jueves, 11 de marzo de 2010

Capítulo XV: ¿Queréis algo de beber?

Frank.

- Y el último grupo... Bryar, Simmons, Iero y...Way.

Si apenas podía creer haberme reconciliado con Gerard de una forma tan extraña, que tan solo unos minutos después me hubieran emparejado con él, junto a mi novia y otro de mis mejores amigos, para hacer un aburrido y larguísimo trabajo de Historia sobre la Segunda Guerra Mundial que posiblemente acabaría resultando en un par de tardes divertidísimas junto a ellos, me hacía pensar que por un instante la suerte me había sonreído. Por eso, no entendí la expresión de Gerard cuando el señor Anderson anunció que seríamos compañeros. Yo no podía alegrarme más en este momento de haberlo solucionado todo, pero él no parecía sentir lo mismo.
Todas las clases de ese día pasaron volando, como un espejismo, y a la salida, todos decidimos quedar esa misma tarde, en mi casa, para comenzar el trabajo. No sabía por qué, pero nunca me había sentido tan entusiasmado por hacer deberes.
Convencí a Alicia para que se quedara a comer a mi casa, ya que no tenía ganas de estar solo, y creía deberle una explicación por mi comportamiento el día anterior. El tema de la pelea no tardó en salir, mientras yo cocinaba pasta para los dos:
- Frank...Sigo sin...explicarme por qué pegaste a Gerard. - musitó, como si tuviera miedo de que le pegara a ella también.
Solo tuve fuerzas para suspirar.
- No lo sé, Alicia, de verdad que no lo sé. Que utilizara a esa chica de esa forma, me superó...No lo esperaba de él...y... - obviamente no podía contarle los motivos reales, así que recé por que no preguntara más.
Ella se limitó a asentir y cambió de tema. Seguimos charlando un rato como si no hubiera ocurrido nada, pero yo sabía que no había creído una sola palabra de lo que acababa de decir.
Después de comer, subimos a mi habitación. Ella se entretuvo con mi colección de discos y observando a Pansy, mi guitarra, mientras yo me cambiaba de ropa, poniéndome más cómodo. La mirada de Alicia clavada en mi espalda cuando acababa de quitarme la camiseta me hizo incomodarme, raramente.
- No me mires. - ordené, con cierto tono de mofa. - Me pongo nervioso...
-¡Oh! - exclamó.- Ni que fuera la primera vez que te veo, ¿eh? Mira que eres raro...- se reía, con esa risa tan carácteristica suya.
A las seis de la tarde, Gerard y Bob llegaron a casa, juntos. En el mismo momento en el que me crucé con los ojos verdes de Gerard, un escalofrío me recorrió la espalda, y no pude evitar pensar que me resultaba más atractivo de lo que me gustaría en ese momento. El pelo despeinado, echado hacia atrás, la ropa completamente negra, a conjunto con las muñequeras y las deportivas, y esa mirada suya que decía: "No estoy bien, pero soy fuerte y no dejaré que te preocupes." Esto no hizo sino preocuparme más, y con un gesto de cabeza traté de interrogarle, pero me rehuyó y comenzó a hablar con Bob como si ni siquiera hubiera reparado en mi presencia.
Nos sentamos en la mesa del comedor, lo suficientemente grande para los cuatro y la tonelada de apuntes que tendríamos que usar para nuestra tarea. En frente de mí se sentó Alicia, a mi lado Gerard; Bob se asignó la esquina al lado de él.
Cuando comenzamos se hizo un incómodo silenció en la habitación, que traté de ahogar con algún que otro comentario ingenioso que hacía reír a Alicia y suspirar a Gerard. Yo tenía sentimientos contradictorios: por un lado, deseaba gritarle y preguntarle que qué le ocurría y por otro, me sorprendí a mí pensando que me moría de ganas por tocar aquella piel pálida y fina y sentir su respiración acelerada de nuevo.

Sin entender por qué, mi mano izquierda se deslizó bajo la mesa, en dirección a la pierna derecha de Gerard. La mantuve ahí, unos instantes; el solo contacto físico con él hacía que se me acelerara el pulso. Realmente esperaba que me rechazara, pero para mi sorpresa, respondió entrelazando sus dedos con los míos. En el momento que empezamos ya no supe parar, y tardé unos segundos en darme cuenta de que no estabamos solos. Alicia y Bob, aunque concentrados entre fechas y batallas, seguían con nosotros. Esto solo le daba más intriga a nuestro juego; y mientras yo palpaba bajo su camiseta, él me hacía derretirme con sus caricias...
Transcurridos unos minutos yo no aguantaba más.
- ¿No teneis sed? - pregunté, con voz entrecortada. - Voy a por algo de beber, ¿vale? ¿Alguien me acompaña?
No tuve que decirlo dos veces para que Gerard se levantara a la velocidad del rayo y se colocara junto a mí. Bob y Alicia solo asintieron. Estaban demasiado absortos en el estudio de un mapa, cabeza con cabeza, y no logré creerme del todo que no se hubieran percatado de nada de lo que acababa de suceder.
Caminamos hacia la cocina rápidamente, y en el mismo momento en el que las puertas se cerraron tras nosotros, mientras el sentimiento de culpa se me apoderaba, Gerard se abalanzó sobre mí.
Antes de que fuera capaz de evitarlo, nuestros labios volvieron a juntarse.

Yuutsu.

0 comentarios: