevo.
Me miró a los ojos, me cogió de las manos y me dijo que me amaba, que me necesitaba a su lado como algo más que un amigo y que lamentaba no haber podido darse cuenta antes, que había tenido que perderme para poder descubrir que su vida no tenía sentido sin mí.
Fue el día más feliz de mi vida.
La encontré apoyada contra la pared, mirando hacia el cielo, me acerqué a ella y sin mediar palabra pasé mis brazos por su cintura y empecé a besarla con pasión.
-F...Frankie-gimió apartándome de ella.
La miré con expectación, sus ojos grises sonreían y el pelo negro caía a ambos lados de los hombros. Su piel pálida contrastaba con este hecho y la hacía parecer como una princesa de nieve.
Siempre me había recordado a eso. Sonreí para mi mismo.
Volvía besarla recorriendo el perfil de sus labios y acariciándole la espalda con suavidad. Solamente por momentos como ese me alegraba de haberme sincerado con ella.
Durante ese momento que me distraje Alicia aprovechó para morderme el cuello con delicadeza.
Simplemente la dejé hacer, resguardándome en su melena oscura, hasta que de repente la maravilla terminó.
-¡Frank, Alicia!-era Jamia que llegaba corriendo.
Nos separamos al instante sin apenas darnos cuenta de lo que estaba ocurriendo realmente.
-Frank, Frank-repetía mi nombre como un disco rallado- A Gerard y a Bob, les están pegando…otra vez.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Me ausentaba un momento y ya la tenían liada.
Crucé una rápida mirada con Alicia en la que ella me lo dijo todo.
-¿Dónde están?
-Delante del colegio, en la explanada.
Los tres echamos a correr en la misma dirección, yo rezaba para que no se hubieran pasado demasiado y me preguntaba que tenían en contra de mi amigo. ¿Qué les había hecho él para que le pegaran día si y otro también? ¿Debíamos haber contado lo de la pelea cuando le rompieron la pierna? ¿Era esa la única manera de que le dejasen en paz de una maldita vez?
Cuando llegué a la escena fue más o menos como me la imaginaba, Gerard se tenía en pie, el labio le sangraba exageradamente y llevaba algunas marcas en los brazos, Bob estaba intacto y le arreaba a uno de los del grupo de Matt sin ningún tipo de miramiento.
Me acerqué dejando a Jamia y Alicia detrás de mí y le pegué un buen puñetazo en la mandíbula al que le estaba pegando a Gerard.
El imbécil cayó al suelo, sorprendido y dolorido al mismo tiempo.
-¿Podríais dejarle en paz de una puta vez?-creo que mi voz sonó demasiado convencida, o tal vez la sorpresa de mi entrada en escena, más amenazante que habitualmente, pero Matt me miró desde su impresionante altura.
-Que te jodan maricón.
Mentiría desde luego si dijera que esa frase no me molestó, pero realmente no me importó que me llamase cualquier cosa con tal de que dejase en paz a Gerard.
Los cuatro que le estaban pegando, incluido al que había tirado yo al suelo se fueron con la mayor dignidad posible, no sin soltar alguna amenaza más contra nosotros.
Me acerqué a Gerard en silencio, me arrodillé ante él y le miré a la cara, en la que había un gran moratón.
-Siento no haber estado aquí antes-me disculpé.
-No Frank-negó incorporándose un poco y esbozando una mueca de dolor-Tú no tienes la culpa, más bien debería darte las gracias, es la segunda vez.
-Y ten por seguro que la última-gruñí por lo bajo mientras dejaba a mi amigo solo y me disponía a acabar con esa mierda de una vez por todas.
Sweetapocalyptic(L)
lunes, 1 de febrero de 2010
Capítulo IV-Alicia.
Publicado por Seizethedayordie en 7:20
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