viernes, 12 de febrero de 2010

Capítulo XI: Ya hablaremos otro día.

Frank

Miré fijamente el vaso lleno de líquido transparente, como si pudiera ahogar mis miedos y preocupaciones dentro de él. Y cuanto más bebía, más confundido me sentía, pero continuaba haciéndolo, esperando que tarde o temprano, acabara por solucionar algo.
Todo me daba vueltas. Oía voces a mi alrededor, pero entender lo que decían me requería una gran concentración en el estado en el que me encontraba, y eso hacía que la cabeza me doliera insoportablemente, por lo que dejé de intentarlo. Decidí salir a tomar el aire. Por experiencia propia sabía que eso no ayudaba en absoluto, pero me sentía agobiado en el interior de el concurrido bar. Con dificultad, logré salir a la calle. Me senté en la acera, y miré hacia arriba. Las estrellas brillaban de la misma forma que la noche anterior. Eso solo hizo que me sintiera peor.
Alguien estaba sentado a mi lado. Reconocí a una de las - estúpidas - amigas de Alicia. Evidentemente habia bebido también, aunque se veía que estaba mucho más consciente que yo. Recordé su nombre: Amy. Si bien no era la más estúpida del grupo, tampoco me caía bien. Aunque jamás había hablado con ella directamente, así que pensé que no tenía sentido juzgarla tan pronto.
- ¿Te encuentras bien? - preguntó, para mi sorpresa.
- No sé si eres la más indicada para preguntar. - respondí cortantemente, a la vez que me giraba hacia a ella. Pensé que no debía haber contestado de esa forma.
Tan pronto como me paré a mirarla detenidamente, me arrepentí de que su presencia hubiera pasado inadvertida para mí durante tanto tiempo. Y lo que más me llamó la atención fue aquel deje de tristeza en su mirada aparentemente inocente y despierta.
Estaba seguro de que era el tipo de chica que se infravaloraba por completo, aunque no tuviera ningún motivo para hacerlo. Sus facciones tenían un deje infantil que la hacían, simplemente, adorable. Enmarcadas por una cascada de pelo claro, largo y brillante, con algún que otro reflejo pelirrojo, me pareció alguien capaz de partir a cualquiera en dos con tan sólo una mirada. Creo que realmente fue eso, sus ojos oscuros y su forma de mirar, lo que hicieron que me interesara tan profundamente por ella.
No sabía por qué, pero algo me hizo sentirme cómodo a su lado, y a falta de alguien mejor con quien hablar, pregunté.
- ¿Alguna vez te has enamorado de alguien y te has sentido como si en realidad, no estuviera bien?
La pregunta pareció pillarla por sorpresa, y reflexionó unos instantes, mirando al infinito.
- Sí. Definitivamente, sí.
- ¿Y qué se puede hacer?
- Nada. - afirmó rapidamente - Por lo general, nunca es malo enamorarse. Puede que te sientas así, pero en realidad, todo tiene su lado bueno. Solo es cuestión de buscarlo.
- Es que el lado malo es, con creces, mayor que el bueno.
- Entonces... - dudó - Basta con que trates de arreglarlo, ¿no?
Me extrañaba tanto estar manteniendo aquella conversación con aquella casi completa desconocida que no dije nada más. Reflexioné unos instantes hasta que volvió a hablar.
- Es tarde, me tengo que ir. - parecía que le entristecía dejarme.
- Sí, claro... - miré el reloj. Eran las doce. Tal vez yo también debía irme. - Bueno, ya hablaremos otro día, ¿vale?
Aquello que dije creo que me sorprendió tanto a mí como a ella.
- Vale. - asintió, nerviosamente. - Adiós.
Me despedí con un gesto de cabeza y deseé que se hubiera quedado un rato más. La vi alejarse y perderse en la oscuridad de la noche, que ahora parecía más solitaria, más vacía.

Yuutsu

Dedicado a Igua, sin la cual jamás habría escrito nada de esto y en la que está inspirada este capítulo.

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