lunes, 1 de marzo de 2010

Capítulo XII - Locura.

Frank

La mañana se despertó gélida como ninguna otra. Encontré mis viejos guantes a rayas negras y blancas descansando en el fondo de un cajón, medio olvidados, y decidí que sería mejor llevármelos. También rescaté un gorro con orejeras, a cuadros también blancos y negros, y un grueso suéter de color azul marino. Sabía de sobra que estas tres cosas juntas no combinaban en absoluto, pero siempre era mejor que morir congelado.
Maldecí haberme puesto las zapatillas más llenas de agujeros que tenía en el mismo momento que puse un pie en la calle.
"También tendré que comprarme unos vaqueros que no estén rasgados por todos lados" - pensaba, mientras caminaba todo lo rápido que podía hacia el instituto.
La entrada del colegio estaba cubierta por una capa de fino hielo que posiblemente al final del día habría desaparecido. Alicia y sus amigas, entre las que no divisé a Amy, charlaban alegremente apoyadas en una de las columnas de la entrada. Me acerqué hacia donde estaban. Alicia me vió y corrió hacia mí. Yo le respondí con un beso en la mejilla.
- Buenos días - sonrió ella, al tiempo que me lo devolvía. - Tengo frío...
La abracé y ella se refugió en mi pecho. Nos mantuvimos así unos instantes. A mí todavía me tranquilizaba su presencia.
-¡Hola! - saludó una vocecilla detrás de mí. Me giré para ver a Amy, que acababa de llegar, con las mejillas sonrosadas por el frío y las manos escondidas en el interior de los bolsillos de una cazadora azul demasiado grande para ella que no parecía abrigar en absoluto. Su forma de mirarme, tímida pero seria, me hizo gracia, y me sorprendí a mi mismo contestándole con una sonrisa. Alicia reaccionó con una mezcla de sorpresa y felicidad, ya que no sabía nada de lo sucedido la noche anterior con Amy, pero se alegraba de que pudiera soportar al menos a una de sus amigas.
- Tengo que ir a clase - comenté. Alicia juntó sus labios con los míos en una cálida y a la vez gélida despedida.

El calor del interior del edificio chocó contra mí cuando entré, llenándome de una sensación reconfortante. Duró poco; la escena que presencié después me paralizó.
En mitad del pasillo, y como si del lugar más romántico e íntimo del mundo se tratase, Gerard sostenía entre sus brazos aun chica de pelo largo, castaño y desordenado. La besaba como si no hubiera un mañana, pero algo en sus movimientos estaba lleno de desprecio y frivolidad. No; estaba seguro de que no la amaba, y eso fue lo que se me clavó como un puñal en lo más profundo de mi corazón. Quise romper a llorar, olvidar lo que acababa de ver y echar a correr. Tuve el valor suficiente para apartar los ojos de esa escena y dar el paso que me hizo salir del trance, girar a la derecha y en la más honda de las tristezas sentarme en mi pupitre, cruzar los brazos y, seguro de que nadie me veía, dejé escapar un par de lágrimas que podían expresar lo que sentía mejor que cualquier palabra.

Posiblemente tendría los ojos llorosos cuando el profesor entró en la clase y me preguntó qué me pasaba. Como era obvio, mentí, diciendo que nada, y no levanté la cabeza de los apuntes en toda la mañana.

El timbre fué la señal para levantarme, cabizbajo y arrastrando los pies, y dirigirme al pasillo. Me dejé caer en un banco entre Alicia y Bob, y más gente a la que no presté atención.Leí la preocupación en los ojos de Alicia cuando se giró para mirarme, y adiviné que se preguntaba que me ocurría. Sin embargo, se mantuvo callada. Ella sabía de sobra cuando no podía serme de ayuda, y sin duda esta era una de esas veces. Me gustaba esa comunicación sin palabras entre nosotros, y sentía que la traicionaba reaccionando de esa manera, pero no podía evitarlo.

El fruto de mis preocupaciones se acercó a donde estábamos con paso decidido y una sonrisa cruzando su rostro de oreja a oreja. Tanto Bob como Alicia y bueno, el resto de gente, no dudaron en felicitarle por su "hazaña".

- Sí, ha estado muy bien, sí. - contestaba Gerard. Su voz parecía más alegre que nunca, pero a mi me sonó llena de cinismo.

- ¿Tu no te alegras, Frank? - preguntó la voz de Jamia detrás de mi, como salida de la nada.

Y entonces...creo que fue entonces cuando me volví loco.

Me levanté bruscamente. Mi puño, fuertemente cerrado, voló en dirección a la mejilla derecha de Gerard. El golpe, lleno de rabia y frustración, le tiró al suelo. Ignorando las alarmadas voces de nuestros amigos, esbocé una sonrisa malvada, y al mirar hacia abajo me topé con aquellos ojos verdes y desconcertados. Solo entonces me dí la vuelta y eché a andar rápidamente con las manos en los bolsillos, lleno de rabia, más seguro que nunca de que cada día que pasaba me conocía menos.

Un pequeño niño de primero se cruzó en mi camino y lo aparté de un codazo. Cuando se dispuso a replicar le lancé una mirada cargada de odio y salí al exterior. Me tumbé en el suelo y dejé que el frío me congelara, de nuevo. Era la única forma de no sentir nada.

Yuutsu & Sweetapocalyptic.

0 comentarios: