jueves, 25 de marzo de 2010

Capítulo 18 - ELLA.

GERARD.


Trataba de pasar desapercibida, su expresión decía a gritos; no me mires, no me mires, no soy demasiado buena, no valgo para nada, tal vez por eso escondía su rostro tras una mata de cabello castaño, me identifiqué con ella sin embargo.

A veces es más fácil creer que los demás no te ven para poder alejarte, evadirte y soñar de una manera que, con los pies en la tierra no podrías hacer, y esa chica lo parecía entender a la perfección: En sus ojos soñadores del color de la miel se veían sus sueños que trataban con increíble fuerza salir a la superficie a través de esa barrera de inseguridad que los eclipsaba tornándolos de un color más oscuro del que realmente eran.
Me miró, un instante solo para poder darme cuenta de la tristeza que sentía, pero al mismo tiempo una extrema felicidad que le impedía que las lágrimas brotasen y empapasen sus mejillas adorablemente enrojecidas.
Se pasó la mano por el pelo, una manía sin duda, y los rizos definidos y de un castaño oscuro cayeron sobre sus hombros como una cascada de tirabuzones, salpicados de brillo y delicadeza.
Vestía de colores oscuros, todo en ella era triste, neutro. Pero detrás de esa normalidad había una gran potencia y eso lo descubrí cuando empezó a hablar.

-H...Hola, me llamo Hailey-su voz sonó insegura al principio, pero luego y con la fuerza que pronunció su salvaje nombre nos dio a entender que no podíamos jugar con ella, que si queríamos practicar la ley del más fuerte ella nos aplastaría como a diminutos insectos.
-Hola, yo soy Gerard-mi voz sonó amigable y ella me sonrió, con una sonrisa que se alejaba de la felicidad y se acercaba al conocimiento.
Aquella chica y con solo mirarme había leído en lo más hondo de mi corazón.
-Frank-se señaló mi amigo, y algo en su expresión me hizo preguntarme que se le estaría pasando por la cabeza.
Volvió a sonreír con entusiasmo y luego se giró hacia Ray.
-¿Les has preguntado ya lo del grupo?
La cara de Ray se volvió de un rojo intenso.
-Hailey…-parecía bastante apurado, mirándonos de reojo temeroso de nuestra reacción.
Me pase la mano por el pelo y durante un momento mi campo de visión se sorprendió positivamente aumentado.
-Ray…-me miró todavía avergonzado- ¿Cuándo te viene bien hacer la prueba?
Mi nuevo amigo sonrió aliviado.


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martes, 16 de marzo de 2010

Capítulo XVII - Ella es...mi novia.

Frank

Cuando volvimos a la sala de estar, tanto Gerard como yo tratamos de hacer ver que no había sucedido nada, aunque algo en las miradas extrañadas de nuestros dos amigos, en la sonrisa imborrable que se había alojado en mi rostro y en las mejillas todavía sonrojadas de Gerard me hizo pensar que no lo habíamos logrado del todo. La tarde acabó sin mayor incidente y cuando yo tomé el rumbo contrario a Gerard y Bob para acompañar a Alicia, este último nos comunicó que celebraba otra fiesta en su casa ese fin de semana. Mientras me preguntaba si realmente a sus padres no les importaba que su casa se llenara de gente, alcohol y drogas una media de una vez a la semana, le dije que no me lo perdería por nada del mundo y eché a andar calle abajo de la mano de una persona a la que sentía haber traicionado.

Los remordimientos convivieron con la sensación de inmensa felicidad durante el resto de la semana, que transcurrió tan rápido como aquella última tarde en mi casa. No volví a quedarme a solas con Gerard ni en el fondo quise hacerlo; pensé que sería lo mejor hasta que definitivamente supiera que hacer. A mí me bastaba con tenerlo a mi lado aunque fuese en la postura de amigo, y tan solo mirar a Alicia, la persona a la que más había necesitado en los últimos meses y que comenzaba a alejar de mí lentamente, me quitaba las ganas de querer ir más allá. Pensándolo mejor, tal vez decir que no quería hacerlo no era correcto; más bién lo deseaba con todas mis fuerzas, pero tenía demasiado miedo de las consecuencias que podría traer.

El Viernes después de las clases me encontré en casa de Bob, rodeado de botellas de alcohol mientras le ayudaba a preparar todo para la noche. Los dos estábamos solos cuando pronunció las palabras que hicieron que se me cayera el mundo encima:
- ¿Vas a contarme qué tienes con Gerard, Frank? - escupió la pregunta de repente, cuando menos me lo esperaba.
- N-nada, ¿qué voy a tener...? - tartamudeé.
- No soy estúpido...Y a lo mejor a Alicia y a los demás se la cuelas, pero a mí no. No hay más que veros...
- ¿No hay más que vernos para qué? - le pregunté medio gritando, sin controlar mi tono de voz. ¿De verdad lo sabía todo?
- Mira, Frank, haced lo que queráis, pero no podeis seguir mintiéndonos a todos durante mucho tiempo. Sabes que no diré nada, pero si los demás se enteran por su cuenta...No creo que vaya a ser bueno.
- Joder, Bob...¿Puedes imaginarte lo dificil que es la situación para mí?
No contestó, y aprovechó que la gente comenzaba a llegar para escabullirse y evitarme. Yo tuve que resignarme a apartar el tema de mi mente por al menos unas horas y mezclarme entre la gente.
Un rato después reconoci la verde mirada de Gerard entre el gentío. Él también pareció verme, y vino a saludar.
- He traído a un amigo... - me comentó, mientras se revolvía el pelo hacia atrás, una de sus manías. - Frank, te presento a Ray.
- El famoso Frank - sonrió él. - ¡Hola!
Miré de arriba a abajo a aquella persona que no conocía. No podía decirse que presumiera de una gran belleza; tenía el pelo rizado, muy rizado, y parecía incluso más delgado de lo que era sano. Pero había algo en sus ojos que transmitía confianza y seguridad, y eso me gustó.
Los tres nos acomodamos en un sofá ligeramente alejados de la gente, cogimos algo de beber y charlamos un largo rato. Al final, Ray acabó cayéndome bien; también tocaba la guitarra, y por los comentarios de Gerard, con bastante habilidad, compartíamos los mismos gustos musicales...En definitiva, teníamos bastantes cosas en común.
Transcurrida una hora más o menos una chica que tampoco conocía se acercó a donde nosotros estábamos. Ray parecía conocerla y la saludó.
- Ella... es mi novia. - nos informó.

Yuutsu

viernes, 12 de marzo de 2010

Capítulo XVI - Ceguera

Frank.

ANTES DE QUE FUERA CAPAZ DE EVITARLO, NUESTROS LABIOS VOLVIERON A JUNTARSE.
Se sentía tal y como lo recordaba; suave, dulce, cariñoso, pero sobre todo era lo que yo llevaba buscando tiempo y no me había dado cuenta. Lo que había soñado tantas veces y luego había olvidado al levantarme, lo que inconscientemente había querido siempre.

LO QUE VERDADERAMENTE ANSIABA.

Sus labios sobre los míos se movían con lentitud, esa lentitud y tranquilidad no me tranquilizó ya que traté de tener a Gerard lo más cerca de mi que pudiera.
Acaricié su pelo, suave al tacto, tan fino que se me escapaba entre los dedos.
Necesité apoyarme en la mesa para evitar caerme y traté de hacer que se agachase, situación nueva para mí.
-Frank-me susurró en el oído, pero me dio igual cualquier cosa que tuviera que decirme, cualquier sonido que no fuera el murmullo del salón que nos garantizaba intimidad.
-Frank-volvió a repetir y colocó uno de sus dedos sobre mis labios-¿Estás seguro de lo que estás haciendo?
Me quedé atónito y entonces comprendí.
La razón de nuestra última pelea había sido por una situación parecida, lo habíamos arreglado y yo, estúpido de mí, estaba volviendo a caer en el mismo error.
Pero… ¿Y si tal vez no era un error? ¿Y si era lo que siempre había debido tener y yo mismo me había convencido de lo contrario?
Evoqué el rostro de Alicia, pero en esta ocasión y comparándolos a los dos, supe las respuestas a todas mis preguntas.
No tuve más que mirar los ojos de Gerard, su boca, su pelo, recordar las sensaciones que me producía su presencia, como para saber que… efectivamente y aunque no lo había querido admitir, estaba…
¿Necesitaba pronunciar la palabra en mi cabeza para cerciorarme de que era cierta?
Si.
Lo necesitaba.
Estaba enamorado de él.
Suspiré aliviado y Gerard debió de interpretar mal el gesto porque se apartó de mí.
-¡No!-se me escapó-Gerard, no sabes lo equivocado que estaba. Cuando te decía que quería estar a tu lado para siempre no sabía con certeza lo que significaban esas palabras, pero ahora si lo se.
“Me ha costado un poco pero así ha sido”.
-Me alegra que pienses eso Frank-su voz sonó contenta, como antes, como al principio.
COMO SIEMPRE.
-Entonces…
-Entonces, Frank, entonces…-miró al techo una vez y luego volvió a mirarme a los ojos-No se que cojones vamos a hacer para solucionar esto.

Una sonrisa un tanto extraña se dibujó en mis labios.


SweetApocalyptic(L)

jueves, 11 de marzo de 2010

Capítulo XV: ¿Queréis algo de beber?

Frank.

- Y el último grupo... Bryar, Simmons, Iero y...Way.

Si apenas podía creer haberme reconciliado con Gerard de una forma tan extraña, que tan solo unos minutos después me hubieran emparejado con él, junto a mi novia y otro de mis mejores amigos, para hacer un aburrido y larguísimo trabajo de Historia sobre la Segunda Guerra Mundial que posiblemente acabaría resultando en un par de tardes divertidísimas junto a ellos, me hacía pensar que por un instante la suerte me había sonreído. Por eso, no entendí la expresión de Gerard cuando el señor Anderson anunció que seríamos compañeros. Yo no podía alegrarme más en este momento de haberlo solucionado todo, pero él no parecía sentir lo mismo.
Todas las clases de ese día pasaron volando, como un espejismo, y a la salida, todos decidimos quedar esa misma tarde, en mi casa, para comenzar el trabajo. No sabía por qué, pero nunca me había sentido tan entusiasmado por hacer deberes.
Convencí a Alicia para que se quedara a comer a mi casa, ya que no tenía ganas de estar solo, y creía deberle una explicación por mi comportamiento el día anterior. El tema de la pelea no tardó en salir, mientras yo cocinaba pasta para los dos:
- Frank...Sigo sin...explicarme por qué pegaste a Gerard. - musitó, como si tuviera miedo de que le pegara a ella también.
Solo tuve fuerzas para suspirar.
- No lo sé, Alicia, de verdad que no lo sé. Que utilizara a esa chica de esa forma, me superó...No lo esperaba de él...y... - obviamente no podía contarle los motivos reales, así que recé por que no preguntara más.
Ella se limitó a asentir y cambió de tema. Seguimos charlando un rato como si no hubiera ocurrido nada, pero yo sabía que no había creído una sola palabra de lo que acababa de decir.
Después de comer, subimos a mi habitación. Ella se entretuvo con mi colección de discos y observando a Pansy, mi guitarra, mientras yo me cambiaba de ropa, poniéndome más cómodo. La mirada de Alicia clavada en mi espalda cuando acababa de quitarme la camiseta me hizo incomodarme, raramente.
- No me mires. - ordené, con cierto tono de mofa. - Me pongo nervioso...
-¡Oh! - exclamó.- Ni que fuera la primera vez que te veo, ¿eh? Mira que eres raro...- se reía, con esa risa tan carácteristica suya.
A las seis de la tarde, Gerard y Bob llegaron a casa, juntos. En el mismo momento en el que me crucé con los ojos verdes de Gerard, un escalofrío me recorrió la espalda, y no pude evitar pensar que me resultaba más atractivo de lo que me gustaría en ese momento. El pelo despeinado, echado hacia atrás, la ropa completamente negra, a conjunto con las muñequeras y las deportivas, y esa mirada suya que decía: "No estoy bien, pero soy fuerte y no dejaré que te preocupes." Esto no hizo sino preocuparme más, y con un gesto de cabeza traté de interrogarle, pero me rehuyó y comenzó a hablar con Bob como si ni siquiera hubiera reparado en mi presencia.
Nos sentamos en la mesa del comedor, lo suficientemente grande para los cuatro y la tonelada de apuntes que tendríamos que usar para nuestra tarea. En frente de mí se sentó Alicia, a mi lado Gerard; Bob se asignó la esquina al lado de él.
Cuando comenzamos se hizo un incómodo silenció en la habitación, que traté de ahogar con algún que otro comentario ingenioso que hacía reír a Alicia y suspirar a Gerard. Yo tenía sentimientos contradictorios: por un lado, deseaba gritarle y preguntarle que qué le ocurría y por otro, me sorprendí a mí pensando que me moría de ganas por tocar aquella piel pálida y fina y sentir su respiración acelerada de nuevo.

Sin entender por qué, mi mano izquierda se deslizó bajo la mesa, en dirección a la pierna derecha de Gerard. La mantuve ahí, unos instantes; el solo contacto físico con él hacía que se me acelerara el pulso. Realmente esperaba que me rechazara, pero para mi sorpresa, respondió entrelazando sus dedos con los míos. En el momento que empezamos ya no supe parar, y tardé unos segundos en darme cuenta de que no estabamos solos. Alicia y Bob, aunque concentrados entre fechas y batallas, seguían con nosotros. Esto solo le daba más intriga a nuestro juego; y mientras yo palpaba bajo su camiseta, él me hacía derretirme con sus caricias...
Transcurridos unos minutos yo no aguantaba más.
- ¿No teneis sed? - pregunté, con voz entrecortada. - Voy a por algo de beber, ¿vale? ¿Alguien me acompaña?
No tuve que decirlo dos veces para que Gerard se levantara a la velocidad del rayo y se colocara junto a mí. Bob y Alicia solo asintieron. Estaban demasiado absortos en el estudio de un mapa, cabeza con cabeza, y no logré creerme del todo que no se hubieran percatado de nada de lo que acababa de suceder.
Caminamos hacia la cocina rápidamente, y en el mismo momento en el que las puertas se cerraron tras nosotros, mientras el sentimiento de culpa se me apoderaba, Gerard se abalanzó sobre mí.
Antes de que fuera capaz de evitarlo, nuestros labios volvieron a juntarse.

Yuutsu.

domingo, 7 de marzo de 2010

Disculpas.

Gerard.

Ver a Eva y Frank juntos me sorprendió, no creía que llegaría tan lejos como para presentarse en nuestro instituto de buenas.
Sin embargo y por alguna extraña razón, me sentí bien, me alegré de que las personas a las que más quería en el mundo estuvieran juntas, hablando, tan tranquilamente. Cosa que yo no podía hacer con ÉL.
-Tengo que disculparme...-capté el final de la frase de Frank y no pude evitar dejar escapar una pregunta que sin duda alguna mi “amigo” consideró impertinente.
-¿Por qué tienes que disculparte?
Ambos se volvieron hacia mí.
Eva con una sonrisa pícara en la cara, fruto de que su plan malvado y perverso había funcionado.
Frank…Frank con esa expresión tan suya que siempre le ponía a los desconocidos. “¿Me estás hablando a mi?” Solía querer decir.
Porque si, porque en las últimas semanas Frank y yo nos habíamos convertido en dos extraños, dos extraños que no se conocían de nada.
Había creído saberlo todo sobre él, pero lamentablemente había estado muy lejos de comprenderle.
-Perdón…-murmuré al instante y bajo sus dos miradas empecé a caminar en dirección a clase.
Y ante mi sorpresa alguien me sujetó del brazo.
Era Eva, que tenía atrapado también a Frank.
-Por mis narices que vosotros hablais-gruñó-Quiero que cuando yo me vaya empecéis a aclarar esto, si o si.
Sonreí tímidamente, pero Frank suspiró cansinamente y echó a andar hacia el patio.
Eva me pellizcó y me empujó para que le siguiera, dudé, pero la mirada dura y fría de mi amiga me hizo decidirme.
Me giré una vez más para ver un reflejo rojizo desaparecer por la esquina.

Frank caminaba a paso rápido, tenía la vista fija en un punto y hasta que no encontró el lugar adecuado, lejos de las miradas de la gente no se volvió hacia mi, con un brillo extraño en sus ojos verdes.
-Adelante, empieza, te escucho.
Me sentí cohibido ante él. A pesar de tener una estatura bastante inferior que la mía, su determinación no tenía límites.
-Yo…-no sabía como empezar.
-Lo siento Frank, soy retrasado, te he jodido pero bien, me lié con la primera puta que paso por delante de mí porque quería meterle la lengua hasta el fondo a alguien, si, si me preguntas que si me la hubiera tirado… ¡Claro que lo hubiera hecho! Pero eso sí, lo siento mucho Frank, me arrepiento de veras-con cada palabra que pronunciaba me avergonzaba más de mi mismo y me impresionaba lo bien que me entendía Frank.
-¿Tengo que repetir todo eso?-pregunté tímidamente.
-No estaría mal, pero ya sabes lo que me aburre escuchar charlas tan largas… Siento haberme comportado como un idiota y haberte pegado.
-Lamento haber sido tan estúpido Frank.
Soltó una pequeña carcajada de las suyas e inesperadamente me dio un abrazo.
-Te quiero-pensé, pero en su lugar decidí decir otra cosa-Me alegro de que volvamos a ser amigos.
Ninguno de ellos vio la expresión de disgusto que implicaban esas palabras.


Sweetapocalyptic(L)

miércoles, 3 de marzo de 2010

Capítulo XIII: ¡Lo sabía! Parte II

Eva

Las 7:15 sonaron en el despertador y el día se desperezaba tan frío como el anterior. Con esfuerzo conseguí despegar la cabeza de la almohada y despejarme un poco. Aunque recordar lo que debía hacer me animó a salir de entre las sábanas y bajar a desayunar con todo el ánimo posible. Realmente no tenía hambre, así que me limité a mordisquear dos tostadas cubiertas de mermelada. Me vestí lentamente, como cada día; con la misma lentitud que me peiné y planché el pelo. De encima de mi escritorio rescaté un papel pequeño, doblado varias veces, en el que había escrita una dirección con letra redondeada e irregular.
Me eché la mochila a la espalda; solo por disimular, obviamente, ya que no tenía ninguna intención de ir a clase. Comencé a caminar calle arriba, nada segura de lo que iba a hacer, pero completamente convencida de que debía hacerlo.
Reconocí el lugar al instante, por los cientos de veces que había cruzado por allí para ir a la cafetería de la acera de enfrente; mi eterno punto de encuentro con Gerard.
El instituto era más grande que el mío, pero sus paredes blancas lo hacían parecer más frío y menos acogedor. Los alumnos charlaban alegremente, esperando el comienzo de las clases. Me acerqué a un pequeño grupito en el que divisé un par de caras conocidas, y comencé mi misión.
-¡Amy! - saludé enérgicamente.
Ella me miró con sorpresa.
- ¿Qué haces aquí? Tenía entendido que tu vas al instituto que hay a unos...tres cuartos de hora de aquí - rió. - ¿Ahora también te saltas clases?
- Por una buena causa... - me excusé.
- Seguro.
- Oye, Amy...Sabes quien es un tal...¿Frank? Amigo de Gerard y demás gente. Necesito verle.
- ¿Frank? ¿Conoces a Frank?
- Una larga historia. - dije cortantemente, antes de que le diera tiempo a preguntar nada más.
- Está allí. - contestó, mientras señalaba con la cabeza un banco, ligeramente apartado de donde estaba el resto de gente, en el que se sentaba un chico no demasiado alto, encogido sobre sí mismo y con la cabeza entre las manos. Ataviado con una camisa de un pulcro color blanco, el escorpión tatuado en la parte anterior de su nuca resaltaba todavía más.
- Vale...Muchas gracias. Ya hablaremos y te explico, ¿vale?
Sin darle tiempo a contestar me dí la vuelta y anduve hacia donde estaba Frank. Mi paso era decidido, pero realmente, temblaba.
- ¿Frank? - musité.
Se dió la vuelta para mirarme, y lo primero en lo que me fijé fueron en aquellos dos ojos, enormes y brillantes. Tenía que reconocer que era bastante atractivo.
- Y tú eres... - preguntó.
- Eva. - me sorprendió su expresión al escuchar mi nombre, como si me reconociera.
- Oh, lo sabía. Tenías que ser la famosa Eva. - ¿famosa? - ¿Vienes a decirme que tú también te has liado con Gerard?
No supe que contestar. Me quedé inmóvil. Él respiró hondo y volvió a hablar.
- Perdona. No tenía que haber dicho eso. - me fijé en las profundas ojeras que anidaban bajo sus ojos, como si no hubiera dormido en toda la noche, y en su expresión de preocupación. - ¿Qué sucede?
- Yo... - vacilé. No encontraba las palabras. - Creo que tendrías que hablar lo que ha pasado. Con Gerard...
- ¿Para qué? Está claro que no vemos las cosas de la misma forma. Si es todo lo que tenías que decirme, puedes irte. - ¿Por qué se comportaba así conmigo?
Algo se encendió dentro de mí.
- No sé por qué Gerard se preocupa por tí. La verdad es que no te lo mereces. Te has enfadado por lo que hizo, ¿y no te paras a pensar lo que tú le haces a él cada día? Y para acabar de arreglarlo le pegas un puñetazo, después de haberle jurado que harías que no volvieran a meterse con él. ¿Sabes? Me das asco. Espero que se olvide pronto de tí. No sé ni por qué le importas. - Escupí las palabras con toda la rabia que pude, y después, me alejé de él todo lo rápido que pude, enfadada como no lo había estado en mucho tiempo.
- Espera. - gritó Frank, lo que hizo que me detuviera en seco. Él se acercó corriendo hacia mí. - Tienes...tienes razón. Joder, soy imbécil, tienes razón...Tengo que disculparme...
- ¿Por qué tienes que disculparte? - preguntó una voz extrañamente familiar a nuestra espalda.

Capítulo XIII: ¡Lo sabía! Parte I.

Gerard


-¿De verdad que no sabes por qué te ha pegado?
Reflexioné unos segundos. ¿Debería decirle la verdad? Me sentiría estúpido si se lo contaba.
-No, Eva, de verdad que no lo sé.
-¿Y si ahora me dices la verdad? - insistió.
Dejé el teléfono inalámbrico sobre la cama, activé el altavoz y me tumbé sobre ella, mirando al techo. Repetí la misma pregunta: ¿Debería decirle la verdad? Me avergonzaba de ello, pero si no confiaba en Eva, ¿en quién iba a hacerlo?
-¿Gerard?
-Sí...Bueno...puede que haya algo...
-¡Lo sabía! - exclamó, y después suspiró.- Nunca me cuentas nada, ¿eh? Siempre tengo que sacarte las cosas. Anda, dime que has hecho...
Cogí aire y comencé.
- A ver...hay una chica...Cassie. Creo que la conoces, es amiga de Amy y estas chicas de mi instituto con las que te "relacionas" de vez en cuando.
- ¿Cassie? - inquirió. No, parecía que no la conocía.
- ¿No? Pelo largo, por debajo de los hombros y castaño, siempre desordenado, con el flequillo recto demasiado largo, tanto que le tapa los ojos, y la forma de vestir...indescriptible - reí. - Bueno, no importa.
No logré comprender por qué me había reido, cuando segundos antes la única cosa que me apetecía hacer era echar a llorar. Pero me era imposible permanecer serio, cuando hablaba con ella.
- ¿Tú, fijándote en la forma de vestir de alguien? Me sorprendes. - se unió a mis risas. - Sí, la recuerdo. Sigue, y no me asustes.
- No sé si deberías asustarte... - murmuré por lo bajo, y continué hablando rápidamente, antes de que preguntara. - Bueno, yo nunca había hablado con ella lo suficiente para conocerla...a fondo, ya sabes. Pero según dicen, tiene fama de que siempre consigue a quien se propone. Corrían rumores de que se me había propuesto a mí...y espero que puedas imaginarte el resto...
Ella callaba, y yo me angustiaba más a cada segundo que pasaba.
- Dime algo, por favor. - supliqué, con voz quebrada.
- ¿Cómo has podido hacer eso, Gerard? ¿Tienes idea de el daño que le has debido hacer a Frank? - me recriminó.
- Pero si yo...él dijo que no había significado nada y...joder, Eva, joder, yo solo pensaba que así me olvidaría de él. Y cuando le he visto, y he visto que lo sabía, y como me ha mirado, no te puedes imaginar lo que...y luego me ha pegado y se ha ido y...agh. - dije atropelladamente, sin saber por donde empezar la explicación.
- Cálmate. - se detuvo unos instantes antes de continuar, como si estuviera meditando seriamente si debía decirme lo estúpido que era o ayudarme a solucionarlo. - ¿Tú le quieres?
La eterna pregunta. ¿Le quería? Nunca lo había visto tan claro como en ese momento.
- ¿Aún lo dudas?
- Entonces habla con él. Y no es una sugerencia - me ordenó, aunque parecía más relajada.
- ¿Y qué le digo? "Lo siento, Frank, solo me he liado con ella porque, aunque eres mi mejor amigo y tienes novia, me he enamorado de tí como una quinceañera estúpida"
- Si le dices eso, te vuelve a pegar - rió de nuevo.
- Vale, hablaré con él... - cedí. - Pero ya me dirás tú que le voy a decir.
- Acabarás por no decirle nada, ya lo verás.
- No... - ¿o sí? Dubitativo, miré la hora en la pantalla de mi teléfono móvil. Eran las seis, y mi hermano llegaría de sus clases de bajo a las seis y cuarto, como todos los días.- Oye, Eva, te tengo que colgar, que Mikey llegará de un momento a otro y no quiero que me escuche...hablar de esto.
- Como quieras. Ya hablaremos, estúpido. - se despidió.
- Sabes que no sé que haría sin tí, ¿verdad?
- Claro que lo sé, pero me encanta que me lo digas. - podría imaginar a la perfección la sonrisa que estaría cruzando su rostro en aquel momento.
- En fin, ¡hasta luego!
Presioné el botón rojo en la parte izquierda del teléfono y, todavía tumbado sobre la cama, cerré los ojos.

¿Qué había hecho?


Yuutsu.

lunes, 1 de marzo de 2010

Capítulo XII - Locura.

Frank

La mañana se despertó gélida como ninguna otra. Encontré mis viejos guantes a rayas negras y blancas descansando en el fondo de un cajón, medio olvidados, y decidí que sería mejor llevármelos. También rescaté un gorro con orejeras, a cuadros también blancos y negros, y un grueso suéter de color azul marino. Sabía de sobra que estas tres cosas juntas no combinaban en absoluto, pero siempre era mejor que morir congelado.
Maldecí haberme puesto las zapatillas más llenas de agujeros que tenía en el mismo momento que puse un pie en la calle.
"También tendré que comprarme unos vaqueros que no estén rasgados por todos lados" - pensaba, mientras caminaba todo lo rápido que podía hacia el instituto.
La entrada del colegio estaba cubierta por una capa de fino hielo que posiblemente al final del día habría desaparecido. Alicia y sus amigas, entre las que no divisé a Amy, charlaban alegremente apoyadas en una de las columnas de la entrada. Me acerqué hacia donde estaban. Alicia me vió y corrió hacia mí. Yo le respondí con un beso en la mejilla.
- Buenos días - sonrió ella, al tiempo que me lo devolvía. - Tengo frío...
La abracé y ella se refugió en mi pecho. Nos mantuvimos así unos instantes. A mí todavía me tranquilizaba su presencia.
-¡Hola! - saludó una vocecilla detrás de mí. Me giré para ver a Amy, que acababa de llegar, con las mejillas sonrosadas por el frío y las manos escondidas en el interior de los bolsillos de una cazadora azul demasiado grande para ella que no parecía abrigar en absoluto. Su forma de mirarme, tímida pero seria, me hizo gracia, y me sorprendí a mi mismo contestándole con una sonrisa. Alicia reaccionó con una mezcla de sorpresa y felicidad, ya que no sabía nada de lo sucedido la noche anterior con Amy, pero se alegraba de que pudiera soportar al menos a una de sus amigas.
- Tengo que ir a clase - comenté. Alicia juntó sus labios con los míos en una cálida y a la vez gélida despedida.

El calor del interior del edificio chocó contra mí cuando entré, llenándome de una sensación reconfortante. Duró poco; la escena que presencié después me paralizó.
En mitad del pasillo, y como si del lugar más romántico e íntimo del mundo se tratase, Gerard sostenía entre sus brazos aun chica de pelo largo, castaño y desordenado. La besaba como si no hubiera un mañana, pero algo en sus movimientos estaba lleno de desprecio y frivolidad. No; estaba seguro de que no la amaba, y eso fue lo que se me clavó como un puñal en lo más profundo de mi corazón. Quise romper a llorar, olvidar lo que acababa de ver y echar a correr. Tuve el valor suficiente para apartar los ojos de esa escena y dar el paso que me hizo salir del trance, girar a la derecha y en la más honda de las tristezas sentarme en mi pupitre, cruzar los brazos y, seguro de que nadie me veía, dejé escapar un par de lágrimas que podían expresar lo que sentía mejor que cualquier palabra.

Posiblemente tendría los ojos llorosos cuando el profesor entró en la clase y me preguntó qué me pasaba. Como era obvio, mentí, diciendo que nada, y no levanté la cabeza de los apuntes en toda la mañana.

El timbre fué la señal para levantarme, cabizbajo y arrastrando los pies, y dirigirme al pasillo. Me dejé caer en un banco entre Alicia y Bob, y más gente a la que no presté atención.Leí la preocupación en los ojos de Alicia cuando se giró para mirarme, y adiviné que se preguntaba que me ocurría. Sin embargo, se mantuvo callada. Ella sabía de sobra cuando no podía serme de ayuda, y sin duda esta era una de esas veces. Me gustaba esa comunicación sin palabras entre nosotros, y sentía que la traicionaba reaccionando de esa manera, pero no podía evitarlo.

El fruto de mis preocupaciones se acercó a donde estábamos con paso decidido y una sonrisa cruzando su rostro de oreja a oreja. Tanto Bob como Alicia y bueno, el resto de gente, no dudaron en felicitarle por su "hazaña".

- Sí, ha estado muy bien, sí. - contestaba Gerard. Su voz parecía más alegre que nunca, pero a mi me sonó llena de cinismo.

- ¿Tu no te alegras, Frank? - preguntó la voz de Jamia detrás de mi, como salida de la nada.

Y entonces...creo que fue entonces cuando me volví loco.

Me levanté bruscamente. Mi puño, fuertemente cerrado, voló en dirección a la mejilla derecha de Gerard. El golpe, lleno de rabia y frustración, le tiró al suelo. Ignorando las alarmadas voces de nuestros amigos, esbocé una sonrisa malvada, y al mirar hacia abajo me topé con aquellos ojos verdes y desconcertados. Solo entonces me dí la vuelta y eché a andar rápidamente con las manos en los bolsillos, lleno de rabia, más seguro que nunca de que cada día que pasaba me conocía menos.

Un pequeño niño de primero se cruzó en mi camino y lo aparté de un codazo. Cuando se dispuso a replicar le lancé una mirada cargada de odio y salí al exterior. Me tumbé en el suelo y dejé que el frío me congelara, de nuevo. Era la única forma de no sentir nada.

Yuutsu & Sweetapocalyptic.