Gerard.
Supongo que alguien como yo definitivamente no encaja en ninguna parte. Y por eso, entre aquella multitud de gente, despreocupada, feliz, me sentía completamente fuera de lugar. La gente sonreía, me hablaba, y yo no era capaz de responderles. Mi mirada nerviosa recorrió la habitación en busca de Frank. Hacía tiempo que me había dado cuenta que era la única persona con la que me apetecía hablar. Sin hacer ningún esfuerzo por ocultar mi decepción al no encontrarle, arrastré los pies hacia la puerta. Decidí que no quería quedarme ni un segundo más allí dentro.
Las voces y el ruido del interior de la casa se apagaban conforme me alejaba de ella, hasta convertirse en un tenue pero molesto murmullo a mi espalda. No me preocupé tampoco de si alguien me estaría mirando o de lo que la gente pensaría cuando me viera allí cuando me tumbé cuan largo era sobre el húmedo césped del jardín. Las estrellas brillaban en el cielo oscuro, sobre mi cabeza. Me quedé unos instantes contemplando la belleza de aquello, esos miles de puntos brillantes que adornaban el firmamento.
- ¿No te sientes pequeño e insignificante bajo tantas estrellas? - murmuró una voz aguda que pude identificar a la perfección. Frank se había tumbado a mi lado a tan solo un par centímetros de mí. Se había retirado el flequillo de la cara, y miraba hacia el cielo con atención.
- Siempre me siento insignificante. Pero mirar a las estrellas, realmente me tranquiliza. Las hay grandes, pequeñas, unas siguen ahí y otras podrían haberse apagado hace millones de años. Y sin embargo, las vemos a brillar a todas en un perfecto equilibrio. Eso me hace pensar que, tal vez llegue el día en el que yo también encuentre mi propio equilibrio. A lo mejor un día, todos mis problemas se acabarán. Lo que no puedo dejar de preguntarme es qué puedo hacer para que llegue ese día...
- ¿Sabes? Se dice que todas las estrellas tienen otra estrella exactamente igual a ellas, una estrella gemela. Tal vez lo único que necesitas es el apoyo de esa estrella gemela, Gerard. En cualquier caso, sabes que siempre estaré aquí, para ayudarte.
El cielo había perdido todo su interés para mí. Ahora nos mirabamos a los ojos.
No estoy seguro de como ocurrió. Incluso me costó creer que estuviera sucediendo. Solo sé que comenzamos a acercarnos, un poco, y un poco más, hasta que mis labios rozaron los suyos y nos besamos de la forma más lenta y dulce que jamás habría podido imaginar. Y sin pensar en nadie más ni en las consecuencias que aquello podría traerme, me perdí en aquel beso que lo significó todo. Y mientras trataba de controlar el desbocado latido de mi corazón y escuchaba nuestras aceleradas y acompasadas respiraciones, sonreí, pensando que a lo mejor, sin apenas buscarla, había encontrado a mi estrella gemela.
Yuutsu.
sábado, 6 de febrero de 2010
Capítulo VII: Césped.
Publicado por Seizethedayordie en 12:56
Etiquetas: Alicia Simmons, Bob Bryar., Frank Iero, FRERARD, Gerard Way, Jamia Nestor, My Chemical Romance
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